Edición Anterior: 24 de Mayo de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Hablan los jefes regional y distrital, una investigadora docente y una dirigente de Suteba
La escuela y la virtualidad en tiempos de pandemia
Hacer escuela sin el edificio escolar es uno de los grandes desafíos de este tiempo. Hablan y analizan a fondo el tema cuatro referentes: Mónica Wagner y Julio Benítez, jefes regional y distrital respectivamente; la investigadora Mónica Cohendoz y la dirigente gremial de Suteba, María Elisa Risé. Un debate necesario.
Claudia Rafael

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La pandemia puso entre paréntesis el hacer colectivo dentro de la escuela, el espacio compartido con otras y otros y toda una serie de rituales y rutinas que ya no son. Todo debió ser reemplazado de modo abrupto el 13 de marzo y con las herramientas a la mano en un tiempo extraño, diverso, que dejará marcas indelebles en chicos y grandes y de las que sólo el transcurso de la vida permitirá saldar de algún modo. Cuatro referentes del mundo de la educación, como son la jefa regional Mónica Wagner; el jefe distrital, Julio Benítez; la investigadora docente Mónica Cohendoz y la dirigente gremial María Elisa Risé, vuelcan su mirada sobre los amplios significados de enseñar en días de cuarentena. Hablan a partir de interrogantes que ahondan en las pérdidas, los desafíos para la llamada escuela tradicional, las evaluaciones y el rol de las y los docentes.

Desde el grupo de investigación "Enseñar desde el Covid19", dirigido por Cohendoz e integrado por docentes de distintas escuelas, cada miércoles debaten por videoconferencia sobre muchos de estos temas. Es en esa instancia que varios directivos coincidieron en que "no estábamos preparados para lo que vino, tuvimos que formarnos sobre la marcha, implicó un cambio en las rutinas de trabajo, organizar nuevas rutinas. Tuvimos siempre en claro el objetivo político de garantizar la continuidad pedagógica de todos y cada uno de los estudiantes". Y cada docente –reconstruye Cohendoz- tuvo que apelar a los dispositivos con los que contara. Desde su hogar "en aislamiento" cada uno "inscribió con enorme esfuerzo y perplejidad el proceso de continuidad pedagógica". Que incluye la contención ante la incertidumbre y los miedos, la asistencia desde las necesidades materiales y la tarea de educar a partir de una "reformulación, selección y replanteo de proyectos, programas y cronogramas" en la búsqueda de "no perder el vínculo pedagógico, el lazo fundamental para garantizar sus trayectorias escolares".

Urgencias

Mónica Wagner asume que hoy el desafío es el de "pensar nuevos modos de estar haciendo escuela. Con una urgencia tan inédita como la pandemia". Hay un diálogo permanente entre cada uno de los entrevistados aunque hayan respondido a los interrogantes por separado. Hay una continuidad de miradas y surgen los diferentes prismas de un mismo caleidoscopio en el ensamble de voces. La jefa regional planteó que "la escuela ha dejado de ser ese ámbito de encuentro. Cuando yo me pregunto qué cosas favorecen este repensar del modelo tradicional, señalo que nos cambiaron el escenario. Y el hecho de no tener ese punto de encuentro que es la escuela, que es el edificio, con sus rituales y sus rutinas y trasladar el trabajo a la casa y entrar con las actividades a cada uno de los hogares de nuestros niños interpeló nuestro oficio, nuestras formas de hacer. Ese es el desafío que hoy tenemos de pensar hacer escuela sin lo que constituyó el nodo tradicional que implicaba encontrarnos en un edificio determinado".

Pero Mónica Wagner también tiene en claro que el cambio de escenario implicó además modificación en las formas y en los mecanismos. Y se ensambla con el pensamiento de Julio Benítez que analiza que "esta configuración de espacio-tiempo deja de existir y la escuela puede pensarse como momentos, más que una continuidad de 4, 5 ó 6 horas compartiendo con un grupo de personas en un mismo espacio y en un tiempo regulado por una campana, un timbre o por el dispositivo que sea".

Aunque hay un aditamento fundamental sobre el que el jefe regional sobrevuela: la mediación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. "Acá ya es imposible mirar a los ojos a les otres o a las posturas corporales que pueden dar cuenta de cómo se está transitando ese aprendizaje respecto de un contenido, un procedimiento, una habilidad. Pero esa mediación se hace imposible de la forma en que se hace en la presencialidad. Ahora es atemporal y uno puede tomar esa mediación como oferta. Creo que muchas de estas cuestiones, en particular, esta posibilidad de ir hacia ese conocimiento y esa mediación que quiero y necesito no va a desaparecer. Hay cuestiones que se van a instalar y van a trascender la pandemia".

Vínculos

El punto en común aparece de la mano de la reinvención de la escuela. Y María Elisa Risé, dirigente de Suteba, habla de "recrear las formas de generar, conservar, cuidar el vínculo con les niñes y sus familias. Más allá de la continuidad pedagógica y el calendario escolar, aparecen nuevas necesidades de acompañamiento y comunicación". Y pone énfasis en que "lo que nace, sin duda, son muchos y nuevos interrogantes. Todes nos preguntamos cómo será la escuela a la que regresaremos cuando regresemos, cuando termine el aislamiento. Como serán las nuevas relaciones protocolizadas de los cuerpos. Cómo será la escuela a la que volvamos en un mundo bien distinto al que dejamos el 13 de marzo". Y habla de "una generación marcada por una experiencia inédita en relación a lo escolar". Y alude a esas enormes cuotas de sufrimiento para estudiantes y maestros. Pero identifica un aspecto que fue visibilizado ya en otros momentos cruciales y críticos de la historia argentina. "No es menor que la escuela, como en otras oportunidades, sigue erigiéndose como el ¿único? bastión de lo público que contra viento y marea seguirá produciendo lazo social, generando procesos de filiación social". Es decir, allí donde la soledad y la falta de estructuras resultan protagónicos, se erige la escuela como trazo vincular imprescindible.

La pandemia pone en discusión la vida misma, los lazos y los modos y deja en carne viva relatos vitales múltiples. Mónica Wagner vuelca que todo este proceso "nos obligó a repensarnos como profesionales y trabajadores de la educación". En un contexto en el que "cambiamos los educadores, las familias, los niños, las niñas, nuestros jóvenes. Ya nada es igual a como lo dejamos. Y va a haber necesariamente una modificación de lo que veníamos haciendo porque somos distintos, porque vamos a ser distintos. Porque nos estamos conformando subjetivamente desde otro lugar".

Espacios de encuentro

Porque hay una realidad ineludible. Y es que la cuarentena priva de ese espacio de encuentro. "Cuando uno atraviesa el umbral de una escuela sabe que va a encontrarse con otros que acompañan, colaboran, cooperan con el aprendizaje. No aprendemos solos. Aprendemos con otros. Y el espacio del aula es único. Los recursos tecnológicos con que contamos no lo suplantan". Pero "lo que trae la pandemia son construcciones, nuevas formas de estar presentes. Y es fundamental fortalecer el vínculo pedagógico con cada estudiante". Porque, a la vez, sostener los vínculos pedagógicos "les van a otorgar seguridad y van a hacer tolerable esta incertidumbre. Porque todos estamos atravesados por un momento inédito que en algunos casos genera miedo por la posibilidad de enfermarse, miedo por no saber cuándo culmina la cuarentena, miedo sobre cuándo vamos a volver a las escuelas. No es sólo algo que atraviesa a las familias o a nuestros alumnos. También nos atraviesa a nosotros como trabajadores de la educación. Cada uno de nosotros atraviesa esta pandemia con los recursos simbólicos y materiales que tiene y nadie está exento de las inseguridades y miedos que genera".

Entre los temores de chicos y grandes surge en estos tiempos también la incertidumbre sobre las evaluaciones. Mónica Cohendoz habla de los replanteos en torno de evaluaciones y aprendizajes. Por un lado, "qué podemos evaluar en este contexto" y por otro pone en el tapete la discusión sobre los aprendizajes basados en proyectos: "la necesidad de integrar conocimientos; no podemos solicitar una tarea por área y fragmentar conocimientos que en la vida cotidiana son complementarios". Y concluye que "no me atrevo a decretar la muerte de nada ya que siempre hay sustratos que pugnan por permanecer. Se me ocurre que deben morir los parciales tradicionales de transcripción de contenidos, pero no me atrevo".

Estos son tiempos en los que se está viviendo una historia que marcará las vidas de generaciones enteras. Con una particularidad que es la de conocer, al instante, lo que ocurre en los puntos más remotos del país y del mundo. Julio Benítez resalta que éste es un "tiempo de encuentro y desencuentro que pueden construir las familias. Seguramente se multiplican los momentos de estar juntos. Para bien o para mal". Y en ese "para bien" aparecen intercambios inusuales y ricos. Y en ese "para mal" aparecen las distancias que angustian pero también "dimensiones más drásticas". Como la violencia, el desempleo, la ausencia de alimento. Por eso, tal vez desde su veta de actor es que piensa en la imagen de este tiempo y plasma que "no puede haber un solo relato para capturar la pandemia. Son todos relatos parciales de una misma situación excepcional".


Mónica Wagner textual: "Salvarse con el otro"

"La pandemia trae algo que para mí es contracultural, contrahegemónico. Porque en una sociedad con tanto individualismo, aprendemos que tenemos que cuidarnos para cuidar a los otros. Y creo que es central entender que no es el sálvese quien pueda sino salvarse con el otro, construir un colectivo, construir unidad es contracorriente. Frente a tanto individualismo hoy prevalece lo colectivo y me parece que es un aprendizaje único para todos los que hoy atravesamos este momento. Son aprendizajes vitales que nos constituyen como parte de una sociedad en la que el valor individualismo se ve contrarrestado porque necesitamos de todos y todas para poder salir adelante y enfrentar la pandemia.

"Lo que desnudó la pandemia es que hay un colectivo docente que de alguna manera ha llegado a las casas, ha garantizado el plan de continuidad pedagógica y connota algo muy valioso. Esta presencia del docente en las casas, señalando que está interesado, que le importa lo que le sucede a su alumno, es muy valioso. También me parece que uno podrá llegar a decir que hacemos las cosas mal, que las podemos hacer mejor, seguramente hemos hecho cosas muy buenas en este tiempo y las vamos a seguir haciendo, pero hay que rescatar la intencionalidad política de la docencia de seguir persistiendo en el intento de enseñar. Esta obstinación de la docencia argentina de seguir educando, de seguir potenciando el encuentro con sus alumnos más allá del obstáculo que encierra la pandemia, más allá de las desigualdades existente desde lo material y lo simbólico con las que nos encontramos pero seguimos persistentemente queriendo hacer escuela de otro modo. Seguramente nos dirán que nos equivocamos. Pero no nos van a decir que nos detuvo el desconcierto, la incertidumbre que nos genera la pandemia y que en ese intento de persistir, seguro algo ha cambiado".


Mónica Cohendoz textual: "Una zapada"

"Hay experiencias ´escolares´ muy significativas en la vida de las y los jóvenes, como es el último año antes de recibirse. Todo el año implica prepararse: el uniforme, la fiesta, el viaje, etc. y hoy esto parece casi imposible. Otros rituales de encuentro que la escolaridad promueve como los actos, las reuniones para estudiar, los centros de estudiantes, asambleas estudiantiles, hoy se suspenden a causa del aislamiento preventivo.

"Para las y los docentes esta experiencia ha sido y es muy fuerte porque la hacemos desde nuestros hogares con lo que podemos. La imagen de una profesora de música enseñando desde su cocina con su colador y cuchara un ritmo, nos trae una metáfora que usamos en el equipo: esto es una ´zapada´, una construcción colectiva donde todes participan con la melodía que pueden y saben. Porque nuestres estudiantes necesitan saber que la escuela no está cerrada y vive en cada une. No sólo damos clase, también nos proponemos como hacedoras y hacedores de un horizonte posible de futuro para las futuras generaciones".


Julio Benítez textual: nacer y morir

"No creo que nada muera definitivamente como formato escuela pero sí pueden nacer nuevos usos de tiempo y espacio, nuevas formas de comunicación, nuevas manera de constituir un nosotros. Me parece que lo que nace es una conciencia de que nada tiene una eternidad comprada frente a la presencia de un virus que amenaza la salud de toda una población. Lo que se creía inamovible e imposible de pensar, hacer escuela sin escuela o hacer escuela sin edificio escolar, es posible. Para resolver una contingencia. Lo que no significa que sea posible para siempre. Porque hay un lenguaje corporal, de los gestos, emocional que se da entre las paredes de un aula, de una escuela, que la virtualidad no puede reemplazar. Y que son el andamiaje para poder aprender, un andamiaje sumamente importante para que el aprendizaje pueda ser posible.

"No nace nada nuevo sino que nace la conciencia de que en la contingencia podemos cambiar algunas formas establecidas, naturalizadas. Y la contingencia ha hecho nacer una mayor conciencia de la importancia de nuestro trabajo docente.

"Para todas las infancias, para todas las adolescencias, para todas las juventudes y para todas las adulteces no significa lo mismo este momento inédito en nuestra historia pero sí hay muchos aspectos que igualan las sensaciones frente a lo que están atravesando. La escuela también construye lazos de amistad, compañerismo, amorosidad, un nosotros particular. Y atraviesa a todos en igualdad de condiciones. También es cierto que circunstancias como el no acceso a la conectividad provoca desigualdades y por lo tanto angustias, desasosiegos, temores, descontento pero desde el sistema educativo se está trabajando muy fuertemente en llegar. Todo el sistema se abroqueló con el objetivo de que todos estén incluidos en este aprendizaje. Seguramente la diversidad es inabarcable y para las infancias vuelve a ser un nuevo impacto, desconocido y habrá que poder medir las consecuencias y eso, como todo, necesita de tiempo. El tiempo dirá cómo salimos todos de esto que nos tocó atravesar. Cuáles serán las marcas, las huellas y qué debe desaprenderse de lo que nos deje este momento histórico".


María Elisa Risé textual: El tiempo

"Es difícil hablar de tiempo perdido… El tiempo, algo tan inmaterial. Creo que hay una lógica muy utilitaria profundamente instalada en las sociedades contemporáneas respecto de cómo transitamos, qué hacemos o dejamos de hacer con el tiempo o en el tiempo.

"Carlos Skliar habla de un tiempo con lógica de las finalidades, propia del mercado, y por lo tanto de la productividad en el capitalismo. Nos invita a devolver infancia a nuestras niñeces. No sé si es deseable preocuparnos por el tiempo supuestamente ´perdido´ en términos de escolarización, sino más bien ocuparnos de cómo transitan nuestros chicos y chicas este tiempo de excepcionalidad.

"Esta escolaridad en pandemia importa un tiempo distinto para la vida de chicos y chicas, que es a la vez ordenador de lo cotidiano y necesita ser cargado de sentido desde la escuela. Qué propuestas vamos a hacerles en este tiempo y cómo, sigue siendo esencial tarea de maestros.

"Todos haciendo, pensando, conmovedoramente movilizados, renegando, aprendiendo algunes, adaptándose, con sus propios tiempos alterados, pero mayoritariamente concientes de su imprescindibilidad. Todos y todas sabemos que no hay, no habrá nada que sustituya la experiencia pedagógica del encuentro de los cuerpos y las miradas, de las voces y las risas y los llantos, de las rondas, los dibujos y los cuentos. Mucho tenemos los maestros y maestras de este tiempo, para conversar con nuestros pibes qué queremos hacer con este mundo y con nuestras vidas en este mundo".

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