Edición Anterior: 1 de Junio de 2020
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María, madre de la Iglesia
Horacio Robirosa (*)

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El papa Francisco considerando atentamente que la promoción de la devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año. Esta celebración se ha propuesto para recordar que el crecimiento de la vida cristiana debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por mandato de su Hijo, María se convirtió, a los pies de la cruz, en madre de los discípulos en la persona de Juan (Jn, 19,25 – 28). El sentido común de los fieles percibe temprano esa verdad. María es nuestra madre precisamente porque es madre de Cristo, es decir, es la maternidad divina que es la base de la maternidad espiritual de María. San Agustín declara que, si María es madre de la cabeza, es también madre de los miembros. Es, por lo tanto, madre del "Cristo total". "Es verdaderamente madre de los miembros (de Cristo) … por haber cooperado con su amor a que naciesen en la iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza". (LG 53).

"La bienaventurada Virgen, por el don y el oficio de la maternidad divina, con que está unida al Hijo Redentor y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia". (LG 63).

El papa Pablo VI pronunció el título en la clausura de la tercera fase del Concilio.Del mismo modo que su antiguo predecesor, usó su mismo lenguaje, llamando a María "Modelo de la Iglesia" en atención a su fe, amor y plena unión con Cristo, su Hijo; y "Madre de la Iglesia" por el hecho de dar a luz a Cristo, Cabeza del Cuerpo místico, que conforma su Iglesia.

San Juan Pablo II decía: "Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la Cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una «nueva» continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan. De este modo, la que como «llena de gracia» ha sido introducida en el misterio de Cristo para ser su Madre, es decir, la Santa Madre de Dios, por medio de la Iglesia permanece en aquel misterio como «la mujer» indicada por el libro del Génesis (3, 15) al comienzo y por el Apocalipsis (12, 1) al final de la historia de la salvación".

El Papa Benedicto XVI dirige su atención a la relación existente entre la mariología católica y la eclesiología: "A primera vista, dice él, puede parecer accidental que el Concilio tratara la mariología dentro de la eclesiología. La Iglesia es como María. La Iglesia es virgen y madre, es inmaculada y lleva el peso de la historia. Ella sufre y es asunta a los cielos. Poco a poco va aprendiendo que María es su espejo, que en ella encuentra su personificación. María, por su parte, no es un ser aislado que se quede en sí misma. Ella va llevando el misterio de la Iglesia".

María, dentro de aquella Iglesia primitiva luego de la Ascensión y esperando Pentecostés, seguía las acciones de los apóstoles, a los que decía lo que el Evangelio de Juan, con mucha intención, pone en sus labios como dirigido a los criados de la boda: "Hagan todo lo que Jesús les diga", cumplan todo lo que Él les enseñó. Y esas mismas palabras las pronuncia a toda la Iglesia, naciente y de todos los tiempos.

(*) Voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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