Edición Anterior: 7 de Junio de 2020
Edición impresa // La Ciudad
ESCENARIO POLITICO. La salida de la pandemia y un Estado que no sacrifica nada. ¿Qué puede pasar cuando pase el temblor?
Las desventuras de una clase media postergada, el culebrón del poder, y una lista en pueblo chico
La clase media, el trabajo privado y la libertad no cotizan en Argentina. El endeudamiento y la nueva desigualdad. ¿Quien pagará la emisión y de dónde saldran los fondos para salvar esa brecha social?.¿De los sectores medios?. El Estado vive fuera de la pandemia y sigue pagando premios por productividad. Los políticos, sin sacrificios. El testeo que se hizo público y el contexto especial.
Cacho Fernández

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El nivel de compresión que adquirió la política en tiempos de pandemia permite objetivar mejor el grotesco que sin la peste no se podría ver.

La conferencia de prensa que dieron los tres máximos jefes de Estado en la que anunciaron la prolongación de la cuarentena y los cambios de estilo, esas porcioncitas de libertad que se animaron a dar, revelaron las extrañas relaciones existentes entre estos tres mosqueteros.

El televidente presenció allí un verdadero culebrón. La exposición del Presidente fue completamente sobria y precisa. Como si hubiese respondido a una máxima de San Martín. Alberto estaba como relajado, como si se hubiese sacado algo pesado de encima. Indudablemente venía de rumiar su propuesta de una salida del aislamiento y pasar a un distanciamiento también preventivo y obligatorio, pero responsable, que contenía un soplo de libertad individual.

El Presidente parece ser una persona amante de la libertad, un valor no muy amado en la Argentina salvo algunos períodos presidenciales dignos de destacar.

La libertad como el emprendurismo son valores que no cotizan en este país en donde se valoriza mucho más la mano dura del poder, la autocracia, el regenteo estatal y el clientelismo.

Por suerte, Argentina ha logrado preservar una clase media que sabe decir "basta" a las autocracias y a los mesianismos asfixiantes. No en vano los gobiernos que se valen de la fragilidad institucional y del clientelismo han despreciado tanto a la clase media o a los sectores que viven de su trabajo y de sus ingresos fijos.

La clase media fue y es el factor transformador de la historia. Así lo piensa un neomarxista (¿!) como Paul Sweezy quien ve en este sector al actor principal del cambio histórico. Lo asombroso no es que lo dice un liberal ni un capitalista sino un marxista con el pensamiento aggiornado.

Efectivamente, las grandes revoluciones del mundo las condujeron los sectores medios lo que configura una verdadera refutación a la idea marxista de que el gran transformador sería el proletariado simplemente porque era el explotado y además universal.

Pero en Argentina, los sectores medios siempre fueron los patos de la boda. Pagaron la fiesta, todos los costos y no recibieron ningún beneficio. Pero son los que marcaron el rumbo de la historia nacional.

La clase media...explotada

Y, como después de esta pandemia hay otra que ya está acechando, la económica, el costo también lo acabará pagando la clase media.

El economista francés Thomas Picketty, un especialista en el tema "desigualdad", habla precisamente de eso e infiere que la pandemia dejará países sobreendeudados. El nuestro tiene ese destino por la emisión descontrolada pero es que no parece tener otra salida. Ahora, la Provincia les ha prometido a los municipios que los va a ayudar para el pago del medio aguinaldo y simultáneamente la Nación se ha comprometido a algo similar con las provincias. Claro está que la decisión política partió del Presidente porque es el único que tiene la llave para poner en marcha la maquinita.

Si bien no hay otra salida que ésta, también tiene sus consecuencias. Porque, ¿qué sector social puede contribuir a achicar esa desigualdad social de la que habla el economista?. El economista dice que serán los más ricos y a través de un impuesto o un incremento del gravamen que pesa sobre la riqueza, pero ¿y en Argentina quien va a pagar? He aquí el dilema, diría Hamlet.

La estructura tributaria del primer mundo permitiría esa salida racional e igualitaria que propone Picketty, pero en la Argentina, la que terminará aguantando la crisis y un atisbo de solución será indudablemente la clase media, simplemente porque todo el sistema tributario argentino o gran parte descansa sobre ese sector.

Seguramente, el poder político que sea, y de cualquier color, incrementará el IVA, el impuesto al cheque, inmobiliarios, patentes y todo lo que se les ocurra. Es decir, nuevamente el sector medio será quien sostenga este régimen económico y político que rige en el país desde hace tanto tiempo.

Todos los argentinos han ido viendo claramente que el Estado, los políticos y judiciales no han hecho ningún sacrificio y que todo el peso de la pandemia recayó sobre el sector privado con recortes de sueldos para los trabajadores e infinidad de pymes al borde de la quiebra.

Pero, como si todo esto fuera poco, el Estado ¡ha continuado pagando un premio por productividad a los funcionarios y empleados de los organismos tributarios!!!, y el sector político continúa percibiendo sus dietas ¡ y sin esbozar el más mínimo gesto de grandeza de recortar sus haberes!!!. Amagan, sí, pero se quedan solo en ese gesto y siguen viviendo como si aquí no pasara nada.

Entonces, el país está haciendo todo lo posible por destruir al sector medio, que es lo único que lo diferencia positivamente del resto de Latrinoamérica y que le ha dado el rasgo distintivo en una parte del mundo en el que prevalece la pobreza y la postergación.

Roles diferentes

Los gobiernos surgidos del voto de la clase media también engrosaron la lista de aquellos que la castigaron. Basta ver la experiencia de la Alianza o del macrismo para ver esta paradoja. Alberto Fernández tuvo la oportunidad de vindicarlos pero empezó mal cuando defaulteó a los jubilados con haberes superiores a 20 mil pesos de lo que les correspondía por movilidad jubilatoria.

Con un fuerte toque de fina crueldad, Borges llegó a decir que a un escritor (no de los grandes pero que trascendió como uno de ellos por haber sido fusilado por Francisco Franco) le había venido bien la muerte. Del mismo modo y por ahí con la misma crueldad, que a Alberto Fernández le sentó bien este contexto.

Le permitió emitir a mansalva porque el mundo estaba haciendo lo mismo, y lo ayudó a redimirse de la injusticia a la que había sometido a los jubilados (el sector más vulnerable) por no haber respetado la ley de movilidad jubilatoria y haberlos suplantados por dudosos y abusivos DNU.

Al Presidente, la pandemia le dio la oportunidad de una redención, pero también le puso al alcance de su mano la posibilidad de despegar políticamente de la Vicepresidenta que, al no poder pelearse con un enemigo invisible, optó por aislarse hasta la desaparición en su departamento de Recoleta, aún de los sectores del Conurbano que más la votaron. En tanto también Macri se hacía microscópico hasta desaparecer.

El aislamiento obligatorio le vino como anillo al dedo para borrarse definitivamente de un escenario conflictivo muy complejo y que no le permitía extraer algún rédito político para luego exhibirlo frente a su grey.

Entonces, la pandemia impensadamente le trajo beneficios a ambos. Hoy Alberto es una persona que cobra sus ganancias políticas por la ventanilla de la peste mientras baraja su reelección y múltiples posibilidades de fórmula. Y su compañera puede guardar cama sin costo alguno.

Pueblo chico...

Oficialmente se alertó sobre una lista de testeados por coronavirus que se habría filtrado, con los resultados individuales de positivos, descartados y demás. Dicha nómina, como era de esperar, se viralizó rápidamente pese a que no reviste ninguna importancia para quienes no tuvieron un contacto o acercamiento con los testeados. Pero aún así, quienes pasaron por eso, ya lo saben y seguramente están más informados que cualquier otro.

El Municipio seguramente estará buscando por donde se filtró y quien o quienes ayudaron a hacerlo, pero en este caso, el trabajo no parece tan complicado: solo bastaría imitar el método utilizado por algún detective fílmico y preguntarse "¿quienes se podrían beneficiar con la viralización de la lista?" para encontrar o acercarse a los presuntos responsables.

La difusión de la lista o la negligencia aparejada, estaría infrigiendo la ley 25326 que dice, entre otras cosas, que el objeto es "la protección integral de los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, sean éstos públicos, o privados destinados a dar informes, para garantizar el derecho al honor y a la intimidad de las personas".

El mismo Intendente Galli (quien figura con Jorge Macri y Gustavo Posse como posibles compañeros para una fórmula provincial) advirtió días atrás que no daba nombres para que no se corriese ese riesgo de "estigmatizar", dijo, lo cual es cierto pero con algún atenuante. Es que la nómina cobró una cierta relevancia por el contexto. En una ciudad como la CABA el tema pasaría inadvertido, pero en una ciudad como Olavarría se transforma en la comidilla diaria de muchos, al menos los conocidos. Más aún, no debería estigmatizar a nadie por padecer una ignota enfermedad de origen oriental. ¿A quien le puede importar eso más que como como chisme berreta?. Pero, como dice el refrán, "pueblo chico, infierno grande". Y esto es lo que le da una dimensión desproporcionada al resto de las variables.


Demasiadas emociones

Las pestes tienen algunas cosas. Están los Cottard y los Rieux, como en la novela de Camus. Los que se aislan hasta la pasividad para salvarse y los que la pelean porque no tienen otra alternativa que hacerlo.

Alberto Fernández, un político que supo codearse siempre con el poder, se encontro de pronto con el trono y una pandemia. Pero, si bien no puede dedicarse a la humilde tarea de curar como el doctor Rieux, sí le puso el cuerpo y se puso a luchar con todo, menos con la economía que al final de cuentas fue lo que le suscitaba algo de terror. En su última aparición se lo notó más distendido. El enemigo de alguna manera lo exculpaba de todo. Repartió juego con un equipo de infectólogos y distribuyó responsabilidades.

Cristina le cedió ese trono pero le mandó a sus delfines para preparar su retorno. Sergio Massa también ocupaba a los suyos tratando de sacar partido de la fragilidad presidencial y de la confusión general, y, sin importarle el gasto del Estado, se reparte con La Cámpora los lugares clave de la administración pública. Si no, miremos el caso de Tigre en donde lo dejaron a su enemigo, Zamora, sin conchavo para sus seguidores.

Un filósofo y teólogo explicaba que las relaciones con los dioses suelen replicar las humanas. Así interpretaba que el vínculo del pueblo hebreo con Yahveh era casi conyugal, con peleas y reconciliaciones permanentes. encuentros y desencuentros, gratificaciones y decepciones..., en fin, como las tiene cualquier matrimonio o pareja.

En la política suele pasar algo parecido y las relaciones son a veces demasiado emocionales, como en la vida y también reproducen los odios, amores, celos, sensaciones de abandono y postergación, destratos y maltratos y cosas parecidas. Ni más ni menos que las que se podría tener en la vida cotidiana.

En la última conferencia de prensa, los argentinos presenciaron un nuevo episodio del culebrón. El Gobernador cerró el capítulo pero volvió a cometer errores. Evidenció sus celos enfermizos y su inseguridad, y se dedicó a descalificar a su rival. Comparó frenéticamente la realidad del Gran Buenos Aires con la de Capital para justificar sus propios numeros. A Kiciloff, que explica demasiado las cosas "como para que se entiendan", ironizaba Eliseo Verón, le molesta la relación del Presidente con el jefe de la CABA. No la puede digerir, termina aburriendo y confundiendo. Y lo peor es que todo esto se ha hecho muy visible.

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