Edición Anterior: 7 de Junio de 2020
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Funciona con éxito en la cárcel de Batán y en otros penales bonaerenses
Adiós a los "buzones" para dar paso a la justicia restaurativa en la Unidad Penal Nº 2
Se trata de un sistema impulsado por la Asociación Pensamiento Penal. Apoyado por el Servicio Penitenciario se implementó, como prueba piloto, en la unidad 15 de Batán. Su éxito permitió llevarlo a otras cárceles bonaerenses. Su impulsor, el juez Mario Juliano, contó que en los próximos días se pondrá en marcha en la Unidad 2 de Sierra Chica. Se reemplaza al disciplinamiento en buzones de encierro por una suerte de justicia restaurativa.
Claudia Rafael

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El sobrehacinamiento, el déficit de infraestructura y el encierro mismo generan una conflictividad muros adentro de las cárceles que deriva en sistemáticos castigos disciplinarios de la mano de los llamados "buzones" (calabozos cerrados de castigo sin más comunicación con el exterior que una ranura). Y una mancha más en el legajo que incidirá a la hora de acceder a una morigeración en la pena. En septiembre se puso en marcha un nuevo mecanismo bajo los preceptos de la justicia restaurativa y en beneficio de la comunidad. Arrancó en la unidad 15 de Batán y se fue diseminando por otras cárceles como las 8 y 9 de La Plata, la 4 de Villa Floresta (Bahía Blanca); la 21, de Campana; 47, de San Martín. Y, en breve, la 37 de Barker y, en los próximos días, la 2 de Sierra Chica. Mario Juliano, juez del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Necochea, impulsor del sistema, contó en detalle de qué se trata y a qué se apunta a EL POPULAR. Todo esto genera una notoria disminución de los niveles de conflictividad que se está traduciendo en las estadísticas.

-¿De qué se trata este nuevo sistema de gestión de la conflictividad?

-La idea es gestionarlo por fuera del sistema disciplinario sancionatorio y, ante una falta o una pelea, se puede gestionar bajo reglas de justicia restaurativa. Cuando se verifica que ocurrió, se le ofrece a los presuntos infractores si quieren ingresar al protocolo o prefieren seguir por la vía tradicional y ortodoxa del sistema disciplinario. Hoy todos ingresan al protocolo. Durante el término de 90 días no tienen que cometer una nueva falta y tienen que realizar alguna actividad reparatoria. El pedido de disculpas, arreglar lo que rompió, hacer alguna tarea en beneficio de la comunidad… algo parecido a la suspensión del juicio a prueba (probation). Y si durante 90 días la persona cumple con todas estas cosas a las que se comprometió, desaparece y se extingue la acción disciplinaria y no le queda registro en el legajo personal, lo que tiene una incidencia muy grande a futuro cuando la persona quiere acceder a alguno de los beneficios. Esto comenzó a funcionar en Batán en septiembre y a tal punto con éxito que hoy en Batán no hay ninguna persona sancionada disciplinariamente.

-¿Cómo comenzó la implementación?

-Fue en septiembre del año pasado. La dinámica del comité, que es el encargado de gestionar todo el tema de la conflictividad y de tomar medidas de prevención, ha ido llevando a otros aspectos de la vida cotidiana en los establecimientos penitenciarios para hacer mejoras. Se empezó a tratar de facilitar a las visitas que, más allá de que hoy no hay por la cuarentena, van todo el tiempo con los bultos, los paquetes, para llevarles cosas. Generar mejoras para que no queden expuestos a la intemperie, que sea un trámite sencillo, reparar los baños públicos y que los familiares que llegan tengan un lugar digno. También revisar los temas de la cocina, cómo mejorarlas, promover actividades culturales, laborales, todo lo que puede ser la promoción de la comunidad. Pero todo esto gestionado en forma comunitaria por las propias personas en la vida de esa comunidad.

-Es decir que las mismas personas privadas de libertad son quienes están haciendo estas mejoras…

-La comunidad penitenciaria, todos trabajando en conjunto. Personal penitenciario, personas privadas de libertad, el cura, psicólogas, la gente de la escuela, del poder judicial. Todos los que estamos involucrados dentro de la vida en las cárceles lo estamos llevando adelante juntos. Esto ha funcionado tan bien, que al actual jefe del Servicio, Xavier Areses, le gustó la idea y estamos viendo de llevarlo de acá a fin de julio a todas las unidades del servicio. Entre otras, en la 2. Ya estuve en contacto con Cristian Pastorino, el director de la 2, y estamos en las gestiones para ponerlo en funcionamiento allá. Todo esto ha sido facilitado y posibilitado por la regularización de la telefonía celular dentro de los establecimientos y el acceso a internet que nos permite conexión y reuniones. Es de lo más trascendente que ha ocurrido en la vida penitenciaria por lo menos en los últimos 10 ó 15 años.

-¿Por qué?

-Implica un cambio en la concepción política del gobierno penitenciario. Donde ya no hay una autoridad vertical. Por supuesto que las cárceles son gobernadas por el Estado pero esto no quiere decir que la autoridad tenga que ser ejercida de modo autoritario sino que se trata de construir todo en base al consenso, la búsqueda de coincidencias donde lejos de debilitarse, la autoridad se fortalece.

-¿Cómo se fue amasando este nuevo camino?

-Arranca como un modo para poder resolver el problema del confinamiento, del aislamiento. Las personas sancionadas metidas en buzones, algo terrible y espantoso. El propósito original fue el de redimensionar el sistema disciplinario. No puede ser tanta irracionalidad. Que le encontraran a alguien con un teléfono celular y terminara diez días en un calabozo sin ver la luz del sol. Así nació. Y después, fue muy decisivo el respaldo de Xavier Areses que se convenció de esto y dio todo el respaldo político institucional. Desde Pensamiento Penal lo fuimos promoviendo. En Batán tiene cosas muy interesante. Porque más allá de los problemas estructurales, edilicios, de sobrepoblación, tiene muchos emprendimientos autogestionarios, actividades gestionadas por las propias personas privadas de libertad, como talleres donde elaboran y fabrican productos que son colocados en el comercio y les permiten ganarse la vida y darle sustento a los familiares. Ya en Batán venimos con una actividad muy interesante y todo esto la viene a sintetizar.

-Cuénteme experiencias concretas…

-Sobre todo se ve en los conflictos individuales. Hasta marzo, el 85 por ciento de la conflictiva era la tenencia clandestina de telefonía celular. En marzo se produce la legalización de esa tenencia entonces hoy se interviene en los conflictos individuales que básicamente son las agresiones, las riñas, la falta de respeto al personal penitenciario, la tenencia de sustancias estupefacientes. En Batán hay muy poca tenencia de elementos punzocortantes, de facas, muy esporádico. Y allí tuvimos desde los actos de pedidos de disculpas del agresor al agredido a personas que voluntariamente propusieron como medidas de reparación, cultivar en las quintas productos para destinar a comedores de los barrios periféricos a Batán. El comité interviene todo el tiempo. Cuando hay problemas colectivos, normalmente las quejas están orientadas hacia las requisas. Sobre todo, las requisas a familiares y los productos que traen. Les rompen las cosas, padecen horas de espera. Que es lo que estamos ahora intentando resolver. Pero, en particular, con el tema de la mercadería, se va a poner en funcionamiento un almacén social gestionado por las propias personas privadas de la libertad. Es decir, dentro de Batán va a haber un almacén donde los familiares van a poder transferir dinero a cuenta de fulanito de tal o hacer compras por medios electrónicos para que las personas puedan acceder a productos que el Estado no les provee. Un yogur, frutas, un chocolate…

-¿Cómo es la gestión?

-Hay un comité presidido por un funcionario penitenciario, Adrián Escudero, abogado y penitenciario; dos o tres penitenciarios, tres o cuatro personas privadas de libertad, el cura, la directora de la escuela, dos psicólogas y yo estoy por el Poder Judicial. Este comité se reúne todos los meses. Deliberamos sobre lo que el cuerpo ejecutivo hizo en el mes y cómo se gestionaron los conflictos, hacemos propuestas, buscamos soluciones. Charlamos de cosas cotidianas. Normalmente invitamos a algún funcionario penitenciario. En la última reunión tuvimos al jefe de visitas y para la próxima tenemos invitado al jefe del servicio sanitario.

-En caso de llevarlo a la unidad 2, ¿cuál es el procedimiento?

-Seguramente la semana próxima haya una reunión preparatoria entre las personas involucradas y luego se hace un acto constitutivo formal. La idea es que sean herramientas permanentes libradas al humor del tener o no ganas de reunirse.

-¿Cómo se eligen los representantes de las personas privadas de libertad?

-Entre ellos mismos. La idea es que no sea algo asambleario porque dificulta el funcionamiento de un organismo colegiado. En Batán participan normalmente entre 4 y 5 personas. Cambian. A veces vienen de un pabellón o de otro. Y además el comité recorre el penal todo el tiempo. Se han puesto carteleras en los pabellones para que la actividad se conozca. El comité creó un gabinete especializado para tratar los temas de violencia, adicción, que se hace con el propio personal especializado del establecimiento pero también con voluntariado. Personas de la sociedad que colaboran en las unidades y pueden dar un apoyo especializado para abordar determinados conflictos. Y también forma parte de las tareas que se imponen a los infractores. Por ejemplo: concurrir a 6 sesiones del gabinete, que se reúne todas las semanas…

-¿Cómo se actúa concretamente a la hora de aplicar este nuevo sistema?

-El sometimiento al protocolo es voluntario. Alguien que dice: "no hice nada y quiero continuar con el trámite disciplinario tradicional". O bien dice que voluntariamente se somete al protocolo. Si se somete y cumple con no cometer ninguna falta dentro de los 90 días, hace lo que tenga que hacer o se le plantea al propio infractor que diga de qué modo va a reparar lo hecho como parte del proceso de responsabilización. Si todo esto se cumple, no queda registro alguno en el legajo. Cuando el gabinente tenga que dictaminar se va a encontrar con un legajo que no tenga sanciones. Y esto los coloca en muchísima mejor posición que cuando tenían 20 sanciones.

-Hay, por fuera de los conflictos interpersonales, faltantes de medicamentos y de médicos. ¿Pueden intervenir?

-Lo tratamos en la última reunión, la última semana de mayo. Hay cuestiones que nos exceden pero igualmente quedamos en hacer gestiones. El sistema sanitario tiene que entender que si no le podemos dar atención dentro del establecimiento, esa persona va a rebotar en el hospital interzonal o en el municipal. Entonces hay que ver de qué modo gestionar que se provean de insumos de los que actual y normalmente se carece. Pero al margen de eso, que por ahí nos excede, estamos trabajando y por eso citamos al director de sanidad para la próxima reunión. Porque hay que tener en claro el tema de los horarios. Que en cada pabellón figure que tal día un traumatólogo va a estar; el psicólogo tal otro día… y que los horarios se cumplan. Porque lo habitual es que se va a requerir el servicio y el profesional no está, no vino o no lo quiere atender. Estas cosas sí las podemos mejorar.

-Históricamente los buzones incidieron en la generación de mayor violencia. ¿Cómo incide este nuevo programa?

-Patear una reja, el secuestro de un teléfono celular, no contestar debidamente a un personal penitenciario, eran los motivos usuales para terminar en un buzón. Incuestionablemente generaban un gran rencor y bronca en la persona, contribuyendo a todo este clima de inestabilidad, violencia solapada dentro de las cárceles. La posibilidad de aislar estas formas bárbaras de castigo contribuye decididamente a la pacificación. Y lo estamos viendo en los datos estadístico. De qué modo disminuyen las causas disciplinarias en la medida en que se promueve el diálogo, acuerdos conciliatorios, ir al fondo del problema para tratar de solucionarlo, que a veces son tonterías. Y también comprendernos más, que somos seres humanos, que no todos, ni penitenciarios ni personas privadas de libertad estamos todo el tiempo con el mismo humor, afuera y adentro. Pero impacta en la estadística de los conflictos. De qué modo cuando se aplica el diálogo y la justicia restaurativa disminuye verticalmente el nivel de la conflictividad.

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