Edición Anterior: 5 de Julio de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Liliana González, especialista en educación, explica cómo transformar el CODIV-19 en oportunidad
"Hay que cambiar cabezas: antes de la pandemia le llamábamos normalidad al fracaso"
"Los grandes héroes son los chicos", plantea con tonada cordobesa y pide no volver a la escuela que era. Habla de aulas menos aburridas y más desafiantes. Con docentes convocantes y alumnos que trasciendan las ecuaciones y el sujeto tácito. Que lo emocional sea un valor agregado y el conocimiento un derecho adquirido. Allí donde la diferencia no reste y soñar con otros mundos posibles sea un hecho cotidiano.
Karina Gastón

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Siente que la escuela nació para esperar, que las políticas llegan siempre tarde, que los docentes deberían tener mejor formación, con sueldos y prestigio social acordes. Que las aulas deberían ser menos aburridas y más desafiantes, con alumnos que trasciendan la raíz cuadrada o el sujeto y predicado. Que haya un verdadero recreo de las emociones y los saberes. Por eso cree, espera, que la pandemia sea una gran oportunidad y al mismo tiempo duda. "Somos tozudos y necios" y "nos cuesta aprender lecciones históricas fuertes", asume Liliana González al poner como ejemplos el Holocausto y la última dictadura argentina. Sí está convencida de que, en medio de esta crisis planetaria, "los grandes héroes son los chicos".

En una entrevista exclusiva con EL POPULAR, la escritora, psicopedagoga y conferencista habla desde su casa en Córdoba, esa que resignificó gracias al covid. No es la primera vez que conecta con Olavarría, ya lo hizo en 2018 cuando cautivó con provocativas "recetas" y dejó enseñanzas. Promete volver algún día y de inmediato la charla fluye, en un decir que deja pensando.

-¿Qué aprendizajes deja esta pandemia?

Aprende el que quiere. A mucha gente le va a dejar lecciones fuertísimas y otros volverán a lo anterior, como si nada. A nivel escuela va a haber cambios pero hay que tener en claro los errores del antes. Seguir teniendo a los chicos sentados en fila, solo recibiendo contenidos..., repetir ese error sería terrible como sería terrible volver a dar contenidos supuestamente porque han perdido el tiempo y olvidarse de lo emocional.

-¿Por qué a la escuela le cuesta tanto pensar lo emocional?

No estamos preparados. Hay aulas muy numerosas, docentes muy demandados, poco tiempo. El docente tampoco cuida su aspecto emocional. Ni hablemos del sueldo y tener psicólogo que ayude a no poner lo personal en el aula. Hace rato que el bienestar docente está lejos cuando es una función que no se puede dar desde el malestar porque la directora que no te gusta, no estás bien con colegas o te tocó un grupo difícil. A veces nos falta tiempo y la cabeza se llena de preguntas: qué le pasa que se duerme en clase, o se la pasa pegando, o tiene los ojos tan tristes. Atrás de cada chico hay una historia. ¿Cuándo la escucho, en el recreo, en qué momento? A la vuelta habrá que olvidarse de los contenidos un tiempito y darles despacho emocional. Sentarse en redondo, hablar de cómo lo vivieron, qué aprendieron, extrañaron, qué hicieron con mamá y papá. Empezar a sacar la maleza del campo para sembrar de nuevo.

Poder elegir

-¿Se transitará hacia un sistema mixto entre lo virtual y presencial?

Seguro. Los docentes que usaban tecnología ya sabían de sus beneficios y los resistentes tuvieron que aprenderlas en tiempo récord. Entonces, ¿para qué insistir con la clase expositiva, aburrida en lo presencial? Cuando haya encuentros 3 días a la semana, aprovechar a sentarlos en grupos, hacer investigaciones colaborativas y proyectos donde el aprender con otros sea posible.

-¿Cuál es el freno? ¿Tiene que ver con la formación docente, con una cuestión cultural? ¿Cuál sería la llave?

Cuesta porque siento que la escuela nació para esperar. Ya está armada y funciona más o menos, ocupémonos de otras cosas. Las políticas llegan siempre tarde o como moda imprevista, como fue la ESI, sin docentes capacitados. Creo que falta capacidad docente y otra organización de la escuela. A la escuela hay que renovarla. Hablan de las hiperaulas, de una escuela donde los chicos vayan a un laboratorio, a hacer ciencia, a la biblioteca, a hacer experimentos, teatro, plástica.

-Con chicos que tengan protagonismo.

Sí, que puedan elegir aunque no todo. En la vida hay cosas que se hacen por obligación. ¡Pero qué bueno estaría que hubiera momentos de elección! Siempre pienso en los maestros rurales que tienen un poligrado y producen el milagro de enseñar. Hay que cambiar cabezas ante la pandemia en esto de volver a una nueva normalidad. Antes le llamábamos normal al fracaso. Decíamos está todo normal y el 50% de los chicos no terminaba el secundario o sí pero sin lectura comprensiva y le escapaba a la universidad. ¿Volver a esa normalidad, de contaminar el planeta, del bullying…? No.

-Ahí el rol del docente vuelve a plantearse como central.

Totalmente y sueño con un sistema educativo donde los docentes sean altamente prestigiados como en Finlandia, donde solo entran los mejores promedios del secundario. Allá es un título universitario, son doctores en educación, con sueldos acordes y prestigio social acorde. Acá mucha gente se anota en magisterio sin vocación porque es corta, parece fácil, tiene rápida salida laboral. Y parate hoy en un aula con el sueldito del docente sin vocación... ¿cómo aguantás?

-En la virtualidad también sucede y el docente con compromiso también ahí marca la diferencia.

Sí. Hay tanto para cambiar y esta pandemia nos ha dado tiempo. No sé si a los docentes que han estado desbordados, trabajando el triple. No entiendo cómo hubo padres que pedían que no hubiera vacaciones de invierno para que los chicos no perdieran el tiempo. Hablan de perder el tiempo como si no se dieran cuenta de que estamos atravesando una tragedia humana. Es inédito lo que está pasando y lo que va a quedar. Pretender que los chicos hagan la misma vida como cuando estaba la escuela real es una locura. Haberlos llenado de tareas, haber colapsado a los padres en las casas, que están con teletrabajo los que tienen la suerte; otros lo han perdido o tienen esa amenaza; con angustias económicas o al cuidado de sus padres…

-¿Y cuál hubiera sido el camino?

No había otra y la virtualidad permite que cada tanto el niño escuche y vea a su maestra en vivo y directo pero es un artificio difícil de sostener. Es inédito que en una escena de la casa se junte lo laboral, lo doméstico y lo escolar. La escuela nació para que los chicos aprendan lo que sucede fuera de casa no adentro y ahí se juntó todo.

-Pero eso, puede ser un valor agregado, una oportunidad. Hubo que resignificar vínculos.

Totalmente. Hay padres que me han dicho "creía a que era vago y tenía razón usted. Veo que le cuesta la matemática". Se dieron cuenta porque tuvieron que hacer la tarea con ellos. Otros dicen "por fin me di cuenta de lo que es disfrutar de mis hijos. Trabajaba 12 horas". Y otros dirán "los estoy soportando".

Diferencias que diferencian

-La enseñanza virtual fue necesaria, inevitable, pero ¿no pone en situación de mayor desventaja a quienes están en absoluta vulnerabilidad? ¿No se profundizan las diferencias? ¿Cómo se recompone eso en el después?

Sí. Todos sabíamos que no todos los chicos tenían wifi. Puso en evidencia las diferencias económicas y digitales de cada familia. No es lo mismo una computadora que tres. Hay padres que no tienen ni plata para la carga del celular y les pasen las tareas. La diferencia es abismal. Cuando vuelvan, la diversidad con la que se va a encontrar el docente es brutal. Va a tener que buscar estrategias, mucho amor pedagógico y mucha inteligencia para emparejar. Tengo 6 nietos, algunos aprenden mucho, otros poquito y otros nada. Eso se debe reproducir en todo el país. A nivel secundario ha sido más fácil porque los chicos tienen más autonomía. Tengo un nieto en la universidad, otro en sexto que está sufriendo por Bariloche y porque se pierde el año de los rituales. El tema son los más chiquitos, lo veo en mi nieta que está en primer grado y extraña los recreos pero estoy encerrada, mi muestrario son mis nietos y los pacientes.

-¿Y qué dicen tus pacientes?

Tengo de todo. Chicos que han consultado del secundario sin saber qué hacer con la carrera y les está faltando ir escuchando los entusiasmos de los otros y armando un proyecto. Otros que eligieron carrera pero tienen miedo que la universidad no abra y los pacientitos quieren volver a la escuela. Se han aburrido de los gritos de los padres al estar las 24 horas del día. Es gracioso: casi todos han hecho carpita y se esconden un rato de la mirada de los padres. Creo que los grandes héroes de esta pandemia son los chicos y son los que tienen más posibilidad de pasarla mejor, por el juego. El adolescente sufre porque termina la tarea y se pone a chatear con sus amigos pero necesita estar fuera de la casa y no se puede enojar con los padres porque la jaula no se puede abrir. Ojalá que los chicos vuelvan en agosto en la escuela. Todo lo que pase hasta fin de año va a ser difícil. Como hemos aprendido a perder, ¿no?

-Un entrenamiento que no deja de tener costado positivo.

Sí, sobre todo para esta generación de chicos que cree que lo pueden tener todo. A los adolescentes les digo que es la oportunidad de mirar a los costados y valorar lo que tienen. Si no viajan a Bariloche en diciembre lo harán en febrero, julio. Siempre hay tiempo, pero hay adolescentes que no tienen posibilidad de soñar ni con un brindis cuando terminan el secundario porque les están vedados los sueños por su estado de pobreza... ¿Y viste que los pobres parece que no tuvieran ni derecho a soñar? Cuando soñar es un derecho universal.


"Nos va a poner a todos más creativos"

Juega con sus nietos y los desafía a hacer máscaras que ahuyenten al covid. También apuesta a la fantasía de los cuentos clásicos. "Cenicienta se queda sin baile porque no hay boliches, a la Bella Durmiente el príncipe la besa con barbijo, Caperucita no visita a la abuela porque es paciente de riesgo, Blancanieves tiene la casa chica y no puede respetar la distancia social de los 7 enanitos y Manuelita se quedó con el pasaje a París porque no hay aviones", grafica Liliana González, entre risas.

Después vuelve sobre la educación formal y Gabriel García Márquez, cuando "dice que la escuela tiene la obligación de que cada alumno encuentre ahí su juguete más significativo, lo que más le gusta hacer. ¿Cómo puede ser que en 12 años de escuela no descubras qué te gusta si es la plástica, la historia o los experimentos de química?".

La reconocida psicopedagoga es aún más categórica cuando la pregunta es sobre la reformulación del secundario: "me conformaría con que fuera un feliz pasaje a la universidad, donde se sostengan las ganas de estudiar. Porque los torturan con cosas aburridas, espantosas. Les matan el deseo, un horror".

-El ministro de Educación Nicolás Trotta propone la vuelta a clases bajo el modelo de "aulas burbuja", con pocos alumnos para tener distanciamiento social, que haya menos horas de clase y se repartan tareas entre la casa y la escuela…

Al principio va a ser así. Lo peor que podría pasar es que hubiera un contagio en la escuela y volviera a cerrar. No me gustó ver a los chicos en los recreos en Europa, sentados en redondel sin moverse. Yo les hice un juego a mis nietos imaginando que hemos vuelto, se fue el bichito, hay que cuidarse y en el recreo jugar a cosas sin tocarse como la rayuela, la escondida, el hula-hula, la soga, el elástico. Hay un montón de juegos sin necesidad de tocarse. No hay que salir al recreo y tirarse a tres metros del compañero. Se puede jugar. Nos va a poner a todos más creativos. Si aprendemos de los chicos, podemos descansar un poco: dale buenas consignas y que trabajen, que inventen...

-¿Qué sensación te deja desde lo humano esta pandemia? ¿Qué aprendizajes?

Hay una revalorización de los verdaderos amigos, de los afectos. He puesto el selector y me he dado cuenta de que estaba rodeada de gente tóxica o gente que estaba al lado porque eras quien eras al salir en la tele. Me doy cuenta de mis verdaderos amigos, voy a poner pilas ahí. Y tenía más hoteles que casa y me he enamorado de mi casa. La casa va a ser un lugar donde vamos a estar más tiempo. He revalorizado el aprender. Escuchando, escribiendo mucho, estoy escribiendo otro libro con mi hija, cocino cosas ricas. Son momentos de mucho aprendizaje, de encuentro con uno mismo. Mucha gente que me rodeaba estaba muy mal porque ha tomado malas decisiones antes de la pandemia. Revaloricé la convivencia. Tengo una excelente relación con mi compañero de hace 20 años. La vida que uno tiene depende de nuestras decisiones. Me jubilé hace 20 años y decidí seguir trabajando. Eso me permite estar conectada. Hago mucha gimnasia cerebral, el cerebro es lo que más va a tardar en envejecer. Y pienso en los momentos de dolor, tragedia, soledad… Tan mal no decidí.


"Nos cuesta aprender lecciones históricas fuertes"

-¿Hay un aprendizaje en esto? ¿Considerás que la pandemia es una oportunidad verdadera, más allá de lo discursivo?

Yo soy esperanzada, pintada de verde (risas). Pero tengo edad suficiente como para saber qué tozudos y necios somos muchos humanos y cómo nos cuesta aprender lecciones históricas fuertes. Después del Holocausto, de esas muertes terribles y de hacer desaparecer al que te molestaba, quemarlo, hacerlo jabón, después de semejante golpazo en la humanidad tendría que haber venido una etapa de incluir al diferente. Que no te moleste el inmigrante, que no tengas miedo si hay un colombiano, africano, peruano en tu barrio, que te va a robar, te va a sacar el puesto, te va a hacer daño. Sin embargo, sigue esa conducta. Es más, pasamos por una dictadura donde al que pensaba diferente lo torturaban, mataban, lo tiraban de los aviones. ¿La humanidad aprende? Ahora sabemos que el planeta está respirando, que los canales de Venecia están translúcidos, que los animales vuelven a su hábitat. ¿Aprenderemos o volveremos a tirar basura y a llenar del aire de contaminantes de fábricas y sembrados? No sé si aprendemos. Sería muy triste…


"Hay que enseñarles a pensar"

-¿La escuela como institución y agente de socialización seguirá siendo necesaria?

Totalmente. Ahora se han dado cuenta qué factor de organización social es la escuela y cómo los padres podían hacer su trabajo sabiendo que sus chicos estaban contenidos y educados en una escuela. Creo que la escuela va seguir. Están los que dicen que vamos a una escuela-robótica. La verdad es que no sé... La inteligencia artificial me excede. No sé si habrá computadoras que transmitan valores que narren la cultura, que sean ejemplares en algo, que dejen huellas de pasión por un conocimiento. Si en la pantalla estuviera todo eso no tendríamos tantos suicidios, si los chicos encontraran el sentido de la vida en la pantalla. Las pantallas demostraron que son fantásticas y pueden acortar distancias. Qué maravilla. Mostraron su alcance y su límite. No hay chico que no diga extraño a la seño o a mi compañero.

-Claro, es por las relaciones humanas.

Sí y eso está hermoso. ¿Si no es la escuela, qué? Los clubes de barrio que no existen, están muertos. Es Luna de Avellaneda.

-La calle o la plaza del barrio no es más el lugar del encuentro.

¿Cuál sería el lugar donde los chicos pudieran encontrarse, interactuar con otros adultos que los cuiden y les transmitan cuestiones de la cultura? Es la escuela o la escuela. No es el sindicato, no es la iglesia, no es el club de barrio. Es la escuela que tiene la posibilidad de mostrar todos los mundos posibles y no hay ninguna otra institución que haga eso. Y la gente vulnerable, que tenemos el 50% del país casi en estado de vulnerabilidad, si no pasa por la escuela. ¿Qué hace? Reproduce esa historia en la cual nació. En cambio la escuela le muestra que hay otros mundos que, con estudio y esfuerzo, se puede ser otra cosa. Hay que silenciar menos a los chicos, hay que escucharlos. Los sentaría a que me cuenten lo que pasó y a los de sexto les diría está en manos de ustedes hacer una despedida inolvidable: el único límite es la toxicidad. Creer que aprender es sujeto y predicado, fracciones, modificador directo, química que al día siguiente te olvidaste… Hay que enseñarles a pensar. Son increíbles. Estoy esperanzada en que muchos docentes lo harán. Mientras mucha gente volverá a su zona de confort, otros tomarán el desafío. Cuando un docente se aburre de su propia clase es que está todo mal. Hay que hacer cosas creativas y se va a llevar de frescura la escuela, es lo que deseo.

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