Edición Anterior: 16 de Agosto de 2020
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ESCENARIO POLITICO. Los números que le abrieron los ojos al Gobierno. La deficiencia legislativa. Un pacto de impunidad para tener en cuenta
Encuesta mata cuarentena, derechos laborales para gente sin trabajo, y Galli pateó el tablero
No sirvió tener a la gente encerrada porque la peste igual iba a entrar. El hartazgo produjo el relajamiento por donde se filtró el virus. El Intendente le marcó la cancha a todos, incluso a la mesa provincial de su partido. El peronismo, al menos un grupo, busca crear una alternativa ganadora y con perfil olavarriense. El mundo del trabajo, la realidad y la obsolescencia.
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Y al final, y por fin, el gobierno se dio cuenta que la cuarentena no iba más, al menos como la venían implementando. Las encuestas le mostraron a Alberto Fernández lo que todo el mundo le venía diciendo. Pero durante todo este tiempo juzgaron muy mal a quienes le observaban la duración desproporcionada del aislamiento y los descalificaban hasta el cansancio.

Los calificaban de "anticuarentenas" como si reclamar libertad con autocontrol fuese un pecado. No puede existir necedad semejante.

Ahora resulta que quienes defendían esta cuarentena eran "progresistas", como si el progresismo fuese amar el encierro y la obediencia. La axiología oficialista al menos es rara, demasiado quizás. Se jerarquizan valores consevadores como el de la sumisión y el verticalismo, lo opuesto a la libertad individual y la autodeterminación, o como si la evolución pasara por el distanciamiento del resto de la sociedad.

Sí. La jerarquía de valores del Gobierno y sus seguidores es rara, muy rara. El oficialismo mediático y social, al menos la mayoría, rechaza la libertad y valora la obediencia. La consigna parece ser someterse al poder. Así también piensa la CGT que encuentra la defensa del trabajador en la subsunción al partido gobernante. Lo mismo pasa con otros organismos, que debieran ser independientes y neutralmente valorativos pero termian sometidos al poder y omitiendo reclamos como algunas desapariciones forzadas por temor a involucrar al gobierno.

Hace unos días, un analista político dijo que el gobierno había quedado entrampado en la cuarentena y que no sabía cómo salir de ella. Más aún, sostuvo que la cuarentena se había transformado en "un modelo" del gobierno o una manera de gobernar.

Dicho de otro modo, se encontró en el aislamiento la manera de domesticar a la población y quitarle toda posibilidad de reclamo. Argentina, pese al éxito de la estrategia de los dos primeros meses, y esto se puede destacar, es hoy uno de los líderes en contagios y muertes en proporción a su densidad poblacional. Ante semejante escenario, el Presidente culpó a los gobernadores con el fin de hacerlos sentir culpables de semejante fracaso para manipularlos luego.

El problema está en el Amba, pero para Fernández, la responsabilidad de todo lo que pasa allí está en el resto del país por haberse "relajado". Había que transferir responsabilidades y Alberto lo hizo. Según la psicología, la culpa es la llave que abre la puerta de la sujeción.

En el transcurso se ufanó de haber aplicado una mejor estrategia que Suecia, hasta que los nórdicos rieron último de la ignorancia y la soberbia nacional. ¿Sobreactuación quizás?. Si fue esa la causa de su patetismo, el costo fue altísimo para la gente. Ahora solo queda esperar la vacuna, pero no la rusa que parece extraida de algún alquimista de la Edad Media.

Lo cierto es que la estrategia argentina basada en el encierro y el derrumbe económico fracasó estrepitosamente, pero pasaron muchas angustias hasta que el gobierno se dio cuenta de ello. En síntesis, y como lo hemos dicho infinidad de veces, tanto remar para morir en la orilla.

Como aquel cuento de Poe, por más que se encerraban para bloquear a la peste, ésta logró filtrarse igual en ese castillo al que se consideraba inexpugnable.

Un pacto anunciado

Históricamente, la institucionalidad al peronismo le resutó tan incómoda como el regalo del arco a Martín Palermo. Todavía anda buscándole un lugar al incómodo obsequio que le dio Pergolini en, creo, su homenaje. Prácticamente lo castigaron y lo condenaron a buscarle un lugar para el famoso arco.

Dentro de ello, lo bueno de Alberto es que parece no gustarle la reforma judicial pero que debe alentarla porque Cristina así lo quiere por su importancia funcional.

Hace una semana, Mauricio D’Alessandro adelantaba por este medio que podría haber un pacto de impunidad entre la Vice y Mauricio Macri. Ayer la misma versión ¿o noticia? la publicó un matutino nacional, solo que bajo la forma de una supuesta oferta del kirchnerismo al líder de la oposición.

Son aún versiones, pero cargan con la lógica implacable de que involucran a dos personas pasibles de tener que comparecer ante la Justicia por sus pasados oscuros en sus respectivas gestiones. La versión del pacto, entonces, parece verosimil porque existen dos intereses concurrentes, como aquel pacto de Olivos en el que a Menem le importaba instalar la reelección y a Alfonsín contrarrestar el pacto de El Molino entre Bordón, Storani y Chacho Alvarez que había osado prescindir de él.

Mientras circula esta versión, Macri veranea escandalosamente en la Costa Azul y Cristina prepara un viaje a Cuba o alguna propuesta épica contra algunos de sus enemigos de su gestión anterior. Y el pobre Alberto, además de la pandemia, debe cargarse de los enemigos de su compañera de ruta.

En tanto, el gobernador Kiciloff se autodefiende pretendiendo clasificar a las angustias en legítimas e ilegítimas. Axel desestima todos los padecimientos psíquicos y defiende solo los provocados por alguna causa material o tan obvia y universal como lo es el fallecimiento de un familiar. También supone que algo angustiante puede ser el enfermarse. Y..., sí, es mejor ser rico y sano que pobre y enfermo, dice el refrán. La postura de Axel es bastante similar a la de Alberto Fernández cuando le reprochó a una periodista sentir angustia por el encierro. Lo que sería suponer que un preso no puede sentir angustia porque tiene asegurada la comida y el habitat .

Galli se puso firme

En el marco de una especie de lanzamiento del gallismo o de fijación de su propia identidad, el Intendente Galli terminó marcando claramente su posición política en lo local y en la Séptima, pero también dejó en claro la estrategia de la oposición en todos los niveles del Estado.

Juntos para el Cambio sabe que si no logra la unidad con sus fuerzas internas y no logra atraer al peronismo no K podría perder las próximas elecciones y su aspiración a lograr una paridad en las cámaras legislativas.

La estrategia de Galli de estrechar vínculos con el peronismo azuleño del jefe comunal es aplicable a otras secciones electorales y distritos.

"Hay que lograr la unidad", insistió reiteradamente el Intendente y planteó la intención de sumarlo al peronismo que lidera Emilio Monzó y a sus seguidores. Y ya no importaría las diferencias o animosidades que separan al ex presidente de la Cámara de Diputados de la ex gobernadora, María Eugenia Vidal.

En Olavarría, Galli dio ese paso con Mario Cura y su curismo, también alineado a Miguel Angel Pichetto, y luego terminó incorporando a la agrupación "Peronistas para el cambio" de Mariano Ciancio. Además, y tal como fuera adelantado por esta columna política, estrechó filas con los radicales del comité.

Por primera vez admitió su "dolor", explicitó, por el cierre de lista del año pasado y anticipó que esta vez la birome la va a tener la mesa del Pro, asumiéndo un rol protagónico y no un mero actor de reparto del armado, lo que implica un posicionamiento muy firme frente a la mesa provincial y al verticalismo.

Finalmente reflotó la grieta al suponer que su oponente en 2023 si es que lo habilitan a ir por la reelección, sería Federico Aguilera.

Peronistas alternativos

Es que el Frente de Todos, aún con pluralismo, mantiene la primacía de La Cámpora, y no puede engendrar un candidato peronista K o no K y con perfil olavarriense. Por lo tanto, hasta ahora Federico parece ser insustituible como candidato.

Galli pretende atrapar a ese peronismo excluido del camporismo, y el caso de Hernán Bertellys y su secretario de Gobierno, Alejandro Vieyra, es un ejemplo.

Lo mismo que el massismo cuando pensó -a principios de 2019- que podía jugar con María Eugenia Vidal a través de un desdoblamiento de las elecciones y que Macri no le permitió. Esos peronistas no contenidos por el paradigma camporista o cristinista no tienen hoy una corriente política que los represente que sea alternativa de poder.

El camporismo maduró, eso no se puede negarlo, y hoy buscan salir de la endogamia para abrirse al resto, pero todavía les falta una conversión, porque no se sale de una postura tan cerrada como la que sostuvieron durante mucho tiempo, a través de una evolución gradual sino por conversión.

Pero puede haber novedades. En Olavarría, un cierto peronismo que amalgama además un kirchnerismo moderado y nestorista tiene muchas ganas de desembarcar en lo local pero a través del massismo. El razonamiento que hacen es perfectamente lógico. Suponen que el albertismo es una entelequia y nunca se concretará sino a través de dos especies de hipóstasis o representaciones, esto es, la del Sergio Massa y la de Máximo Kirchner, convencidos además que esa será la puja interna del futuro dentro del Frente de Todos. Y cada uno elegirá el canal que más le guste o que le permita hacer política dentro de una suerte de zona de confort.

Concretamente, estos peronistas están muy dispuestos a embarcarse con Massa y representarlo en esa suerte de guerra de las galaxias del futuro peronismo.

Entonces, ¿será Aguilera nuevamente el candidato de 2023? Es posible, pero el escenario hoy por hoy, con estos nuevos datos, es todavía incierto.


¿Trabajo o IFE?: el dilema

Por causa de la cuarentena, se perdieron unos 400 mil puestos de trabajo que se suman a los 300 mil perdidos durante la gestión de Macri en tiempos no de pandemia sino de recesión. Pero se podrían perder aún más si el mundo del trabajo no se ajusta a los nuevos tiempos. Roberto Lavagna presentó una propuesta para los nuevos empleos algo similar al régimen de la construcción y muchos dirigentes sindicales le saltaron a la yugular. El ex ministro de Economía propuso no tocar al convenio vigente pero fomentar el empleo con un nuevo régimen para salir del estancamiento ocupacional y promover inversiones.

Los popes sindicales, muy sujetos al sistema creado por Perón pero con un país en pleno crecimiento de las empresas dedicadas a la sustitución de importaciones, alertaron que la propuesta de Lavagna sería como retroceder a los noventa.

El tema sigue siendo el de incluir en el mundo del trabajo a por lo menos un tercio de la población sumergido en la más cruel exclusión e indignidad ya sea por ineficiencia política, por falta de inversiones, por el costo laboral o por la tecnología excluyente por ausencia de capacidad para operar con ella.

Creen que con la doble indemnización o la prohibición del despido impiden todo y, como la cuarentena estricta, solo logran postergar la enfermedad. Entonces, la solución pasa por otro lado si es que esta pandemia laboral no termina arrastrando a todo el mundo al abismo.

Los sindicatos fueron y son instituciones fundamentales para la defensa de los trabajadores frente a los excesos del capitalismo liberal, pero también son históricas, esto es, deben estar acordes al momento, al tiempo y el espacio si es que pretenden seguir siendo instancias necesarias en el mundo del trabajo. El dogmatismo de algunos dirigentes pueden poner en riesgo la necesidad de mover el aparato productivo y generar más empleo, condición necesaria para dignificar a mucha gente que hoy deambula en el mundo del subempleo o la desocupación.

El sindicato es una herramienta que debe servir para mejorar la realidad, caso contrario corre el riesgo de transformarse en un elemento decorativo que solo sirve para satisfacer el egoismo o el oportunismo de alguno que otro dirigente deseoso de continuar gozando de sus privilegios.

Lo prioritario, entonces, es ver como se puede generar trabajo, y después sí cuidar de las condiciones dignas de ejercerlo. Si no se corre el riesgo de hablar de los derechos laborales de gente que aún sigue estando en la calle.

Salvo que el objetivo del Gobierno sea el de achicar el país y sostener a todos aquellos que no tuviesen un trabajo registrado con un ingreso universal tipo IFE, bajísimo y humillante para cualquier persona. A propósito de ello, ya existen 9 millones que perciben este ingreso, más 4 millones jubilados que cobran la mínima.

Es decir, se trataría de dejar atrás aquella Argentina diferente en el contexto latinoamericano para pasar a ser una republiqueta bananera, sin clase media, con una gran mayoría cobrando un ingreso universal mínimo y con una chatura económica y cultural asfixiante.


Deficiencias

La pandemia evidenció palmariamente la decadencia en la que hoy se encuentra el mundo legislativo, y ya no se trata de un tema de calidad política sino que muestra un problema mayor, la deficiencia del poder central de un Estado de Derecho ya que es el que legisla.

Como diría Mafalda, son los "simpáticos inoperantes", pero super bien y desproporcionadamente bien pagos, lo que no implica que los Ejecutivos y los judiciales estén bien preparados para afrontar las complejidades de un mundo que literalmente los supera en todos los sentidos.

La ley del teletrabajo es el botón de esa muestra lamentable. Presionados por la burocracia sindical, legislaron sobre una práctica laboral que hoy se autorregula, y terminaron complicándola. Es decir, y como dijimos en la edición anterior, metieron en el arco pelotas que se iban afuera de la cancha.

Los poderes legislativos desaparecieron durante la pandemia y sin embargo y peligrosamente la gente no extrañó sus ausencias. ¿Por qué? simplemente porque hoy los legisladores, sean nacionales, provinciales o municipales, lamentablemente no están ayudando a resolver la vida de nadie.

Desdichadamente, estamos asistiendo a una nueva República de Weimar, atravesada por la burocracia y la inacción, y el riesgo es que la gente acabe demandando un nuevo Hitler, como le pasó a Brasil con Bolsonaro.

De continuar con esta peligrosa tendencia, el sistema republicano de tres poderes corre peligro de sintetizarse en grotescas y peligrosas autocracias más dos poderes absolutamente subordinadas al líder autocrático poniendo en verdadero jaque a la república y a la democracia.

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