Edición Anterior: 23 de Agosto de 2020
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ENTREVISTA. Soledad Barruti y el acuerdo con China para la cría industrial de sus animales
"Vamos a transformarnos en una fábrica de cerdos para China y de nuevas pandemias"
El Covid-19 es un virus de origen zoonótico, es decir alojado en animales. Intrusar su hábitat implica su propagación en humanos. El acuerdo con China para la cría industrial de sus cerdos implica el peligro de la producción de nuevas pandemias desde el territorio argentino. Soledad Barruti, primera voz que denunció los riesgos de la profundización del modelo, lo explica en una entrevista exclusiva con El Popular.
Silvana Melo

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Se supone que no se terminará agosto sin que se firme el acuerdo con China para la instalación de granjas de cría industrializada de cerdos para ese país. A partir de un virus que infectó a millones de animales que debieron ser sacrificados en masa, China debe buscar nuevos territorios para la cría de un insumo fundamental para su alimentación. Argentina aparece como la tierra "vacía" que puede albergar las granjas. Y, por extensión, convertirse en una fábrica de nuevas pandemias. Soledad Barruti, periodista e investigadora, fue la primera voz estridente que apareció para denunciar el inminente acuerdo y se abrió un movimiento de resistencia que interpeló a los funcionarios de Cancillería, escritorios donde se manipulan esos expedientes.

Barruti cierra el círculo entre aquella apertura de 1996 -24 años atrás- para la entrada de la transgénesis en el acuerdo con Monsanto, con la firma del entonces ministro de Asuntos Agrarios, Felipe Solá. Desde ese momento el país cultivó más forraje para los cerdos chinos que alimentos para los argentinos. Hoy el mismo Felipe Solá firma el acuerdo para que directamente se críen los cerdos de la China. Esta vez desde la cancillería.

Soledad Barruti escribió los libros Malcomidos y La mala leche, las denuncias más masivas sobre la alimentación industrializada, el modelo agroindustrial y las consecuencias en los platos y en los cuerpos. Recorrió el país y parte de América Latina para comprobar las secuelas del extractivismo en el continente bello e injusto. Hoy comparte el portal Bocado con periodistas de Brasil y México.

-¿En qué punto está el acuerdo para instalar en el país las granjas de cría industrial de cerdos para China?

-No hay información más que la que transita en forma oral en las reuniones que van creando. Con esa turbiedad. Es grave porque hay cambios entre lo que van contando a unos y a otros. Pero hay una decisión de avanzar con esto este mes. Se va encuadrando en la idea de 25 granjas con 15 mil madres cada una, granjas del triple del tamaño de las que hay hoy en la Argentina. Actualmente hay granjas que exportan cerdos a China pero de una sola empresa, que es Paladini. La granja más grande que tiene es de 4.000 madres. Si se concreta el acuerdo, las granjas serán tres veces más grandes. Lo que hicieron fue pasar de decir que vamos a producir cien millones de cerdos a reducir la cantidad; sin embargo no es nada pequeño lo que están planeando. Pero quién nos asegura que va a haber un límite en esas 25 granjas… es como si cuando se entró con la soja hubieran dicho no, pero empezamos con tres campitos, ajá, y ¿por qué lo vas a frenar en tres?

-Vamos a transformarnos en una factoría de cerdos para China. ¿Por qué?

-Porque estas granjas no dejarían alimentos en el país, la idea es que todos los cerdos que se críen van a ser exportados. China necesita externalizar sus fábricas porque está habiendo muchos problemas con su producción alimentaria, primero porque ya tuvo dos expresiones de enfermedades: una que afectó a los cerdos, que es la gripe africana y otra que puede afectar a los seres humanos que es la gripe porcina, un virus que va manifestándose de distintas maneras y que pone en peligro no sólo a su población sino al mundo. China necesitaría no ser otra vez el país de donde surja una pandemia…

-Terceriza la pandemia, entonces…

-La terceriza y encuentra la manera de garantizar su seguridad alimentaria. Es lo mismo que viene haciendo cuando terceriza la producción de sus campos, porque de esa manera se ahorra la producción transgénica y todas las consecuencias que vienen con el agronegocio y que ya lo sufrimos en la Argentina. Yo no soy una experta en China y por eso tratamos de explicarnos qué es. Pero lo que pareciera es que su ruralidad es bastante más escasa en territorio disponible para la expansión de su sistema alimentario, que implica un alto consumo de carne, animales en granjas industriales y necesitaría por eso expandirse en otros territorios. Entonces encuentra en América Latina un espacio totalmente disponible porque además se cuenta a sí misma como un territorio vacío. Cuando vas a Cancillería te dicen ‘vamos a poner las granjas donde no hay nada’. Y te lo sostienen mirándote a los ojos. Mi discusión con (el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge) Neme era ésa, yo le decía ‘señor, la nada no existe’, ‘vos porque no conocés Catamarca, Chaco’, sí, los conozco, hay gente, hay naturaleza, hay comunidades… pero te dicen que es un desierto.

-A casi 25 años de que se apostara a todo o nada –con la entrada de Monsanto y la transgénesis- a un modelo de producción que atenta contra la vida, hoy se vuelve a condicionar la economía de un país a la profundización de ese modelo. ¿Primero cultivamos los forrajes para los cerdos y ahora les criamos los cerdos?

-A mí lo que me impresiona es la poca posibilidad de hacer una lectura abarcativa de todos los daños que generó, pero también de la pobreza que extendió y de las falsas promesas con las que se expandió este modelo. Es como si todo el tiempo te estuvieran prometiendo algo que nunca se cumple pero te lo siguen pudiendo prometer. Se encuentran representantes tanto de la derecha como del progesismo y es desesperante: hay una imposibilidad de plantear otro modelo porque no encontrás aliados. Te aparece el economista progre y el del agronegocio más recalcitrante y todos te parece que piensan lo mismo. Uno te dice, bueno hay que armar 2000 granjas. Y hay delirantes que te dicen hay que producirle la comida a China pero agroecológicamente. La imposibilidad de desarrollar estrategias nos deja sin salidas.

-Cuando se habla de una fábrica de nuevas pandemias, ¿de qué hablamos exactamente?

-Estamos hablando de que la ganadería industrial, en general, produce y hacina animales como si fueran cosas, inmunodeprimidos, genéticamente iguales, mentalizados para soportar las condiciones de vida tremendas que ofrece esa forma de producción. Estamos ante el peligro de que de esos lugares emerjan y muten virus que viven naturalmente en esos animales y contagien personas. Tuvimos hace 20 días en Brasil una chica de un frigorífico que enfermó de un nuevo virus porcino. Pero no es China o Brasil, no es un país u otro, es el sistema productivo. Lo que tenés en China son escalas que te dan más posibilidades de que el sistema sea más extendido. Lo que hacemos nosotros trayendo estas granjas es multiplicar nuestras posibilidades de producir pandemias. Pero con nuestras granjas industriales es un debate que ya tendríamos que estar teniendo, porque las granjas de Paladini, de la Cañada, no son inocuas; hay una fábrica de cerdos en Salta frente a una escuela, volcando todos los desechos a 600 metros. Con todo lo que significa.

-Los incendios del Delta del Paraná tienen que ver con el modelo sojero y la ganadería industrial y en Malcomidos hacés una descripción brutal de lo que significa la cría industrial de pollos. ¿Años de investigación no han logrado siquiera limitar el modelo?

-Se intenta todo el tiempo, sobre la base de investigaciones científicas, porque parece que nosotros somos una especie de negacionistas del progreso pero estamos repitiendo información científica publicada en las revistas más prestigiosas del mundo, que se va actualizando. Esto es un peligro enorme para la humanidad. Pero nosotros somos los no científicos. Los países tendrán que invertir después de la pandemia para que esto no vuelva a pasar y una de las claves es desarmar la matriz agroindustrial que hace que se hacinen animales con la posibilidad cierta del nacimiento de nuevos virus, pero también protegiendo la biodiversidad que es algo que se destruye en la medida que avanza el agronegocio. En todos lados nos están diciendo que la única manera de salir de este problema es cambiando el sistema. Pero en este país parece que lo estuviéramos diciendo cinco hippies locos.

-¿Cómo nace y cuáles son las consecuencias de la cría industrial, teniendo en cuenta que, entre otras cosas, el uso masivo de antibióticos afecta directamente la efectividad en humanos?

-Aparece con el concepto desarrollista e hiperproductivista aplicado al campo que viene con la revolución verde; entre los 50 y los 60, se diseñan los sistemas de producción animal para que ese objetivo productivista pueda ser cumplido, un modelo que se calca de otras fábricas, con la división del trabajo, el diseño de los establecimientos, la aplicación de tecnología, lo que se aplicaba a la producción de autos pasa a ser aplicado en animales y los animales tratados como cosas. Se desarrollan razas que cumplan con el objetivo: pollos de doble pechuga, cerdos cada vez más magros y que crecen más rápido, con alimentos especiales y los antibióticos como imprescindibles porque para mantener con vida a estos animales en estas condiciones tan poco vitales sólo se puede lograr medicándolos y sin que se note lo enfermos que están. Desde que surgió el sistema se fue profundizando y hoy el 99% de los pollos que se producen en el país son industriales, en la cría de cerdos es un poco más diverso pero lo que llega al supermercado es casi todo de este tipo de producción.

-En la nota que escribiste para el portal Bocado, describís que los cerdos "no tienen dientes ni cola ni testículos porque, con una pinza y sin anestesia, les arrancaron todo a pocos días de nacidos. Así los productores contienen el canibalismo que se les dispara por vivir en aburrimiento y estrés". Es una crueldad indecible…

-Están encerrados en cubículos, para que ocupen el menor espacio posible y hagan todo en el menor tiempo posible. En las jaulas de gestación, en los corrales de engorde, los animales no pueden hacer otra cosa que comer, gestar, parir, amamantar, todos los ciclos vitales restringidos a lo mínimo posible. Y los cerdos son indisimulablemente animales que uno los ve y la están pasando pésimo. Eso no siempre es así. Los salmones, por ejemplo, en los criaderos viven en condiciones tremendas, pero son peces… somos todos un poco especistas y nos relacionamos de una manera con determinados animales. Es tan tremendo ver esas cerdas en las jaulas de gestación, que son algo siniestro. Son animales que nunca salen de un cubículo, que es un sarcófago a cielo abierto del tamaño de sus cuerpos.

-¿Hay conciencia al menos incipiente de que el covid 19 tiene un origen zoonótico y que los coronavirus seguirán escapándose de sus habitats mientras se destrate a la naturaleza de semejante manera?

-Me parece que sí, pero como siempre hay un sector que cree que es un invento de google, que se deja llevar por teorías conspirativas, pero está todo mezclado. Pero sí, creo que hay una conciencia, porque cuando ves la capacidad reactiva ante una idea como ésta es porque hay una conciencia. Es que hoy hay una pandemia, las personas están mucho más sensibles a las consecuencias de este tipo de proyectos.

-¿Este proyecto genera una reacción mayor que otras consecuencias del modelo como las fumigaciones y el impacto en la vida y en la alimentación de las comunidades?

-Sí, totalmente. Nunca hemos visto una reacción de la sociedad tan rápida, tan grande, tan estable, como ahora.

-¿Y desde el oficialismo?

-Para diferenciarlos del gobierno anterior, se han mostrado dispuestos para hablar, escuchan, pero el modelo productivo es pura continuación. Tiene alternativa pero esa alternativa no llega al poder, no encuentra canalización en los partidos políticos con posibilidades de gobernar, no encuentra una fuerza en el progresismo; el desarrollismo lo toma todo. Hemos tenido a Cristina festejando la instalación de las plantas de Coca Cola y abriendo acuerdos con Monsanto y tenemos ahora el plan agroindustrial, que va a ser el nuevo plan estratégico agroalimentario que nos va a llevar puestos.

-¿Es una señal superficial que el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá sea nombrado en la dirección de Agroecología del Ministerio de Agricultura de la Nación?

-Yo no creo que sea superficial. Hay una lucha muy grande de hace mucho tiempo canalizada en un espacio concreto al que ojalá le den el presupuesto que necesitan para hacer algo. Eso marca una diferencia; hablando con el director de FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) me decía que si se pudiera destinar a la agroecología el 5% de lo que hoy se destina a sostener con estudios y financiación al agronegocio, el mundo sería otro. Que exista en el país un espacio con personas con la lucidez de Cerdá, en un lugar que no existía, me parece que es sumamente importante. Porque puede presentar las pruebas que hoy faltan para modificar el campo argentino con una alternativa. No se puede minimizar porque es un espacio ganado tras muchos años de lucha. Y tras una demostración empírica de lugares que se transformaron a la agroecología y que sólo ven ganancias.

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