Edición Anterior: 16 de Septiembre de 2020
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BASQUETBOL. Sergio Santos Hernández, director técnico de la Selección Argentina
"Disfrutar el camino nos llevó a la final"
El "Oveja" contó intimidades, vivencias y sensaciones de lo que pasó hace 12 meses en el Mundial de China, ratificando lo especial de este nuevo equipo.
Pasó un año de una actuación que impactó en todo el planeta basquetbolístico, de un Mundial que quedó en la memoria de todos los argentinos. Por estos días se disfruta del primer aniversario de aquel evento en China que volvió a depositar al básquetbol argentino en la élite del mundo y, entonces, es un buen momento para reflexionar con los protagonistas, conocer las vivencias y sensaciones que ellos fueron teniendo durante aquel camino hacia el subcampeonato. Sergio Hernández, entrenador y conductor del grupo, charló con Prensa CABB para repasar una experiencia que aún lo conmueve.

-¿Qué significó en tu vida ese Mundial de China 2019?

-Mucho, la verdad. Seguramente el torneo más importante de mi carrera porque, más allá del resultado, pocas veces me sentí tan conectado con un grupo de trabajo, desde los jugadores hasta mi staff. Y por suerte, además, puedo decir que disfrutar el camino nos llevó a la final. Desde la clasificación hasta el torneo en China. Aprendí a hacer eso en vida y pude conseguirlo. Y el Mundial en sí fue muy especial por ser parte de un grupo de gente muy especial, que tiene una convivencia y una armonía muy impactantes.

-Fue una preparación larga, con los Panamericanos como parada previa …

-Sí, esa medalla de oro en Lima fue fundamental. En un punto, más importante que el Mundial, porque era el primer torneo de esta camada que tuvo la obligación de un resultado, el oro puntualmente, si me apurás. Y ese torneo, con ese resultado, nos permitió llegar mucho mejor al Mundial. Luego lo completamos con una previa muy buena, en Francia, donde nos sentimos bien pese a las dos derrotas. Ya empezábamos a creer que había algo con el equipo.

-¿Qué era lo distintivo que veías en ese momento?

-Lo especial es que el equipo siempre se enfocó en el rendimiento. Ni hablábamos de resultados, sino de cómo mejorar el ataque rápido, la rotación de balón o la ocupación de espacios. Cada asistente tenía claro su rol. Y yo, como todos, pudimos disfrutar. Aquella frase que dije "se gana porque se disfruta y no se disfruta porque se gana" la sostengo más que nunca. Fue un plantel que disfrutó cada minuto, sin malas caras ni reclamos. No molestaba madrugar, nada. Siempre estuvieron todos bien predispuestos.

-Pasaron Corea, Nigeria, Venezuela y Polonia. ¿Qué fuiste sintiendo?

-Recuerdo claramente lo que sufrí contra Venezuela porque, en ese momento, sólo pensábamos en la clasificación a los Juegos Olímpicos. Y ese partido era peligroso. Como rival de continente, una derrota podía costarnos demasiado. Entonces, teníamos la presión de ganar ante un rival que históricamente nos había costado mucho. No disfruté nada ese partido, si lo ves de nuevo te das cuenta que ni una vez sonreí. Yo veía que estábamos muy bien, cada día mejor, que ganábamos sin tocar el techo de producción. Era como que el equipo manejaba los partidos sabiendo que los iba a ganar y eso me impresionaba muchísimo.

-¿Y en qué momento dijiste que estaban para algo grande?

-Y, Serbia era una medida demasiado grande. Decir hoy que antes de Serbia pensábamos que podíamos jugar la final del mundo, es un lugar complejo. Tampoco era un tema de sobremesa en el equipo, pero el boleto olímpico siempre estaba en el medio. Era el primer gran objetivo, no se pensaba en el resultado final. Por eso mi peor día en el torneo fue el de Estados Unidos - Brasil. Al seleccionado estadounidense lo veía tan vulnerable que pensé que Brasil le ganaría. Por eso, por los nervios, me fue imposible seguir el partido. Me quedé solo en mi pieza cuando el equipo lo fue a ver a un piso del hotel. Cuando me llegó un mensaje de mi hijo, con banderitas de Japón y aviones, me di cuenta que se había dado el resultado y subí con el plantel.

-¿Cómo fue la previa de Serbia?

-Yo los notaba para ganar y lo decía. Algunos me veían como un loco. Pero al equipo lo veía ganador. Después de años aprendés a ver cosas y al plantel lo notaba muy crecido, poderoso, sabiendo que por más serbios que fueran los rivales, todos sienten la presión de ganar. También había visto en el torneo que Serbia subestimaba bastante la estrategia, como que ganaba por peso específico. Y pensaba que si ellos no se preparaban para jugar con nosotros, no nos iban a ganar. Luego lo confirmé: ellos no lo hicieron como nosotros, seguramente por tener más margen de error.

En la discusión del staff planteé que Serbia, sí o sí, nos iba a meter 90 puntos y que, para ganar, nosotros debíamos anotar más y la única forma era entrar en su juego. Con el factor de sorpresa a favor porque ellos creían que nosotros íbamos a jugar a otra cosa, a pocas posesiones, controlando la pelota. Pero le salimos al palo y palo. A ellos les gustó al principio pero, en un momento, se dieron cuenta que no era negocio.

-Repitieron 48 horas después contra Francia en semifinales …

-El tema es que los grandes triunfos no sean sorpresas. Nosotros no festejamos contra Serbia como si estuviésemos sorprendidos. En un torneo importante cuando sos inexperto y te dejás llevar por la euforia, al otro día perdés. Y nosotros en el Mundial éramos las estrellas y nos sentíamos así. Fuimos el equipo que mejor jugó por una diferencia abismal, el mejor equipo aunque no hayamos sido campeones.

-¿Pesó un poco la final que sea España o fue más táctico?

-Seguro puedo decir que no tuvo nada que ver el cansancio o el conformismo, porque llegamos bien y no es una característica del equipo. Nosotros jugamos con la inercia que veníamos y ellos, un partido especial. Tienen muchos jugadores que los partidos decisivos los juegan todos los días desde hace diez años. Nosotros teníamos sólo a Campazzo y Scola con esa experiencia y seguramente se sintió. Pero nadie nos quita lo que hicimos y lo que disfrutamos.

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