Edición Anterior: 17 de Septiembre de 2020
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Columna de las Misioneras del Padre Kolbe
Brazos abiertos
Angélica Diez (*)

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El 14 y 15 de septiembre, la Iglesia nos presentó dos celebraciones litúrgicas que nos invitan a realizar una peregrinación espiritual hasta el Calvario: la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y la Memoria de la Virgen de los Dolores. Ambas nos invitan a unirnos a la Virgen María en la contemplación del misterio de la Santa Cruz.

Brazos abiertos los de Cristo en la cruz. "Cuando dirigimos la mirada a la Cruz donde Jesús ha sido clavado contemplamos el signo del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. La Cruz parece decretar el fracaso de Jesús, pero en realidad, marca su victoria. Signo de nuestra salvación, y camino hacia la Resurrección. La Cruz de Jesús es nuestra única y verdadera esperanza. Por eso celebramos la Exaltación de la Cruz de Jesús, porque en ella se ha revelado al máximo el amor de Dios por la humanidad. Ella expresa, toda la fuerza negativa del mal, y toda la mansa omnipotencia de la misericordia de Dios". (Papa Francisco).

¿Por qué ha sido necesaria la Cruz? Cuántas veces nos lo hemos preguntado. El papa Francisco nos recuerda que: "Por medio de la Cruz de Cristo el maligno ha sido vencido, la muerte es derrotada, se nos ha dado la vida y se nos ha devuelto la esperanza".

Escribía el Padre Kolbe contemplando la cruz: "Para atraer a las almas y transformarlas en sí mismo a través del amor, Cristo manifestó su amor ilimitado, su corazón inflamado de amor por las almas, un amor que lo empujó a subir a la Cruz, a quedarse con nosotros en la Eucaristía, a entrar en nuestras almas, y a darnos en herencia a su propia Madre, como Madre nuestra" (EK 1296).

Brazos abiertos los de María para recibir a su Hijo crucificado. "En el Calvario, a los pies de la cruz, estaba la Virgen María. Es la Virgen Dolorosa. A Ella encomiendo el presente y el futuro de la Iglesia, para que todos sepamos descubrir y acoger siempre el mensaje de amor y de salvación de la Cruz de Jesús". (Papa Francisco).

En la cruz Jesús dio su sangre por todos, y desde allí, a todos nos encomendó al cuidado materno de María: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". (Jn. 19,26). La Madre en sus brazos abiertos recibe al Hijo y nos recibe a nosotros, así como somos, como estamos temerosos por lo que nos rodea, la pandemia que acecha. "Nuestro mundo actual es un mundo de miedos, miedo a la miseria, a la pobreza, a las enfermedades, a los sufrimientos, a la soledad y a la muerte, pero el Señor nos dice: "No temas, yo estoy siempre contigo". (Papa Benedicto XVI).

De los brazos abiertos del Hijo brota la misericordia del Padre que abraza al mundo entero y brota la maternidad de María que nos recibe en sus brazos abiertos y en su Hijo nos abraza a cada uno.

(*) Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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