Edición Anterior: 22 de Noviembre de 2020
Edición impresa // La Ciudad
ESCENARIO POLITICO. Una campaña prematura. Una Moncloa, pero para qué. Las derivaciones de la visita de Katopodis
Política y recursos en todos los niveles, caminos cruzados en el peronismo y la disputa de la Séptima
Impuesto o aporte. Apropiación de fondos y la gente como la pelota de un partido interminable. En JxC habrá disputa por la lista seccional. La pela por los fondos para infraestructura. Después de Katopodis quedaron los interrogantes. La visita del Presidente en tiempos de pandemia.
Cacho Fernández

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El gobierno se debate entre la épica del distribucionismo y el ajuste con el que se piensa seducir a FMI. Para disimularlo, quiso crear el impuesto a la riqueza, al que denominó "aporte solidario", pero que tiene muy pocas posibilidades de prosperar porque los presuntos contribuyentes lo llevaría rápidamente a la Justicia.

El mismo banquero recientemente fallecido, Jorge Brito, vaticinó hace unos días que el impuesto iría a crear "una rebelión fiscal". El nuevo gravamen a su vez creó una interna dentro del lavagnismo puesto que para el jefe de ese espacio tan desguazado había dicho que "la inversión no se alienta con látigo", mientras su diputada, Liliana Schwindt defendía la propuesta del oficialismo.

Entonces, algo no funciona cuando dos exponentes de un grupo político difieren en cosas tan esenciales. Detrás subyace el debate para ver si es o no un impuesto y si es justo o no. Aseguran que en otros países se lo aplica pero el diputado Carlos Fernández sostiene que en donde estaba "lo han derogado".

Lo cierto es que el gobierno siempre está generando debates innecesarios cuando las consecuencias parecen ser inevitables porque seguramente acabará en la Justicia con muy pocos o ningún contribuyente como o prefigura Lavagna.

Seguramente, el gobierno no puede digerir el ajuste que debe hacer porque se lo pide el FMI, y pretende ocultarlo detrás del impuesto a la riqueza.

El kirchnerismo cree que la vida política de un país se una sucesión interminable de sucesos épicos, cargados de emotividad y no puede resignarse en que remontar una pandemia y poner en marcha una economía como también la gobernabilidad son hechos racionales encadenados en un todo equilibrado y a veces rutinizado.

La épica y las emociones solo hicieron macanas en la historia argentina y condujeron a tragedias. Quien piensa que la épica es el ingrediente fundamental de la vida política de un país es un necio que aspira mucho más a la trascendencia individual que al bien común.

Al Gobierno o quizás a Cristina Kirchner le parecía insoportable gestionar la pandemia porque ella no lo hacía ni lo quería hacer. Esa dura tarea la debía hacer Alberto, hasta que un día se cansó de esa rutina o su compañera de fórmula toimó nota de su debilidad de carácter y lo condujo a la aventura irracional de Vicentín perpetrado por una especie de Pasionaria mendocina como lo es la senadora Fernández Sagasti. La obediencia se ha transformado en el tributo principal de la política, caso contrario no podría explicarse cómo personajes como esta cuya o Esteban Bullrich estén ocupando una banca en el Senado. Dios es grande, dirían algunas religiones orientales.

El partido y la pelota

La otra pregunta crucial es ¿quienes serán las mujeres y niños del Titanic cuando llegue la vacuna?. Ayer decían que esto lo decide un comité integrado por infectólogos y otras ramas de la ciencia, pero que sus decisiones no serán vinculantes. Por lo tanto, será el poder político el que detemine quienes se salvan después del choque con el iceberg de la pandemia. ¿Serán ellos los primeros que ocupen los botes de la salvación dejando al resto de la población merced de la catástrofe? ¿Quien controlará el orden de prioridades que se empleará con la vacunación?.

Hemos visto que los políticos nacionales y quizás latinoamericanos actúan como una una suerte de aristocracia que se atribuye toda la gama de privilegios habidos y por haber. Habrá que estar atentos, entonces, y vigilar quienes van a recibir esos pinchazos salvadores.

El manejo de nuestros dirigentes es tan arbitrario que, si les faltan recursos, se lo quitan a alguien como lo hizo el gobierno con la CABA al restarle 53.000 millones de pesos de la coparticipación, y como la gente es la pelota de ese partido interminable, Rodríguez Larreta se "desquitó", por decirlo así, cobrándole al BCRA un 8 por ciento de Ingresos Brutos a las Leliq (en la Provincia de Buenos Aires ya está desde hace tiempo) lo que las hace menos tentadoras y eficaces para combatir al dólar. Y le aplicó un 1,2 de impuesto a los gastos totales de las tarjetas en la Capital Federal. El resultado es siempre el mismo: los políticos siguen mirándose su propio ombligo y le hacen pagar todos los costos a la población.

La campaña, por lo tanto, ya comenzó, ¿y así, con ese tono confrontativo seguirán en los próximos tres años?. ¿Continuarán haciéndole pagar todos los costos a la gente de su bizarra pelea por el poder?.

Caminos cruzados

La visita del ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis dejó mucha tela para cortar. En principio, y según algunas fuentes políticas, el eseverrismo vería con agrado algún acercamiento con los ex concejales Sergio Milesi y Adriana Capuano para intentar armar algo alternativo a La Cámpora, aunque se está viendo como resolver el tema Miguel Santellán.

Se sabe que el líder del Ceco y José Eseverri son dos dirigentes enfrentados históricamente. El desencuentro entre ambos tiene arraigo en la misma historia y, como algo casi genético, los conflictos y rechazos se han ido transmitiendo a través de la sangre como en los personajes del escritor estadounidense, William Faulkner.

En tanto, el mercantil mantiene hoy una excelente relación con el diputado César Valicenti, quien ha destacado esta relación elevándola al nivel de la amistad. "Miguel es un compañero y amigo", ha dicho el legislador hinojense.

Esto imposibilitaría la conformación de esa alternativa peronista por la amistad que a su vez Capuano y Milesi mantienen con Santellán. En fin, los caminos están muy cruzados y cualquier negociación política colisionaría con los afectos también cruzados entre los actores de esta suerte de novela olavarriense.

¿De quién es la Séptima?

Los intendentes irán por un nuevo FIM (Fondo de Infraestructura Municipal) y le van a pedir al Gobernador una parte proporcional de lo que le sacaron a la CABA.

Los jefes comunales se le quieren parar de mano a Kiciloff por un reparto más equitativo de los recursos. En ese caso van a reclamar que se tome en cuenta el CUD del año pasado o se lo haga en virtud de un promedio de los últimos tres años porque en éste los municipios debieron dejar las camas vacías en los hospitales por causa de la pandemia. Además, los intendentes de Juntos por el Cambio no entienden los porqués la Provincia les ha enviado partidas y se las hace pagar en cuotas cuando a municipios propios se las dan no en forma de créditos sino que se las estarían regalando.

Todo esto se está negociando en el Senado y en Diputados, mientras Ezequiel Galli y Hernán Bertellys alimentan su optimismo de poder ser protagonistas del armado seccional.

Históricamente, la Séptima ha sido una Sección destinada a pagar deudas políticas y todos los partidos han colocado en la lista algún candidato paracaidista. Juan Carrara fue el último. En 2013, Alfonso Coll Areco, de San Miguel, formó parte de la lista del massismo. Alguna vez Martín Ferré integró la del peronismo y así se puede continuar casi indefinidamente.

Ahora, tanto Galli como Bertellys están decididos a ser ellos quienes tengan la birome del armado para evitar que la lista venga impuesta desde arriba. ¿Podrán contarrestar este verticalismo histórico que existe en todos los espacios?


¿Un Moncloa contra qué?

Alberto Fernández ha caído en esa trampa cristinista que es la de priorizar el conflicto en vez de la armonía. Y esto es así porque el país todavía no ha logrado definir contra qué debe hacer un acuerdo entre las fuerzas políticas. Es decir, no identificó cuál es el "enemigo" que se debe vencer con un acuerdo.

El razonamiento parece ser simple. Toda vez que se buscó concretar algún pacto entre las fuerzas políticas se lo hizo contra algo y a favor de algo.

En España, por ejemplo, el "vencido" del pacto de la Moncloa fue el franquismo como régimen. En la Argentina, alguien teorizó que un acuerdo entre la diversidad política sería una respuesta superadora al "vamos por todo", de Cristina Kirchner, que marca un régimen totalitario a vencer. Es extraño y paradójico que una persona que rechaza tanto la diversidad y que pretendió siempre ir "por todo" como sinónimo de la uniformidad, reclame ahora un diálogo.

Se creyó que Alberto Fernández venía para eso, para integrar la diversidad y vencer la grieta y que Sergio Massa era su escudero, pero la realidad está demostrando que ambos se dejaron colonizar por la lógica de la Vicepresidente.

El "vamos por todo", se encuadra en la impronta de lo que sería este peronismo del siglo veintiuno que es el kirchnerismo ¿o es otra cosa diferente que se engendró sobre las ruinas de un movimiento que ya había muerto hace tiempo?.

A la luz de las variantes históricas, ¿fue el peronismo un partido con su propia doctrina o fue el de solo una estructura de poder que se llenaba con la ideología de moda y en virtud de un ostensible pragmatismo?. ¿Podría decirse lo mismo del eseverrismo?. ¿Es que la ortodoxia no existe como tal o resulta ser algo dinámico mucho más sujeta al pragmatismo y al oportunismo que a principios doctrinarios?.

Entonces, y volviendo al tema central, las partes podrán conformar un "acuerdo" cuando definan realmente contra qué luchan y que es lo que se pretende dejar atrás.

Ese afán cuasi totalitario del "vamos por todo" podría ser la referencia de lo que se debe superar para mejorar la política nacional. Mientras las fuerzas políticas sigan buscando la suma del poder público, la nación estará condenada a restar futuro a los argentinos.


Una lógica fatal

El Presidente se ha ido inclinando cada vez más por la lógica de la confrontación. En lo económico quiere ser Perón pero le sale mejor Macri, como dice Carlos Pagni.

La Vice se ha ido valiendo de sus "hijos", para ir colonizando progresivamente al Gobierno y Fernández cree que no tiene otra alternativa que dejarse colonizar por su falta de poder político y territorial.

El Gobierno se ha quedado sin recursos y, tal como sucedió meses atrás, le terminó recortando la coparticipación a la CABA, lo que significó un lanzamiento indirecto de la campaña electoral que seguramente tendrá el virus de la confrontación.

¿Está la impronta de Cristina o la de Alberto que ya parece un Cristino como se llamaba aquel general del proceso?. Si bien el peronismo mostró su sello confrontativo, nunca lo tuvo tanto como este peronismo del siglo veintiuno que parece ser el kirchnerismo.

Por ahí el Presidente cree que llega mejor a las bases militantes con la pelea y que por más que sean batallas perdidas, llevan consigo una impronta supuestamente épica pero también efímera.

La historia suele destacar mucho más a los peleadores o confrontativos que a quienes han enfrentado cada circunstancia política con la lógica de la guerra y de la eliminación del oponente y no la búsqueda de consensos.

No en vano se rescata mucho más a jacobinos de un fanatismo irreductible como Juan José Castelli que a políticos como Manuel Belgrano que se desvelaron por una solución definitiva para un país que se debatía y se iba extinguiendo entre acechanzas internas y externas extenuantes.


Política y psicología

Lo mismo podría decirse de otros puestos políticos, ejecutivos y legislativos, y en todos los niveles del Estado. A nivel nacional, Alberto volvió a ser aquel jefe de Gabinete que tuiteaba hasta cualquier hora de la madrugada, como se ha dicho en algunos ambientes políticos, y comenzó a pelearlo a Rodríguez Larreta que no sabe como pararlo a su ex jefe de cuadrilla como Macri, quien procura un escenario también bélico para existir.

El dramaturgo Samuel Becket solía decir que "’ser’ es ser percibido", y precisamente el jefe del Pro como también Cristina Kirchner son en tanto se los puede percibir, y no encuentran otra manera de hacerlo que peleándose con alguien.

Ambos tienen la misma naturaleza y similares características que las que posee un tipo como Donald Trump. Están hecho de la misma materia y sus conductas son iguales. Los tres están atravesados por un narcisismo inefable y los caracteriza un histrionismo dentro del cual no se puede saber, como el Guasón de Batman, cuándo son graciosos y cuándo perversos.

En ellos, el grotesco se entremezcla con la perversidad, y el capricho irreductible que seguramente arrastran desde su infancia ha ido trocando con el paso de los años en un autoritarismo asfixiante. Sus conductas políticas están mucho más guiadas por sus delirios narcisistas de trascendencia personal que por una búsqueda del bienestar general.

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