Edición Anterior: 14 de Febrero de 2021
Edición impresa // La Ciudad
La mutual de arte popular se tiene que ir y el barrio quiere que se mude a los andenes del ex Provincial
Macondo se queda sin casa y todos los caminos se detienen en la estación
Macondo tiene que desalojar su sede, la que la vio nacer hace 15 años como mutual de arte popular. No hay renovación de contrato de alquiler. El barrio entero, el de la estación del ex Provincial, espera que no se acabe el carnaval. Teatro comunitario, la puerta abierta a los pibes, a las escuelas, talento, magia y una mirada del mundo. Los que dicen que Macondo los transformó. Y la estación, que espera que la burocracia política cumpla las promesas de más de una década. Porque ése es el lugar.
Silvana Melo

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Al barrio no le dicen El Provincial por azar. Es la estación la que marca la identidad de ese pedazo de ciudad que apunta hacia el noroeste y que Macondo eligió para barrio de su casa. Hace quince años la Mutual de Arte Popular nacía en Necochea 1389, la casa de los radioaficionados, que alquiló a la organización el salón del fondo. En desuso y sin posibilidades de utilizarlo por parte del RadioClub. Quince años pagando puntualmente el alquiler hasta la comunicación de que deberán dejar el lugar a fines de febrero. Ahora, en un rato no más. ¿Los argumentos? Construir un edificio de departamentos. Sobre la sede, supuestamente. Macondo desplegó sus alas de mariposa monarca una década y media en ese barrio, puso carnavales en la avenida Junín, convocó a los chicos de escuelas como 60, 53 y 6, de los CECs, de todas las esquinas, para hacer arte. Para que la cabeza se abriera y salieran las palomas, como de las galeras de los magos.

Macondo fue teatro propio, café concert con el talento superlativo de Lucy Iguerategui, Julio Benítez y el grupo que forjaron, fue teatro comunitario con el barrio en escena, fue pibes pintando, escribiendo revistas, modelando máscaras y cabezones, avivando títeres con sus manitos. Macondo dio vuelta el barrio El Provincial, como la estación impone que se lo llame. La estación del ex ferrocarril que se detuvo en 1963 pero el edificio quedó ahí, bello e impávido. Sin creer que hasta la policía lo ocupó pero ni la municipalidad ni la provincia ni los ferrocarriles ni quien corresponda es capaz de poner una firma para que sea ocupado, el edificio, por Macondo y una gestión comunitaria de un sueño cultural.

Macondo se queda sin casa en pocos días. Y hace quince años abrió el portón para crear y crear. No desplegaron escenario para otros: se subieron ellos y la vecindad.

Pasaje a la magia

"Ese portón que conducía al salón que de vez en cuando se abría para hacer una fiesta del club de radioaficionados y un día se abrió para convertirse en un espacio de arte", recuerda Julio Benítez. Entonces "los vecinos y vecinas, niñes, instituciones educativas, tuvieron la posibilidad de trasponer un portón y encontrarse como nunca antes con una obra de arte, con la feria de la economía social, con una charla, un ciclo de cine, festivales para el día del niño, talleres de cerámica, teatro, un banquito de la buena fe, exposiciones de plástica, talleres de música, de periodismo… es decir, se abrió una puerta a un nuevo mundo".

Fue, dice, como si se abriera un pasaje "que posibilita en las películas pasar a un lugar encantado, a un bosque mágico. Como el conejo de Alicia que se mete en el agujero al pie del árbol, y Alicia lo sigue y pasa a un mundo que existía paralelamente a ella y tiene por primera vez la posibilidad de encontrarse con ese mundo". Ese fue "el aporte al barrio, el aporte para el CEC 801, para la escuela 6, las escuelas 60, 53, 52, para todos los que un día pasaron y se encontraron con personas que los invitaban a jugar, a imaginar, a estar con otros, de otra manera."

Ese barrio pudo ver, en 2008, que "un edificio abandonado por el tren que pasó por última vez hacía más de 30 años ahora se convertía en un espacio donde aparecía un carnaval popular". Y entonces sobre el playón de la estación estallaba el carnaval: "si ibas con una silla había un grupo de personas que te hacían pensar, imaginar. Y podías pegar tus deseos y los del barrio en un momo". Y poquito tiempo después "esa misma gente del barrio se vio convocada a ver teatro y a participar de él". Apareció el teatro comunitario. Desde el Catalinas Sur de Barracas, al antiguo barrio ferroviario de Olavarría.

Esas calles "que nunca habían sido habitadas por el teatro comenzaron a serlo y no sólo por el teatro de Olavarría sino de otras ciudades: se pudieron conocer otros grupos que venían desde lejos para compartir amorosamente lo que la memoria colectiva intenta reconstruir".

Esas voces

Eduardo Bermejo es integrante de "La Alta Gama". Llegó desde Mendoza y asegura que "Macondo es un lugar de formación como persona, más allá de la cultura. Todos los que participamos en los talleres terminamos teniendo la misma conciencia sobre las cosas que importan. Han sido muy importantes en mi vida".

Tajante, Lorena D´Onofrio pone las cosas en su lugar: "Macondo no es un lugar fijo. Es un sentimiento". Y recuerda que cuando aterrizó en el barrio "fue inmediata la conexión con Macondo, fue insertarnos en el carnaval y corretear disfrazada de mascarita con mi hija debajo de los árboles para sumarme a esa caravana loca. Después mis hijos empezaron a participar de los talleres. Ha sido un espacio de mucha contención para todos; se comparte el pensamiento y una idea en común. Hemos pasado momentos muy felices". Además, "el sentido de pertenencia con la estación nació desde el principio".

Iguerategui y Benítez, dos de los fundadores de la mutual allá por 2006, son claros: "la responsabilidad de tener que irnos es de la comisión del RadioClub. Son los que toman la decisión de que no nos van a alquilar más el lugar. Esgrimieron razones que no nos conforman, por las que debemos irnos".

"Después, no creo que debamos hacer cargo a nadie" sino "hacer una invitación a todos quienes han sentido que Macondo les dio algo, que significó algo para su vida, para la recuperación de un nuevo lugar donde siga siendo posible". Porque "los imposibles se hacen posibles cuando unes cuantes se juntan para poder lograrlo". Y porque "en Macondo la gente vuela, llueven mariposas y cangrejos así que es difícil que algo sea imposible".

Macondo también es la muestra cabal de que puede existir una mutual de arte popular. Fue la primera de la región. "No sólo dejó una huella y una transformación en el lugar sino que se multiplicó por otros barrios; aquí se hizo una revista escrita por jóvenes que trascendió el barrio. Y también en Macondo nació de la mano de Martha Ferro un grupo de títeres de 5 o 6 personas bajo el nombre de Los Gardelitos que recorrió barrios, que fue a llevar la magia de los muñecos animados a localidades rurales donde nadie llega, con la magia de muñecos animados".

El escribano Daniel García entró por la música. "Yo sólo quería cantar un tango completo", dijo. Y lo logró. Después vino el teatro. Y no se fue más. Macondo "ocupa un espacio de cultura popular. Y al no tener fines de lucro su sostenimiento no es sencillo. Al local donde funciona se le termina el contrato y nadie se hace cargo ni asume la responsabilidad de decir qué se hace con un espacio de cultura popular". Entonces, dice lo que se cae de todas las bocas: "vergonzosamente, a dos cuadras de donde funciona Macondo está la estación del ferrocarril que hace años que está vacía, sin ningún destino. Es inentendible por qué ningún gobierno puede resolver el destino de esa estación a un espacio cultural. Qué trámite tan complejo, qué decisión tan terrible hay que tomar para lograrlo… Está el espacio, está la gente, la capacidad de llevarlo adelante y resulta que alguien oscuro dice no, ustedes acá no".

García se encontró compartiendo "con chicos de 12 y 13 años y yo tengo unos 70 y largos. Y nos pudimos encontrar gracias al teatro". En ese punto Danilo Gallardo recuerda que "arranqué a los 14 y tengo 20. Me cambió como persona, en muchas cosas. Fue un cambio de cabeza total, en la forma de llevar a cabo mi vida. Si yo no llegaba a Macondo, por una cuestión mía actitudinal hay un montón de cosas que no hubiera hecho en la vida". Y Manuel Santellán, que tiene 19 y recuerda que a los 5 tiraba un trencito en el carnaval, habla desde su calidad de nieto de Lucy y Julio. "Macondo fue la infancia para mí. Allí desarrollé los años vitales en familia. En Macondo todo el mundo se siente cómodo. Todos se preocupan por el otro".

Ivana Jara es, acaso, la más nueva. Siempre quiso hacer teatro. Un día traspasó el portón mágico de Macondo. "Desde ese día me sentí familia y quise quedarme". Donde "te reciben con los brazos abiertos, te ofrecen la oportunidad de expandirte, de ser. Hice una sola obra, me enamoré y llegó la pandemia… el primer día que llegué me dieron un papel y salí feliz". Por eso "no quiero que se vayan de acá, que no nos cierren esta oportunidad".

Quince años

Dice Lucy: "15 años. Reiterás para hacerte a la idea. 15 años". Y no lo puede creer. "Macondo es el portón de colores. Acá dan arte y no te cobran. Es la casa grande de los títeres, las máscaras, los vestidos esperando personajes. Es el cine con pizzetas, el taller de canto de Saravia, los encuentros de teatro, noches de humor con la Alta Gama, las exposiciones de los que asisten a los talleres todos retratados frente a las obras, sonrientes para siempre, el ensamble con Sikuris, las visitas de los maestros, Gasparini, Minutoli, Talento, Saborido, Pino Solanas, Yasky y Martha Ferro que no se fue nunca".

Y sigue Lucy Iguerategui en su enumeración nostálgica, a días de desalojar la casa donde nació la mutual de arte popular. "Grandes, chicos, medianos, hijos, madres, abuelos, conformando ‘Los bufones del andén’, el grupo de teatro comunitario". Y ahí no más "el tren que ya no viene. Y la estación que se derrumba sola. Ahí hicimos ‘Los niños de Soriano’, ‘Nicasio Luna’, ‘El día que la chusma acorraló a Bartolomé’. Ahí frente a puertas y ventanas tapiadas festejamos los carnavales, a metros quemamos los momos. Pidiendo por amor, por trabajo, por salud, por volver, por el Diego". La estación, la que debería ser para Macondo, la que quedará vacía y poblada de telarañas y de derrumbes cuando Macondo se vaya de Necochea y Piedras, "es un lugar fantasmagórico, que está pero no existe para nadie. Está pero no existe. No le importa a nadie. No es para nadie".

Sandra Aguayo es, hoy, presidenta de la comisión de la mutual. Convencida de que "el espacio físico cumplió un ciclo y nos merecemos la estación por derecho propio. Por identidad. Por lo avanzadas que vienen las gestiones a nivel provincial y local; ése es nuestro lugar natural". Por eso alzó la voz del reclamo: "le pido al gobierno nacional y popular que se cumpla el compromiso adquirido, que lo hagan carne, que se hagan responsables. Tenemos el derecho a ese espacio". En el que, agregó Julio Benítez, "la idea es llevar adelante un centro cultural de gestión comunitaria, es decir que se conforme una mesa con vecinos, instituciones educativas y decidir qué se hace".

Ahora la pelota está en campo ajeno. Macondo es esto y no puede caerse porque le arrebaten su lugar. Ahora tienen que jugar todos los que pasaron por allí, con rabonas y sombreritos para alzar otro lugar. Para que aquellos que prometieron que el tren se detenga en este andén, acá, en el Provincial, pongan la firma de una vez. Porque el barrio no está dispuesto a resignarse.

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