Edición Anterior: 17 de Junio de 2009
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ENFOQUE
Barack Obama, el poder blando


Aleardo F. Laría


El profesor de la Universidad de Harvard, Joseph Nye ha popularizado la expresión "poder blando" (soft power) para describir la habilidad de un país para incidir en las acciones de otras naciones, valiéndose de medios culturales e ideológicos.

El poder blando se diferencia del poder duro -es decir la acción militar o económica meramente coercitiva- porque utiliza los métodos sutiles de la persuasión, basados en el diálogo y la confianza en el peso de las propias ideas. En el discurso con el que se ha dirigido al mundo musulmán desde El Cairo, el presidente Barack Obama, parece haber adoptado la estrategia recomendada por Nye.

A la vez que negaba implícitamente las tesis del inevitable "choque de civilizaciones", Obama basó su discurso en una afirmación reiterada: "Los Estados Unidos no están en guerra con el islam".

Por el contrario, la cultura musulmana, que demostró durante el período de presencia en la península ibérica en Córdoba y Andalucía su respeto por otras religiones y los valores de la tolerancia y de la igualdad racial, forma parte de la cultura de Occidente.

De allí, que Obama manifestara que los países occidentales tendrían que permitir que los ciudadanos musulmanes practiquen su religión libremente, sin dictarles, por ejemplo, cómo deben vestir sus mujeres. "No podemos disfrazar la hostilidad hacia una religión con el pretexto del liberalismo", afirmó.

Otro de los ejes del discurso de Obama giró alrededor de la afirmación de que "ningún sistema de gobierno debe ser impuesto por una nación a otro". Reconoció explícitamente el error de la guerra de Irak -una guerra "elegida", dijo- y garantizó que los Estados Unidos no buscan las riquezas de Afganistán ni pretenden quedarse en ese país.

Afirmó también que "el poder militar no resolverá por sí solo los problemas de Afganistán y Pakistán" y que lo sucedido en Irak le recuerda a Estados Unidos que, siempre que sea posible, es necesario usar la diplomacia y el consenso internacional para resolver los problemas. Admitió que su país había perdido en ocasiones sus valores con el uso de la tortura o la apertura de Guantánamo.

Por otra parte, defendió el derecho de Irán a desarrollar su industria nuclear con fines pacíficos, en el marco del Tratado de No Proliferación, aunque reiteró la necesidad de evitar una carrera armamentística nuclear en Oriente Próximo. Estableció la necesidad de avanzar en el entendimiento mutuo mediante el diálogo, sin poner condiciones previas.

En relación con el conflicto palestino-israelí, después de reivindicar el derecho a la existencia de Israel, afirmó que "el pueblo palestino padece la humillación diaria -grande y pequeña- que conlleva la ocupación". Comparó el sufrimiento de los palestinos al de los negros estadounidenses "quienes sufrieron durante siglos el látigo como esclavos y la humillación de la segregación, pero que no ganaron la equiparación de derechos mediante la violencia".

Obama manifestó indirectamente su inclinación por la propuesta de la Liga Arabe reunida en Riad en 2007, consistente en la retirada israelí de los territorios ocupados en 1967; solución justa al problema de los refugiados y aceptación de un Estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza, con capitalidad en Jerusalén Este.

A cambio, los países árabes darían por finalizado el conflicto con Israel y firmarían un acuerdo de paz para garantizar la seguridad de todos los Estados de la región.

No sería correcto minimizar el importante giro que el presidente Obama ha dado a la política exterior de los Estados Unidos. Claramente, se ha iniciado un nuevo período donde el unilateralismo de la época de Bush ha sido sustituido por un multilateralismo basado en la cooperación y el entendimiento entre las naciones. La sintonía con la tradicional política exterior europea, más diplomática que bélica, es notable y se abren posibilidades de alcanzar una colaboración cada vez mayor, de invalorables consecuencias.

No es habitual que un líder mundial se dirija al mundo sin eufemismos y ajustando el lenguaje al terreno concreto de los hechos. Sería injusto afirmar que son meras palabras. No se deben menospreciar las palabras.

Como afirma Felipe González, con palabras empezó el "choque de civilizaciones" y la guerra de Irak. De las palabras nacen tanto la guerra como la paz. Ya era hora que en nuestro atormentado planeta volviera la palabra civilización a reconciliarse con la palabra paz.

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