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02.10 | Carta de Lectores Carta de Lectores

¿Educación para la libertad o para la esclavitud?

Sr. Director:

La finalidad de la educación en la democracia, debiera ser la formación de un individuo creativo, integrado socialmente, como necesidad vital de nuestra cultura.

La elección se plantea así, entre una teoría educativa libertaria, democrática, y otra totalitaria, dictatorial, respecto de la misma. Entre un concepto de sociedad como comunidad de personas en busca del equilibrio a través de la ayuda mutua, de la cooperación, de la solidaridad, y otro, como colección de gente que se adapta a la imposición de un estado autoritario, que no acepta el debate ni la crítica.

La educación debiera fomentar el crecimiento de lo que cada ser humano posee de individual, armonizándolo con la unidad orgánica del grupo social al cual pertenece.

Se debe conformar un sistema educativo que forme personas pensantes, que cooperen en un sistema solidario, dejando de lado progresivamente la egoísta y violenta competitividad en la que vivimos.

La educación, debiera ser no sólo un proceso de individuación, sino también de integración con la unidad social.

Ser libres en el interior de nuestras casas no significa nada, debemos ser libres en el seno de la sociedad. Una educación para la libertad, precede y excluye la formación de impulsos egoístas y antisociales, producto actual del proceso social.

No me preocupa la producción de esa cosa artificial, el erudito, sino una unidad social orgánica, el ciudadano.

Si la finalidad de la educación es la integración y no, como sucede, la información, no es ésta lo que más se necesita, sino sabiduría, equilibrio, autorrealización, rapidez, cualidades que sólo pueden provenir de un entrenamiento unificado de los sentidos, para la actividad de vivir.

En la actualidad, aprender es a menudo saber, sin preocuparse mucho por sentir, y nada por hacer. El bien educado hace algo que sabe, poniendo en ello su corazón.

Hay que desistir del hábito común de considerar al alumno de escuela elemental y al de escuela secundaria como dos animales diferentes, para quienes deben prepararse distintas jaulas con distintos guardianes.

Por otra parte, la concepción aceptada de la educación, como colección de materias en competencia, enseñadas por especialistas separados en aulas separadas, es tan grotesca que no puede responder a principio alguno de organización, sino sólo a la acumulación caótica de un proceso histórico no dirigido.

Además, nada podría concebirse tan inadecuado en cuanto método educativo, tan lastimosamente fragmentario, como el sistema de aulas con que se enseñan las materias.

Si a todo esto le agregamos el hecho de que se desea transformar a los estudiantes en esclavos obligados de las empresas, es evidente que se llega al límite del manoseo. Casi una colimba.

Puede ser deseable que, en el caso de secundarios con salida laboral, exista una práctica rentada de tres meses, con un salario mínimo común al resto, bajo la supervisión de un docente, en actividades de su profesión o estudios. Pero no es esto lo que se quiere obligar desde el gobierno.

Néstor Mineo
DNI 5.498.259