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05.11 | Columnistas 

"Aprender por miedo no sirve para la construcción de la personalidad"

Un informe de Unicef arrojó que, en Argentina, siete de cada diez niños padecen distintos modos de violencia. La pediatra Alejandra Capriata ofrece su postura. Por Claudia Rafael

Claudia Rafael

crafael@elpopular.com.ar

Quizás una de las claves radica en eso que la pediatra Alejandra Capriata define, al igual que en educación, como currículum oculto. "Una cosa es lo que digo; otra, lo que hago". La "guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos" que publicó Unicef esta semana en el marco de la iniciativa "Crianza sin violencia" plantea que en Argentina, el 70 por ciento de los niños de 2 a 4 años padecen alguna forma de violencia que incluye maltrato físico o psicológico. Y se trata de lo que muchos adultos engloban bajo lo que llaman métodos de disciplina. El 63 por ciento, son verbales; el 40,5 por ciento, físicos; y hay un 10 por ciento que reconoce la utilización de castigos físicos severos como metodología. Sin embargo, más allá de que genere estupor y muchos se horroricen ante los números fríos de la estadística, se sigue ejecutando como práctica vergonzante. Después de todo, como cuenta la médica pediatra la reacción más inmediata y sostenida es la de decir: "se trata de mi hijo y hago lo que quiero". Ante lo que deviene como respuesta: "cuando vos tenés un hijo, ya deja de ser privada la cuestión. Ya tenés obligaciones con ese chico. Legales, sociales. Como pediatra muchas veces, cuando veo que algo viene mal, tiro algún disparador para empezar a hablar del tema y suelen decirte 'ah no, en mi casa hago lo que me parece'. Cosa que no es así, porque un hijo no es un objeto, no es de su propiedad y es un sujeto que tiene derechos. Que, con la violencia, están siendo vulnerados".

Para que subsista un grado de maltrato desde el mundo adulto hacia los niños indefectiblemente hay consenso social. O, en todo caso, doble moral. La sociedad establece que algunos maltratos serán más aceptables que otros. Y no se trata de una práctica exclusiva de puertas adentro de cualquiera de los formatos de familia existentes. Es más bien una experiencia extendible a los más variados ámbitos de la sociedad: la escuela, los centros de salud, el poder judicial, los ámbitos deportivos.

Pero claramente -analiza Capriata- "una cosa son los límites y otra bien diferente, la violencia. Los límites bien puestos no significan violencia y la violencia en la crianza es algo terriblemente nocivo. No genera aprendizaje en el niño. No puede incorporar a su psiquismo la violencia como parte de la normativa. El límite se pone con respeto, con cariño, con amor. Los gritos no sirven como tampoco sirve no poner límites. Como dice el informe de Unicef, entre el 70 y el 80 por ciento de los adultos no tienen freno ni con ellos mismos ni en la crianza de sus hijos".

La entrevista completa en la edición impresa de Diario EL POPULAR