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03.12 | Columnistas 

Hábitos saludables y las dificultades para sostener un cambio en el tiempo

A partir de los resultados del informe del movimiento Revolución Saludable, un grupo de olavarrienses cuenta sus propias dificultades para cambiar los hábitos cotidianos. Actividad física, alimentación, costumbres que dañan. Pero también, los enormes esfuerzos para lograr una transformación. Por Claudia Rafael

Claudia Rafael
crafael@elpopular.com.ar

Los famosos clichés de "el lunes arranco con la dieta" o "el 1 de enero dejo de fumar" suelen ser, demasiadas veces, promesas tiradas al viento. Un estudio sobre hábitos saludables en Argentina, que abarcó un millar de encuestados arrojó que el 87 por ciento reconoció que debería modificar hábitos para lograr una vida más sana. Pero de ese total, apenas el 67 por ciento lo pudo llevar adelante. Aunque de todos los que lo intentaron, hubo un 51 por ciento que pudo sostener esa transformación durante un año. El punto de partida es, ni más ni menos, reconocer que hay un problema. Pero eso no basta. "El entorno que no acompaña", "la falta de tiempo", "la ausencia de voluntad o de constancia" son muletillas que atentan contra la continuidad. Y también, el pensar que hay ciertos permisos que no es posible darse porque suelen ser el pasaporte directo a la recaída. El cigarrillo es un ejemplo contundente. Hay quienes después de uno, dos o diez años decidieron que podían controlar un único cigarrillo en un evento social pero fue lo que terminó generando la vuelta a fumar.

En el estudio, encargado por "Revolución saludable", movimiento impulsado por el cardiólogo Jorge Tartaglione, los cambios más fáciles de sostener fueron el lograr hacerse chequeos de salud periódicos (90 por ciento); bajar el consumo de sal y de carne (81 y 79 por ciento), disminuir el consumo de alcohol (73 por ciento). Pero el cigarrillo y la cantidad de horas de sueño nocturno son los más complejos de sostener.

Cambios e intentos

Tres preguntas básicas fueron respondidas por un grupo de olavarrienses relacionadas con los hábitos saludables y las dificultades o complejidades para sostenerlos en el tiempo: ¿Qué hábitos negativos no logra o no intenta modificar?; ¿Cuáles han sido modificados pero en algún momento resultan complicados de sostener? y ¿cuáles han sido definitivamente cambiados?

Alicia Mogávero, activa referente de la colectividad italiana en la ciudad, ubicó la alimentación en el primer interrogante. "Empiezo a tener una dieta saludable para bajar de peso pero siempre hay alguna fiesta, cena o algo que cambia los planes y la interrumpo". Lo complicado de sostener en el tiempo es "hacer ejercicio, por ejemplo natación, que es lo único que me gusta dentro de lo que es el deporte. Pero siempre me enfermo con los cambios de temperatura en el invierno y en verano, no puedo andar mucho al sol. Aunque tal vez solo sean excusas y sea únicamente falta de constancia lo mío". El aprender a decir no es quizás uno de los ejercicios más difíciles. Sin embargo, Alicia respondió que lo que siente como un cambio definitivo es "decir que no ante ciertos requerimientos y mantenerme firme".

La jueza en lo Correccional Cecilia Desiata siente que "hacer ejercicio y comer sano" son -al menos hasta ahora- dos hábitos inmanejables. Y "hacer alguna actividad no laboral recreativa" es algo modificado que, en ocasiones, tiene vuelta atrás. Los cambios definitivos, en tanto, "desgraciadamente, nunca los logré".

El movimiento dirigido por Tartaglione invita a "bajar un cambio y comenzar a preocuparnos por nuestro cuerpo, que es el único que tenemos, priorizando las cosas realmente importantes para ser más felices. Con modificar algunas conductas, estamos muy cerca de disfrutar más de la vida".

En ese sentido, la peluquera Josefa Martínez analizó que "hábitos malos tuve muchos pero he tratado de modificarlos a todos. Con algunos pude, con otros, no". En ese sentido, hace eje en esas típicas corridas "detrás del mal llamado éxito profesional y del dinero. Corrés contra el tiempo y la verdad no llegás a nada. Logré modificar conductas dañinas que después de mucha terapia me di cuenta de que eran castigos que me imponía por no sentirme con derecho a ser feliz". Una dificultad que coloca en la cima de la pirámide es el control de la comida. Pero por fuera de esa cuestión común a grandes mayorías plantea como un enorme logro el haber podido cambiar "el orden de prioridades en mi vida. Antes estaba el trabajo, la familia, la joda y después de mucho, estaba yo. Ahora, estoy primero yo".

El consumo excesivo de sal y de azúcar son las dos grandes costumbres que el fiscal general de Azul, Marcelo Sobrino, ubica como negativas e inmodificables. Lo que a veces está y en ocasiones no, es la "regularidad en el deporte" y lo positivo que parece que llegó para quedarse es el consumo de frutas y vegetales. "En parte gracias a la vaporera". La falta de sistematicidad en la actividad física "tiene que ver con que mi tipo de trabajo me obliga a viajar bastante. Aunque tengo la suerte de haber hecho mucho deporte desde chico. Nunca fumé y casi soy abstemio. Eso me ayuda mucho".

Cinco pasos

Los cinco pasos que Revolución Saludable propone para mejorar los hábitos son: "Proponerse objetivos medibles y a corto plazo; valorar los pequeños triunfos; no darse por vencido ante el primer tropiezo; evitar autojustificarnos para caer en tentaciones y compartir con alguien el desafío de vivir mejor y motivarse mutuamente".

El docente y director jubilado, ex candidato a concejal Carlos Stebani, planteó que "en mi caso el principal problema es la falta de actividad física. Mi rutina de trabajo es más bien sedentaria y mental, por lo que hace falta el complemento corporal. He intentado en varias veces comenzar el gimnasio, pero ni pagando logro generar una actividad regular y termino dejando". En cambio "he logrado y hasta ahora cumplo, clasificar y jerarquizar los problemas que se presentan a diario y así poder abordarlos. Esto último lo aprendí en yoga, actividad muy buena, pero sobre la cual tampoco tengo constancia".

En relación a los alimentos, si bien "creo que lo modifiqué bastante, suelo desayunar poco y cenar mucho".

Desde el periodismo radial, Paula Bottino reconoció que "entre los hábitos de vida que no logro cambiar está el control de ciertas emociones y reacciones. Me doy cuenta de que producen en mí contracturas o tensiones que luego repercuten en mi cuerpo en general". Sobre los cambios más definitivos "aprendí a escuchar algunas señales de mi cuerpo. Y eso me ayuda a sostener ciertas prácticas. A entender por qué me pasan ciertas cosas y hasta anticiparme. En eso cambié o me volví más consciente. Creo que no hay vuelta atrás de eso. Hago la actividad física que me da placer y me da bienestar... aunque me cuesta ser disciplinada en la cantidad de tiempo dedicado. Además, cuido mi alimentación y la adapto también a los tiempos y momentos familiares; cuido mis horas de sueño y descanso. Y soy muy de transmitir estos hábitos a mis hijos".

Chau pucho

La ex senadora María Isabel Gainza ubicó entre sus dificultades -con las que anda lidiando con avances y retrocesos- la alimentación y la incapacidad de "parar con la cabeza. Leo demasiados diarios, escucho radio, miro programas políticos. Y todo eso hace que mi cabeza funcione más rápido todavía. Eso sé que lo tendría que modificar y no puedo". En esa relación complicada con la comida -común a las grandes mayorías- María Isabel Gainza dijo que "como cosas sanas, pero mucha cantidad". Y entre las que tienen vaivenes, porque a veces las logra controlar y otras no tanto, mencionó su tremenda atracción por la mayonesa, el chocolate y la coca cola. "Lo que dejo y vuelvo, dejo y vuelvo es al consumo diario de lácteos". El consumo de carne y de verduras cocidas suele ser un bien escaso en su vida por su poca atracción por cocinar.

"Lo que cambié y es saludable es que hago yoga dos veces por semana desde hace años y también ahora gimnasia específica para los huesos. Sólo tomo alcohol cuando realmente tengo ganas y cada vez menos. Y hace un par de años desayuno todos los días. Ya hace veinte años que no consumo alimentos con sal. Como frutas y verduras crudas todos los días. Dejé de fumar, aunque me costó muchísimo; sufrí un año o más y lo dejé de puro porfiada", concluyó.

Conciso y concreto, el ex concejal Saúl Bajamón dijo: "Debería comer menos pan y caminar más". Y justamente es el caminar una costumbre que a veces sostiene y otras no. Y, al igual que la ex legisladora provincial, el cigarrillo pertenece a un hábito del pasado. Bajamón dejó de "fumar hace más de un año, no pienso volver hacerlo y me molesta que fumen".

Para el impulsor de Revolución saludable los resultados del informe dejan en claro que el cambio de hábitos redunda, a largo plazo, en "prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles, que son causas severas de mortalidad y morbilidad". Y, para asegurar el éxito en esa búsqueda recomienda objetivos a corto plazo y sin ambiguedades. "´Caminar media hora por día cuando vuelvo del trabajo' y no objetivos ambiguos como 'hacer más ejercicio'". Y si no es posible, adaptarse a "dos bloques de 15 minutos o complementar con subir los pisos por escaleras en vez de tomar siempre el ascensor".

Salud y pobreza

La pobreza y los hábitos de vida saludable van, demasiadas veces, por vías paralelas. Los hidratos de carbono suelen ser un ingrediente mayoritario en la dieta. Y son los sectores de bajos ingresos los que quedan sumidos en la inseguridad alimentaria. En definitiva, son los que tienen que dedicar el mayor porcentaje de sus ingresos a la alimentación y a la supervivencia.

Se trata de una franja social que a la hora de tener que disminuir gastos, recorta los alimentos con mayores nutrientes e incrementa harinas, fideos, arroz, polenta. Disminuyen los cereales, las frutas, los lácteos y las verduras. Se incorporan alimentos altamente procesados y con más calorías.

Si bien para cambiar hacia una vida saludable es imprescindible primero comprender lo negativo de ciertos hábitos, no siempre es el pasaporte al cambio. Las condiciones socioeconómicas suelen ser una muralla que demasiadas veces resulta imposible de sortear. Pero además, la insalubridad alimentaria marca la vida de una persona durante los primeros años de su vida.

Con lo cual, si bien hay una enorme decisión individual a la hora de definir un cambio de vida, gran parte de los hábitos saludables sólo son posibles cuando hay un plafón económico que permitan sostenerlos.