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11.02 | Columnistas AGRONEGOCIOS. Las consecuencias de la compactación del suelo y el monocultivo

Salta inundada y la soja que extiende sus fronteras en Olavarría y en el país

Salta es un paradigma: es la provincia que más deforestó en el mundo en los últimos años. Y muestra la evacuación más grande de la historia. En esa provincia y en Olavarría la soja ha corrido todas las fronteras agropecuarias, reducido al ganado, expulsado poblaciones, talado los bosques y compactado los suelos. Las consecuencias ya se están viviendo. Por Silvana Melo

Silvana Melo

smelo@elpopular.com.ar

En estos días terribles de Salta, la provincia aparece en horario central. Por tragedia y por record: nunca en la historia un pueblo entero, como Santa Victoria Este, tuvo que irse de su territorio porque el agua lo cubrió todo. Salta, que parece estar tan lejos. Y no lo está. Olavarría sabe lo que se siente cuando el agua se levanta desbordada por quién sabe qué maldiciones. O por las consecuencias de sí se sabe qué manos. Olavarría sabe y no está para nada lejos de esa Salta en pleno castigo. Porque la expansión de la frontera agropecuaria, el monocultivo y el maltrato de la tierra son fenómenos que comparten el norte olvidado y la provincia de Buenos Aires. Si Olavarría pasó de 5.000 hectáreas sembradas con soja en la campaña 1989/90 a las 97.000 de 2010/11 (números estadísticos de Carbap), quitó campo a la ganadería y expulsó gente a la ciudad, Salta fue el territorio de mayor desmonte en el mundo: 1.100.000 hectáreas de bosque en diez años. Con el mismo objetivo que la expansión agraria local: la rentabilidad de la soja, transgénica y exportable a un mercado asiático con recursos. Y nada de esto es gratuito.

En los últimos años, Salta desmontó el 2,5% de los bosques nativos por año, mientras que el promedio latinoamericano fue del 0,51%. Y el mundial, del 0,20%. Lucas Seghezzo, doctor en Ciencias del Medio Ambiente e investigador del Conicet, calculó que la deforestación anual en Salta "supera en más de un 1.000 %" a la media global. Con un promedio de 100.000 hectáreas por año. La provincia arrasada por las inundaciones es la reina de la desprotección de suelos por la deforestación. Porque, sintetizó Seghezzo, "a fines de los 90 llegó la soja transgénica que se vende a alto precio" y porque "la región sudamericana" que integra Salta "todavía tiene tierra por deforestar".

Campo pavimentado

El académico Jorge Rulli recordó que "la siembra directa fue concebida como una agricultura natural, ecológica, con abundantes rotaciones y con sumo respeto por la vida del suelo". Pero cuando el mercado exigió mayor productividad para vender más, se incorporaron enormes y pesadísimos tractores, sembradoras, mosquitos pulverizadores. Al no labrarse la tierra, el peso de las máquinas terminó de compactar el suelo. Entonces el agua no penetra, pasa de largo y es lo que el ecoagrónomo Walter Pengue llama "la pavimentación del campo". "La demanda en aumento de porotos de soja y su precio sostenido durante una década dejó de lado las rotaciones con otros cultivos, que posibilitaban, luego de la cosecha, abandonar sobre los suelos materia orgánica o barbecho para reponerlos", agrega Rulli.

Pengue habla mágicamente de algo concretísimo: los "ríos voladores", que es el movimiento de agua proveniente de las lluvias que se produce en las copas de los bosques y las selvas. Y que a veces no llega ni a tocar el suelo. El desmonte descarga toda el agua en un suelo compactado que no absorbe. De ahí al desastre salteño, medio paso.

Rulli agrega una pata fundamental del sistema: "se pulveriza glifosato y otros agroquímicos de modo masivo para eliminar malezas perennes y así, año tras año, se fue afectando sensiblemente la microvida del suelo, que facilita la reposición de los nutrientes, así como el laboreo que realizan las lombrices, hoy ya en muchos campos inexistentes".

Desde que en 1996 Carlos Menem con la firma de su ministro agrario Felipe Solá abrió las puertas a la soja transgénica, la implantación de un modelo de agronegocios, extractivo y de producción masiva de commodities de gran rentabilidad tuvo consecuencias claras: una población rural expulsada a la periferia de las ciudades -donde, como en Salta, termina sufriendo las consecuencias de las inundaciones provocadas por el mismo fenómeno que la cesanteó de su territorio-, cuatrocientos mil pequeños productores arruinados, el cierre de millares de tambos y el endeudamiento de los sobrevivientes para incorporar paquetes tecnológicos de semillas con mutaciones genéticas, herbicidas, pesticidas y máquinas, todo vendido por las mismas multinacionales.

Zonas "marginales"

En la edición del 20 de febrero de 2008, EL POPULAR publicaba, bajo el título "El agro gana terreno y llega a áreas no tradicionales", una nota descriptiva objetivamente del avance de la soja y con los ojos puestos en un futuro cercano.

Un productor, perteneciente a la Cooperativa Agraria de Olavarría, explicaba que "Olavarría cuenta con dos o tres sectores netamente agrícolas, como Las Catalinas, Las Piedritas, Blanca Chica, Colonia San Miguel, Hinojo, parte de Sierras Bayas... Después hay otras zonas, donde uno se encuentra con lotes mixtos, con partes agrícolas y partes ganaderas, hoy totalmente volcados al agro. Pero también hay otros lugares, en sectores que históricamente han sido ganaderos, a los que ya se los está salpicando con soja". Las tierras ganadas a las vacas, aclaraba, no son tan buenas como las sembradas pero "en los años en los que viene bien la lluvia y con los agregados de agroquímicos y fertilizantes, más las nuevas tecnologías, se puede conseguir un rinde aceptable". Diez años atrás ya estaba en marcha un modelo indetenible de agotamiento de los recursos de la tierra a través del uso indiscriminado de agroquímicos.

A la vez, EL POPULAR (febrero de 2008) recogía voces "del mundo agropecuario" que "afirman que el proceso es irreversible, ya que todo lo que gana el agro, no vuelve atrás". El productor remataba su opinión con un presagio: "en estos momentos, el panorama mundial es totalmente distinto. Apareció el mercado asiático, con miles de millones de habitantes, lo que representa un mercado ávido de alimentos con mucho poder adquisitivo. Calculo que por los próximos cinco años estará asegurada la rentabilidad de la agricultura en la Argentina. El que produce granos no le errará en ese lapso".

La misma nota contaba 765.878 hectáreas del partido de Olavarría y "más de 100.000 cultivadas". El sitio web del Municipio contabilizó, en la campaña 2016/17 121.167 hectáreas cultivadas. Un 20% más que hace diez años. Más del 60% estuvo integrado por soja de primera y soja de segunda.

Según las estadísticas de Carbap, Olavarría evolucionó desde las 5.000 hectáreas con soja de la campaña 1989/90 a las 93.000 del récord 2009/10. Según el Ministerio de Economía de la Provincia (2012), en territorio bonaerense la evolución fue del 5,3 % de la superficie cultivada de la campaña 80/81 al 50,5% de 2009/10 (ver gráficos).

Salta, un paradigma

La siembra con semillas transgénicas, según Jorge Rulli, ya llega a 30 millones de hectáreas en la Argentina.

El corrimiento de bosques y cría para el pacman de la soja hizo de Salta un territorio paradigma: "Esos bosques han tardado siglos en formarse y en Salta la soja significa cosechas muy buenas por un período muy breve, del orden de los 10 años y después hay que abandonar el campo. Entonces nuevamente el nivel de irresponsabilidad de destruir un bosque que ha llevado siglos en formarse para que alguien haga negocios es algo absolutamente condenable", dice Antonio Elio Brailovsky, economista y ecologista. En ese sentido, parece muy poco probable saber cuáles serán las consecuencias hidrológicas del reemplazo de pasturas y montes por la agricultura de monocultivo transgénico en vastas tierras del país. En Salta, en Olavarría y en gran parte de las provincias. Las inundaciones constantes en Buenos Aires, en territorios que nunca las habían sufrido es más que un alerta. Y los responsables eligen hablar de una abstracción como "el cambio climático" que parece caído del cielo sin responsabilidades terrenales.

Rulli, en una impactante nota en revista Anfibia, define que en Argentina "luego de muchos años de cosechas récord de transgénicos, queda expuesta nuestra pobre calidad de vida, millones de hectáreas inundadas o al borde de la desertización y una economía de exportación cada vez más frágil y basada en los caprichos de los mercados internacionales".

Mientras Dardo Lizárraga -empresario de Monsanto- enumeraba en su cuenta de Twitter las razones por las que Francia le negó a Macri el acuerdo Mercosur - Unión Europea: "diferencias en protección a trabajadores del agro, uso de glifosato y transgénicos, poco control de prácticas y otros aspectos económicos - en resumen, aún nos falta ser sostenibles social, ambiental y económicamente".