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11.02 | Columnistas Los problemas de la región se profundizan según un estudio

Democracia diabética en América Latina

En 2017 se acentuó una tendencia iniciada hace cinco años en América Latina: un progresivo desencanto de los latinoamericanos con la democracia: "con bajas sistemáticas del apoyo y la satisfacción de la democracia, así como de la percepción de que se gobierna para unos pocos", según se señala en el informe anual de la Corporación Latinobarómetro, una organización que viene monitoreando la situación de esta zona del mundo desde 1995. Por Daniel Puertas

Daniel Puertas
dpuertas@elpopular.com.ar

La Argentina no escapa a esa realidad, que presenta distintas particularidades según los países pero que tienen como factor común el declive de la democracia, fenómeno que también se verifica en Europa. En la introducción del informe correspondiente al año pasado se señala que el sistema imperante en la región es "es una democracia diabética que no alarma, con un lento y paulatino declive de múltiples indicadores, distintos según el país, y el momento, que permite de alguna manera ignorarlos como fenómeno social. Sin embargo, vistos en conjunto, esos indicadores revelan el deterioro sistemático y creciente de las democracias de la región. No se observan indicadores de consolidación, sino, acaso, indicadores de des-consolidación".

También se indica que "en el año 2016 dimos cuenta del reconcomiendo mundial sobre el retroceso que tenían las democracias de la "tercera ola" y como académicos de distintas latitudes alertaron sus peligros. Durante 2016 y 2017 han continuado sucediendo los acontecimientos que afectan la democracia, especialmente en los países del primer mundo".

Se agrega que "las últimas elecciones en EE.UU., el Reino Unido, Francia, Alemania, Austria, muestran una tendencia en el mismo sentido: los votantes de los países toman cada día menos en cuenta el mundo que los rodea y basan su comportamiento en el mundo inmediato en el que viven sus experiencias a diario. Es así como los analistas locales y extranjeros no supieron identificar los cambios que llegaron con las elecciones mencionadas. El panorama político mundial cambió entre 2016 y 2017. Lo sucedido tiene consecuencias de largo aliento, el surgimiento de la extrema derecha como fuerza política en Europa, la llegada de ella al parlamento alemán son acontecimientos en occidente que tienen implicancias mundiales. No menos significativo es observar la social democracia y el socialismo. ¿Son esos los efectos de la caída del muro de Berlín con impacto rezagado de un cuarto de siglo?? No hay aún respuestas a estas interrogantes. Arent dice que después de grandes avances se producen pausas antes de retomar".

Sobre los sucesos latinoamericanos ser señala que "no se puede ignorar tanto las continuidades políticas, como la de Ecuador después de 10 años de gobierno de Rafael Correa, como la alternancia en el poder en Argentina. No menos significativas son las elecciones a gobernador que acaba de ganar el oficialismo en Venezuela. Todas ellas de alguna manera muestran una realidad mucho más difícil de explicar que si hubiera continuidad, "business as usual". No hay explicaciones blanco y negro, no se trata de la simple derrota de la izquierda, ni tampoco del avenimiento de la derecha. Las elecciones de 2017 y 2018 muy probablemente nos dejarán nuevamente sin poder explicar claramente lo que nos pasa. Los votantes van delante, la elite y nosotros los cientistas sociales, definitivamente detrás de los acontecimientos, sin poder anticipar lo que viene".

En los últimos años ha aparecido en algunos países latinoamericanos una clase media que se benefició de los cambios económicos. Pero "el contraste es con los que se quedan atrás y no se benefician del crecimiento. Ello lleva a la polarización económica de la población es decir las nuevas fuentes de conflicto y desigualdad, en una mala distribución del desarrollo".

Al igual que en años anteriores, los expertos quedan desorientados con el caso venezolano: "históricamente Latinobarómetro ha medido las mismas preguntas en Venezuela que en el resto de la región. La diferencia es que el indicador principal de la democracia, el apoyo al régimen ha tenido un comportamiento paradojal con los apoyos más altos en promedio que otros países, al mismo nivel que el apoyo de Uruguay, el país más democrático de la región. No se condicen estos resultados con la evaluación experta del estado de la democracia venezolana".

Se muestran sorprendidos porque "mientras en el mundo líderes fustigan las medidas del gobierno como no democráticas y califican a Venezuela como una dictadura o un régimen autoritario, los venezolanos siguen apoyando la democracia como tipo de régimen como si no pasara nada".

Las encuestas realizadas en cada uno de los países ratifican que la población más satisfecha con la democracia es la uruguaya, ya que el 57 por ciento de los ciudadanos está conforme con el sistema. En Nicaragua ese porcentaje es del 52 por ciento y en Ecuador del 51 por ciento.

La Argentina con el 38 por ciento y Costa Rica con el 45 por ciento son los tros dos países más satisfechos con la democracia, aunque sean en nuestro país sólo 4 de cada 10 personas los satisfechos con la democracia. En el último puesto de ese ranking está Brasil, donde apenas el 13 por ciento está conforme con el sistema.

Aunque sólo el 38 por ciento de los argentinos esté contento con el funcionamiento democrático, son muchos más los que creen que la democracia es el mejor sistema de gobierno, ya que comparte esa opinión el 78 por ciento de la ciudadanía, ubicando a nuestro país en el cuarto lugar de la tabla, encabezada previsiblemente por Uruguay (84%), Ecuador (83 %) y Paraguay (79%).

Los últimos puestos de esa tabla son para Guatemala (57 %) y México (54%), naciones en las que sin embargo la mayoría sigue creyendo en las virtudes democráticas.

Los nicaragüenses son los que más convencidos están de que se gobierna para el bien de todo el pueblo, ya que nada menos que el 52 por ciento cree eso. En el resto de las naciones latinoamericanas la gente es más escéptica, aunque el 42 por ciento de los bolivianos y el 38 por ciento de los ecuatorianos creen lo mismo, mientras que en la Argentina apenas el 23 por ciento de los ciudadanos cree que las intenciones de los gobernantes son favorecer a todos, lo que de cualquier modo es bastante más que el 3 por ciento de los brasileños que cree que se gobierna para unos pocos.

Sorprendentemente, el porcentaje de venezolanos que cree en las buenas intenciones de su gobierno es mayor al de los argentinos que tienen esa opinión: 25 % contra 23 %.

Para Latinobarómetro, "el lento declive de la democracia es invisible, como la diabetes, podemos constatar la existencia del problema, pero salvo excepciones los países no acusan síntomas que llamen a la alarma de los actores políticos y sociales. La indiferencia ante el tipo de régimen aumenta a 25% de un 23% en 2016. Uno de cada cuatro latinoamericanos es indiferente al tipo de régimen. El desencanto con la política está teniendo consecuencias para la democracia".

El país con más apoyo a la democracia es Venezuela con 78%.Le siguen Uruguay (70%), Ecuador (69%), Argentina (67%) y Costa Rica (62%), como los países de la región que más apoyo a la democracia concitan. Ecuador es el nuevo miembro de ese grupo de países que históricamente han apoyado más la democracia. Los países donde sus ciudadanos menos apoyan a la democracia son Honduras (34%), El Salvador (35%), y Guatemala, con 36 puntos porcentuales.

Los datos con los que trabajó Latinobarómetro pertenecen en general a agosto del año pasado, aunque hay algunos sondeos posteriores. Y la tendencia parece ir profundizándose, lo que augura un debilitamiento de la democracia en la región y plantea la necesidad de reflexionar seriamente sobre una realidad que todavía no parece haber llegado a los estrategas de la política y menos aún a la dirigencia política.