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11.03 

"Mi lugar en el mundo"

Una asistente local, Catalina, pasó por un vaivén de sensaciones. 

Alexis Grierson

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@alexisdechillar

Fue a muchas misas, y la de Olavarría tenía una sensación particular: cuando se enteró "primero no lo podía creer, sentía por un lado toda la adrenalina de una nueva misa y por el otro, toda la ilusión de cerrar un círculo, de corregir una injusticia, de poder mostrar y demostrar la fiesta, la comunión, la magia indescriptible de una misa india". Tal como los demás consultados, admitió que el rumor del último show existía, pero "nunca creí que fuese así".

Al ser olavarriense, "para mí fue sobre todo la anticipación, enterarnos de gente que se estaba abasteciendo para vender bebidas, seguir el minuto a minuto de la preparación del predio, con una amiga preparábamos el mate a la tarde e íbamos una vez por semana al predio a ver los avances. Ya cuando empezó a llegar la gente fue una fiesta. Los tres días previos fueron alucinantes. Felicidad plena, con toda la familia, los amigos, una fiesta inmensa de todos".

El show, sin embargo, dejaría mucho que desear. Si bien "nunca me imaginé la gravedad de las avalanchas, donde yo estaba había bastante lugar, y como entré temprano, nunca me di cuenta de lo lleno que estaba el predio. Creía que eran empujones nomás". Acerca de la calidad, Catalina destacó que "a nivel sonido el peor de todos los que presencié. Desde donde yo estaba (en la segunda fila de columnas hacia la derecha) el volumen se escuchaba muy bajo, y ya de por sí los parates, el frío y la perceptible incomodidad del Indio, la sensación era de frustración". De hecho, aseguró que "recuerdo pensar 'no te puedo creer que justo la misa en casa va a ser tan chota'. Toda la previa y la anticipación y la emoción dejaron la vara muy alta".

La salida, otro de los puntos más críticos, "fue normal, hasta que, llegando al final del predio (donde había estado el control de entradas, que por cierto a mí me cortaron) se generó un parate y al rato gritos de que no había salida y empujones por la gente volviéndose. Yo iba detrás de mi sobrina que en ese momento tenía 15 años y realmente sentí miedo por ella. Tuvimos que girar 180 grados y volver sobre nuestros pasos entre empujones hasta que se hizo lugar de nuevo, nos quedamos cerca de media hora sentados mientras veíamos gente desmayada, subidos a los árboles buscando una salida, todo era desolación. La gente que, claro, no conocía la zona, gritaba que nos habían encerrado, que las salidas estaban valladas".

Si se volviera a organizar un recital de esta índole, Catalina volvería, "pero no a La Colmena. Los días previos confieso que pensé que era muy corto el ingreso, generalmente hay cuadras y cuadras hasta la puerta donde te registran varias veces y eso ayuda a encauzar a la gente. Acá el trayecto eran dos cuadras oscuras y muy mal señalizadas. Si fuera en el Autódromo o a campo abierto, sí volvería".

"Me acuerdo que varios días después del recital me duró la tristeza inmensa. No podía parar de pensar que cómo, por qué justo en casa, que cómo nos dejaron solos, que el espacio que yo sentía mi lugar en el mundo se había roto. Eso era el Indio para mí. Mi lugar en el mundo" agregó, aunque, a decir verdad, "todavía me cuesta imaginarme volver, es algo parecido a cuando te vas de la casa de tus viejos. Es tu casa, la amás, pero ¿volverías a vivir ahí? Claro, después suena Juguetes Perdidos y se me pasa".