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"Nos unió el dolor, la desesperación, la necesidad y más aún la sed de justicia"

Hoy hace un año que la vida les dio un golpe del que aún no se reponen. Sin embargo, la misma tragedia que les arrebató sus parejas las hizo conocerse, armar un vínculo que hoy es clave para que puedan seguir adelante y luchar en pedido de justicia. 

Ignacio Cerdera

@nachocerdera

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Hace un año no sabían la existencia de la otra, pero hoy señalan que parecieran que se conocen de toda la vida. El dolor más profundo las hizo encontrarse y a partir de allí forjar un vínculo que es clave para tener la fortaleza y entereza que hoy exhiben. Se trata de María José y Mariana, quienes eran las parejas de Javier León y Juan Francisco Bulacio respectivamente, las dos víctimas fatales que dejó el recital del Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Olavarría. Ambas dialogaron con EL POPULAR y relataron sus experiencias y sensaciones a un año del trágico show.

"Hoy somos tan amigas, tan unidas. Nos unió el dolor, la desesperación, la necesidad, pero más aún sed de justicia", enfatizó Mariana quien además añadió que "nos contenemos una a otra. Ella es mi sostén y yo el de ella, nos identificamos mucho con lo que nos pasó, ahora es como si nos conociéramos de toda la vida".

María José habló en similares términos y subrayó como haber experimentado el mismo dolor las hermanó, e inclusive les hizo conocer personas que les tocó atravesar situaciones similares, como es el caso de Nilda Gómez, quien perdió a su hijo en la tragedia de Once. Esa mujer supo canalizar su dolor en las fuerzas y convicción necesaria para comenzar y concluir la carrera de Derecho, al no contentarse con las respuestas obtenidas. Hoy es amiga y consejera, inclusive el nexo para que en los próximos días puedan ser recibidas por autoridades nacionales en materia de Derechos Humanos.

"Un año desastroso"

La experiencia de María José es distinta, ella estuvo en Olavarría hace un año. Inclusive ese no era su primer recital del Indio, "arranqué con los redondos en Mar del Plata", recordó. Javier fue su compañero en cada una de esas presentaciones, pero Olavarría lo pensaron distinto, ya que también vinieron con su hijo, quien recientemente cumplió 18 años.

"Llegamos el mismo día a las cinco de la tarde, habíamos salidos a las 6, cuando salí del laburo", inició su relató de aquel 11 de marzo. "Estaba todo colapsado", continuó, inclusive recordó que con su teléfono tomó una foto de la casa y el cartel donde dejaron estacionado el vehículo. Desde allí comenzaron a caminar, la idea era entrar a las 19, pero lo pudieron hacer recién una hora más tarde.

"La entrada era como una peregrinación y entramos por el malón de la gente, la entrada aún hoy la tengo intacta", añadió con tono de queja. "Ir adelante me daba miedo, con `Javi´ siempre íbamos solos, pero ya con mi hijo no me convenció, aparte no se veía nada. Terminamos buscando un lugar de referencia, que eran las torres", completó.

A partir de allí iniciaría la pesadilla. "Javi se empezó a descomponer, a transpirar, a marear, buscó sentarse, no tenías espacio, eso que el recital no había empezado. Recuerdo que lo levante y dije `vamos a salir de acá y no había forma´, pensé que se le había bajado la presión", detalló.

Refirió luego que intentó en reiteradas ocasiones salir del predio, pero se les hizo imposible. A los empujones llegaron a uno de los laterales y luego no recuerda cómo terminó en una de las carpas, donde lo atendieron. Tras algunas preguntas le fue colocado un suero, pero Javier comenzó a tener síntomas de descompostura, pidiendo ir al baño y logrando que lo dejaran pasar a uno de los que eran destinados al personal médico, según continuó.

El suero le sería retirado y retornaron al predio, pero su condición sólo se hizo más grave. Descompostura, vómitos y luego ya se desplomó. Inconsciente fue llevado de nuevo a la carpa, donde se le realizarían diversas prácticas, la mayoría sin la presencia de María José, quien permanecía en un costado. Segundos después le anunciarían que lo llevaban al Hospital, pero que no había lugar para ella en la ambulancia.

"Fue una odisea salir de ahí. No sabia donde estaba la salida, el hospital, el auto", narró. "Ah, pero el está muerto". Palabras más, palabras menos, esa fue la respuesta que tuvo cuando finalmente llegó al Hospital y dijo que el paciente que buscaba se llamaba Javier León. "Imaginate el ataque que me agarró", continuó.

"Mirarle la cara a mí hijo fue desastroso", recordó. "Ahí empezó el calvario", sentenció segundos después. La vuelta a casa, el traslado del cuerpo, el periodismo instalado en la puerta de su casa, los llamados incesantes...

"Ha sido un año desastroso. Terminé medicada, con tratamiento, licencia laboral. Mi hijo con mil mambos en la cabeza. Lo hicieron quedar como un drogón que se murió en el recital del indio y no era así. Yo estaba ahí y te puedo asegurar que no fue así", finalizó.

"Convivir con el dolor"

A Mariana le tocó vivir todo desde la distancia, desde la incertidumbre, desde el temor y luego el dolor. Juan Francisco Bulacio vino con unos amigos a nuestra ciudad con la idea de que sería el último recital del Indio. Su ex pareja aún no asimila la pérdida, le duele la ausencia y más aún en fechas que de festivas sólo tienen el nombre.

3 de marzo, 24 de febrero, 12 de febrero y hasta 25 de diciembre, por sólo mencionar algunas. Cumpleaños y hasta la navidad, nada de ello se festejo en su casa. El motivo es obvio, pero la herida no cicatriza. "Es darme cuenta que el papá nunca más lo va a saludar, lloré tantas horas que se hizo de día", relató.

"Es convivir con el dolor, querer acostumbrarse y no poder, preguntar por qué así", continuó mientras refería que en su celular no sólo guarda las fotos con Juan, sino hasta copias de la causa. "El hombre que amo necesita justicia, es lo que le pido a Dios. La justicia tarda mucho, es lenta", continuó. No obstante, pese a la demora, tiene mucha fe en su abogado, a quien no sólo le halaga la parte legal, sino el acompañamiento diario.