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15.04 | Información General 

Falleció Jorge Luis "Queco" Sgarbossa

Fue una personalidad muy reconocida en el ámbito del automovilismo. Tenía 80 años. Fue presidente del AMCO y compañero de Mouras.

Una triste noticia se conoció este domingo por la mañana tras el fallecimiento de Jorge Luis "Queco" Sgarbossa a los 80 años de edad.

"Queco" fue presidente del Automóvil Moto Club Olavarría (AMCO) en el período 1981/82 y acompañante de Roberto Mouras e integrante de la Escudería Emiliozzi.

Sus restos son velados en la sala de España 2942 departamento "C" y sus restos serán cremados en el Crematorio Pinos de Paz en día y hora a confirmar.

En febrero de 2003, diario El Popular publicaba una contratapa de su edición impresa dedicada íntregramente a Jorge Luis Sgarbossa donde se lo mencionaba como comerciante, dirigente y amante del automovilismo, es decir, "Pasajero de una historia". Volvé a leer la extensa nota de aquel momento de la mano de Javier "Tuta" Torres.

Causa un poco de asombro la precisión que tiene el personaje para citar fechas y nombres. A su trayectoria en automovilismo, de más de cuatro décadas, la recorre con datos claros que arroja su memoria. Como que José Cordonier (Chevrolet) ganó las Mil Millas del año ´47, la primera carrera que observó en su vida después de escaparse por la ventana de su casa para llegar hasta la avenida Uriburu (ahora Colón).

Jorge Luis Sgarbossa es un pasajero de la historia del Turismo Carretera, disciplina que tomó con pasión desde su ingreso a la Escudería Emiliozzi a los 20 años. Luego se forjó como dirigente y llegó a ser presidente del Automóvil Moto Club Olavarría y recibió distinciones como el Olimpia ´82 por su labor, en el ´85 por Carburando y la revista Auto 2000 le entregó una plaqueta con la denominación "Al Amigo de Todos".

Arrancó de abajo, como banderillero, y llegó a ser comisario deportivo de la categoría más popular del país. Pero en Tandil recargó a Juan María Traverso, la largada se demoró y lo criticó Isidro González Longhi por Carburando y abandonó el cargo. "No quería ganarme enemigos", explica ahora.

Y dentro de los sueños cumplidos, dos veces lo acompañó en la butaca derecha a Roberto Mouras. Siempre en Olavarría: en 1989 volcaron y en 1990 rompieron una goma. "Jorge Pedersoli me bautizó de mufa" dice hoy con una risa. En el ´92, después de la muerte del Toro y el paso de la ruta al autódromo no volvió a hablar más el mismo idioma. Perdió identidad, tal vez porque es "un chapado a la antigua".

El protagonista en cuestión nació el 2 de julio de 1937 en Bahía Blanca, pero lo inscribieron en el registro civil recién el "Día de la Independencia", circunstancia que lo favoreció para no realizar la conscripción.

Al año y medio lo trasladaron a su padre Cirilo, viajante de comercio, a Olavarría donde encontraron su residencia definitiva. Se crió en la calle Alsina, entre Colón y Alvaro Barros y conoció casi todas las casas de la cuadra, porque cinco veces cambió de domicilio pero siempre en un límite de 100 metros.

En ese tiempo integraba el equipo de fútbol "Los Pulguitas" que dirigía Luis Monti. Jugaba al básquetbol y al vóleibol, pero ninguno lo seducía. A los 14 años perdió a su padre, abandonó la Escuela Industrial y con su hermana melliza Adelma, empezó a trabajar para colaborar con su madre en el hogar.

Raúl Galarza fue su primer patrón al contratarlo para barrer el taller. Y el destino abrió una puerta a su pasión. Saúl Michelini, padre de su cuñado, y Quique Morales integrantes de la Escudería Emiliozzi lo sumaron al plantel (lo demuestra la foto en blanco y negro). Conoció desde adentro las 43 victorias y los 4 campeonatos consecutivos desde 1962 al 65 de Dante y Torcuato con la brava "Galera". Y el final de la campaña deportiva en el ´69, con un moderno y sofisticado "Halcón", que se quemó en Chivilcoy.

"Con limpiar la Galera ya me daba por satisfecho" aclara emocionado. Con Víctor "Potro" Baldi formó el equipo auxiliar mayor que reabastecía a la inolvidable cupecita. A su alrededor había tachos de aceite, bidones de nafta y neumáticos.

Con orgullo dice que fueron el primer equipo que apareció completo con la misma vestimenta. Annan de Pergamino suministró las camisas y el pantalón azul eléctrico que era impactante para la época. "La gente que me rodeaba era de nivel, no existía la maldad, la hipocresía, el egoísmo y la envidia", resume.

Paralelamente empezaba a colaborar con el AMCO en las Vueltas de Olavarría. "Todavía no tenía sede, funcionaba en una habitación de la Liga de Fútbol en la calle Dorrego". De aquella época no se olvida de haber estado cumpliendo la función de banderillero en 51 y 226 cuando se produjo la muerte de Juan Gálvez.

En lo laboral, consiguió un puesto en IKA donde de mameluco blanco probaba los jeep y estancieras. Luego pasó a El Triunfo donde atendía Siam Di tella y John Deer. En ambos casos realizó cursos de mecánica y a la vuelta lo nombraron recepcionista.

La Casa del Rodamiento Mecánico necesitaba un viajante y "Queco" vislumbró su futuro. Empezó a transitar kilómetros por toda la provincia y a relacionarse con personas. Pasó por distintas sociedades, resultó ser gerente en Bahía Blanca y desde hace 11 años tiene con 4 socios un negocio relacionado con la venta de repuestos.

Dentro del automovilismo cumplió con todas las escalas. Pasó por todos los puestos de la comisión directiva del AMCO hasta ser presidente del ´80 al ´83. Formó con Alberto Ippólito el cuerpo de seguridad y banderilleros de la institución, organizó carreras y con un grupo de 120 personas se encargaron de una carrera de la ACTC en Buenos Aires, desde la boletería hasta los cómputos. "Teníamos vocación de servicio y la gente era extraordinaria", aclara.

A los 65 años confiesa haber perdido un poco de sensibilidad por el automovilismo. "Queco" se quedó en la imaginación de la radio y las noticias al instante que traía el avión.

Se considera un piloto frustrado debido a su débil posición económica, pero tampoco fue aguerrido y caradura para encarar la empresa. Igual integró la Scudería Emiliozzi Karting Club y superó en tres ocasiones consecutivas a pilotos capacitados como Adolfo Falabella, Máximo Boubée, Alberto Cuervo, Luis Leone y Alfredo Librandi.

Con Iriarte y Antonio Diorio, compartió un 2 CV en la 30 Horas Citroen en el autódromo Oscar Alfredo Gálvez. "De noche no se podía apagar las luces, pero 'Tatá' las apagaba en el fondo para tener más velocidad, pero tocó a un coche y nos recargaron", comenta. Terminaron 16º y a 100 kilómetros de promedio. Como anécdota dice que el curvón Salotto tiene tres radios de giro distintos.

Para lograr una trayectoria en el automovilismo y un reconocimiento con el paso del tiempo, siempre hay que resignar algo. En su caso resultó la familia. "Fueron pocos los domingos que estuve con ellos. No los vi crecer. Cuando uno se aboca a algo con pasión siempre pierde por algún lado y no se da cuenta que también hay otras cosas importantes". Sgarbossa tiene tres hijos y cinco nietos.

Pero entiende que "el destino o tal vez Dios, dentro de las posibilidades que tenía, me dio más de lo que podía esperar". Se formó con personas idóneas, recorrió el país cuando los caminos eran inexistentes y el automovilismo lo rodeó de amigos.