117118

10.07 | Carta de Lectores Carta de lectores

La Independencia y la grieta (lll)

Sr. Director:

Este artículo está basado en Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina, Buenos Aires, Planeta, 2016.

Pueyrredón, el nuevo Director, apuró a los diputados para que declarasen, de una vez por todas, la independencia, y viajó a Buenos Aires.

El martes 9 de julio de 1816, a eso de las dos de la tarde los diputados del Congreso comenzaron a sesionar. A pedido del diputado por Jujuy, Sánchez de Bustamante, se trató el "proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país". Bajo la presidencia del sanjuanino Narciso Laprida, el secretario Juan José Paso preguntó a los congresales "si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre de los reyes de España y su metrópoli". Todos los diputados aprobaron por aclamación la propuesta de Paso.

En medio de los gritos de la gente que miraba desde afuera por las ventanas y de algunos colados que habían logrado entrar a la sala, fueron firmando el Acta de Independencia, que declaraba "solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas e investirse del alto carácter de nación independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli".

En la sesión del 19 de julio, uno de los diputados por Buenos Aires, Pedro Medrano, previendo la reacción furibunda de San Martín, que estaba al tanto de las gestiones secretas que involucraban a algunos congresales y al propio director supremo para entregar estas provincias, independientes de España, al dominio de Portugal o Inglaterra, señaló que antes de pasar al ejército el Acta de Independencia y la fórmula del juramento, se agregase, después de "sus sucesores y metrópoli", "y de toda otra dominación extranjera".

Puede verse cómo, desde el inicio de nuestra historia, los bandos en pugna estaban definidos. A unos sólo les interesaban sus negocios y su poder. No sentían nada por estas tierras y su pueblo. Es decir, sentían un profundo menosprecio, odio a los pueblos originarios, a los gauchos, productos de la cruza entre extranjeros e indias, a los esclavos africanos. También aborrecían a los criollos que, como Belgrano, Passo, Castelli, San Martín, Moreno y muchos otros, querían hacer de estas tierras y estos pueblos, un lugar para el desarrollo de una vida entre iguales, solidaria, fraterna, en libertad. Pero la barbarie de los conquistadores-colonizadores locales, nunca permitió en estas tierras, forjar los deseos fraternales de nuestros próceres verdaderos. ¿Acaso todavía no continúan las matanzas? ¿Cuántas vidas troncharon para adueñarse de los territorios del desierto? ¿Cuántas vidas en el Proceso? ¿Cuántas de hambre cada vez que hacen eso que llaman ajuste, pero que en realidad es una feroz transferencia de ingresos, porque no quieren pagar impuestos?

Lo mismo con los territorios, prefirieron abandonar la Banda Oriental, el Paraguay y Bolivia, con tal de no ceder sus privilegios. Cualquier europeo es para ellos mejor que un nativo. Le quitan a los Mapuches y le regalan a Benetton y otros capitalistas, no sólo tierras, sino caminos y lagos.

Toda Latinoamérica tiene el mismo problema. En EEUU fue distinto porque el Norte, industrialista, federal y democrático, le ganó la Guerra de Secesión al Sur, latifundista y esclavista. También en Europa ganó la industrialización, hicieron la Revolución Industrial en los siglos XVIII y XIX, y luego, aplicando las teorías keynesianas, lograron el Estado de Bienestar. Pero resucitaron los avaros, esta vez como financistas neo-liberales. Destruyeron el bienestar logrado después de la Segunda Guerra Mundial, se apoderaron del mundo desde Davos en Suiza, cerraron las puertas de Europa a los inmigrantes pobres, provenientes de países que empobrecieron o destruyeron con sus políticas y bombas, se apoderan con EEUU de cuanto petróleo hay, bombardeando y asesinando a mansalva. Nada los detiene.

Se apoderaron en todo el mundo de los medios de comunicación y con sus mentiras y extorsiones, engañan a los votantes que, ingenuamente, les creen, terminando así con la democracia. No es esto nuevo, acaso no dijo Jesús desde la cruz: -Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen. Siempre son los mismos

Néstor Mineo
DNI 5.498.259