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14.10 | Columnistas 

El glifosato en las barrancas del arroyo y la prohibición de los venenos cuando ya es tarde

La probable fumigación de las barrancas del arroyo con glifosato es una muestra más del uso indiscriminado de agroquímicos. Se han utilizado para matar yuyos en la ciudad, para matar perros callejeros, para terminar con ciertos pájaros. La naturaleza y las personas llevan la peor parte. La prohibición por parte del Senasa del carbofurano llega después de la muerte de niños, cóndores y perros. 

Silvana Melo

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La convivencia invisible con los agroquímicos, utilizados sin controles y en desmesura, es una realidad colectiva. No sabe de ámbitos rurales o urbanos. Se las arregla para llegar a todos, si no es a través de la fumigación directa, lo es a partir del uso de insumos infectados. La reciente presunción de que el Gobierno Municipal regó con glifosato las barrancas del Tapalqué en pleno centro de la ciudad para matar las malezas es un ejemplo feroz. En estos días el Senasa prohibió el carbofurano -junto con otros 4 agroquímicos- por su extrema peligrosidad. Pero no lo hizo antes para evitar muertes absurdas: una nena que comió una mandarina en Corrientes y 34 cóndores en triste vía de extinción, en Mendoza, entre otras víctimas.

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