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11.11 | Columnistas 

Una nena de 13, un parto prematuro y el rostro invisible del hambre en el Chaco

Una niña de 13 años murió horas después de su bebé, que nació prematuramente por cesárea obligada en la capital chaqueña. Vivía en un rancho de un paraje norteño de la provincia. Pertenecía a la comunidad wichi. Expulsada de su hábitat y atravesada por las endemias del lugar. Que sufre las consecuencias de la pobreza y el modelo extractivista. 

Claudia Rafael

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Argentina, uno de los países más fecundos del planeta, pocas veces logra mirarse al espejo y aceptar que hay quienes, como Rupercia, la niña wichi de 13 años a quien le hicieron una cesárea obligada, murió de hambre en el Chaco. La gran pregunta no es cuál fue la causa final de la muerte de esta chica que vivía en Sauzal, cerca de la frontera norte del Chaco con Formosa. La respuesta es bastante obvia: murió de falla multiorgánica. Pero la pregunta dolorosa, ausente, tiene que ver no sólo con la historia vital de Rupercia sino con la larga crónica de marginación y expulsión de toda una comunidad. Rupercia (a quien todos los medios y redes nombran como Agustina o Agostina, tal vez más asible a la cultura occidental) es un símbolo como unos 16 años atrás lo fue Barbarita, que hoy tiene 24 años, y que en 2002 se transformó en el rostro acusador, expuesto televisivamente en aquellos días por Jorge Lanata. El llanto repetido hasta el hartazgo de esa niña de entonces 8 años, permitió el acceso a una casa, un trabajo momentáneo para el papá, pero Bárbara Flores hoy sigue viviendo con sus hijos de la asignación universal y en la casa familiar.

La nota completa en la edición impresa de diario EL POPULAR