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23.12.2018 | Información General Suplemento FINDE

"Si la literatura te cambia la vida o te enseña algo es genial"

Juan Dejean acaba de publicar su primer libro de relatos de la mano de un proyecto que busca la reinserción de los recicladores de la cooperativa Viento en Contra. Ambos se unieron a una librería local para la distribución y concretar este sueño. En diálogo con FINDE, el autor de "Hecho de palabras" cuenta cómo surgió la idea, cuánto hace que escribe y cómo se convirtió en escritor.

Rodrigo Fernández

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Hace poco más de un año Juan Dejean tuvo la intención de largarse a publicar un libro. Pero finalmente su trabajo como elaborador panes dejó su rol de escritor en segundo plano. Escribo "escritor" y es como si la voz del autor se colara en mi cerebro y me dijera "narrador". Pero es algo que Juan Dejean explicará más adelante, cuando las reglas de la entrevista se hayan casi borrado en un charla más cerca de la amistad.

La figura de Juan es bien reconocida en la ciudad. Suele vérselo por distintos rincones urbanos a la hora del almuerzo o de la cena ofreciendo los tan mentados pancitos rellenos. Siempre hay una receta nueva que sorprende y quizás eso sea su logro mayor en la cocina: que los comensales sean subyugados por los sabores que nacen de su inventiva. Como los cuentos de "Hecho de palabras", un libro que nace de la conjunción de diversos "sabores": las ansias del autor de decir aquello que piensa sobre el mundo, las ganas de una librería local por emular una colección ya famosa y una cooperativa de recicladores que aporta el material para las tapas. Cada libro es único, como es único el estilo de Juan Dejean. Influenciado por sus héroes literarios, su profundo conocimiento de la calle y la intensidad que siempre le impuso a las cuestiones de la vida.

Que sean hechas las palabras

"Dale, juntate algunos cuentitos y de una vez publicás, si es que eso está permitido", dice que fue lo primero que pensó cuando se le empezó a ocurrir que entre todo lo escrito había algo. Para él fue una decisión fuerte el publicar aunque remarca que es una cuestión que desde su punto de vista "no hay que pensar demasiado".

"Durante un año se gestó el libro" cuenta y señala que a la hora de corregir sus textos se le presentaron varios problemas. "Volver a ellos y decir: te tocó o no te tocó mas porque ya me cansaste. Es como querer sacárselos de encima y no querer verlos mas y a la vez ya son de otros".

"Uno agradece al que te hace reír o llorar, al que te levanta el ánimo contándote una historia y no hacerte sentir tan infeliz o haciéndote sentir que no sos el único al que le pasan esas cosas", explica y afirma que "creo que mucho tiene que ver con eso la literatura, independientemente de llegar a unos lugares mas sublimes con este juego, sobre todo en mí, de la risa".

"Si la Literatura te cambia la vida o te enseña algo, es genial" manifiesta y afirma que "en algún momento, cuando me creía que leía o que era un gran lector, decía que no persuada solamente. Porque persuadir lo puede hacer un orador, un presidente, quien fuera que esté en el arte de persuadir. Que la literatura vaya un poco más allá, el famoso ´que te deje algo´ pero me molesta un poco decirlo de esa forma".

El libro

"Hecho de palabras" tenía ya un destino de publicación aunque no con la intención de formar parte de un proyecto junto a la cooperativa de recicladores "Viento en contra". Durante un tiempo largo estuvo trabajando junto a Diego Ordoñez, aunque reconoce que no realiza las acciones necesarias para que el libro terminara de tomar forma.

"Siempre Diego me decía que llevara los textos y yo jugaba al chico que vende panes y se excusa por eso, pero no tiene tiempo para terminar los textos y quisiera terminarlos mejor y corregirlos mejor. Pero no hay más tiempo porque hay que salir a vender panes o tomarse un trago. Aunque a veces pudimos congeniar, tomarnos un trago y terminar un texto", reconoce, entre risas.

Finalmente, los cuentos nunca llegaban a las manos de Diego Ordoñez y fue entonces que apareció una librería local que, emulando el proyecto de la editorial Eloisa Cartonera, le propone publicar su libro.

Esa era la idea cuando pensaba en hacer su libro junto a Ordoñez: emular el proyecto del escritor Washington Cucurto en la Ciudad de Buenos Aires. El cartón para las tapas sería provisto por una zapatería de la ciudad.

"Deje pasar ese año. El año pasado fue intenso en mí. En uno de los que soy, despelotado, de mucho mucho y no llegamos. Aunque escribí prácticamente largo, que muchos ven como un capítulo de una novela, que no salió publicado".

"Apareció esta gente, como cuando uno piensa que el universo conspira y me lo proponen. Me convencen en la cuestión ética porque aparecen tres agentes: los cartoneros de ´Viento en Contra´, el editor nuevo intentando hacer algo y remando, y el narrador con sus palabras". Por otro lado le aseguran que su libro "llegará a lugares donde es difícil que llegue".

"Hecho de palabras" tiene una edición de sólo 100 ejemplares y luego la segunda edición contará con una serie de dibujos, realizados por Diego Ordóñez, para acompañar los relatos. Por otro lado, el autor adelanta que habrá un nuevo cuento para el libro.

"Pensadolo después, es como la primera pelota pateada para que mañana todos publiquen de esta forma", dice y para cerrar la idea explica: "más actores, más gente involucrada y más movida y la huella que queda para los que publicarán".

Ser narrador o escritor, ésa es la cuestión

En la mesa hay un mate caliente y una lata de cerveza. Nada más que eso para una charla que se va prolongando. Cada tanto la conversación se pierde en los libros que asoman de la biblioteca. Juan recuerda que Abelardo Castillo, cuando le preguntaban si era escritor, respondía que "si un escritor es una persona que escribe, sí soy escritor". "Yo digo que soy narrador", dice el autor de "Hecho de palabras" cuando alguien le pregunta si es escritor. Prefiere definirse así porque la palabra escritor es como "mucha chapa", admite.

"En secreto me gusta decir que soy narrador, porque con eso me disculpo de la inteligencia que me falta y de la capacidad discursiva, y de los cuentos y las novelas que me faltan porque soy autodidacta", afirma y agrega que "al decir que soy narrador me estoy excusando en términos eruditos y formales de lo que sería la supuesta literatura universal".

Pero cuando hablamos de lecturas, autores y libros que lo influenciaron y definieron sus puntos de vista sobre la vida, él sostiene que no se considera un "gran lector". "Hay grandes lectores de verdad y que no escriben ni un renglón. Porque son lectores solamente. La necesidad de narrar viene por otro lado".

En sus relatos, Juan Dejean habla de lo que tiene ganas de transmitir. La amistad, los abuelos, las mujeres, el amor, los estudiantes mexicanos desaparecidos, la buena bebida. La vida, bah.

"En estos cuentos, sin querer, hay de todo un poco" afirma y describe que en el libro "hay una selección de cuentos mundanos que hablan de distintos temas. Algunos, confieso que me gustan, otros son autoreferenciales y pueden ser leídos con la voz de un infante que recuerda para generar un poco de ternura y un poco de risa si se pudiera".

La biblioteca se ha convertido en un punto importante y es por ello que cuando se lo consulta sobre dónde le gustaría ubicarse dice que le gustaría estar "al lado de Twain, del Negro Fontanarrosa, de Arlt".

Describir el mundo

Un texto que escribió para un trabajo para el primer año del profesorado de Lengua y Literatura, que forma parte del libro, siente que lo pinta de cuerpo entero. Allí recuerda que sus "primeras impresiones sobre algo bello" fueron para una compañera de la escuela. Juan Dejean tenía 8 años y quizás aún no pensaba en escribir un libro pero sí sabía que todo aquello que se le juntaba en el pecho merecía ser escrito y leído.

"En vez de decírselo a ella tenía que decírselo a sí mismo", dice entre risas y señala "creo que esa no expresión es la que nos hace tener que andar diciendo cosas" con la escritura.

Pero hay otra versión de cuándo comenzó a producir sus primeros textos. Hace poco su maestra de primer grado le dijo que tenía cosas que él había escrito de esos años y ahí es cuando piensa que posiblemente la necesidad haya arrancado a los 6 años.

Pero siempre hay un pero en las historias. Uno de sus padres asegura que el niño Juan comenzó a escribir antes de ir a la escuela. "Ya me habían enseñado las letras y ya escribía pero esto no me hace mejor ni mucho menos".

"Creo que la necesidad de expresión es porque venís al mundo y lo tenés que contar, lo tenés que sobrevivir", dice y afirma que "narrar como leer es donde muchas veces sobrevivo. Es también la necesidad de explicarte cosas", señala. Es por ello que sostiene que en sus cuentos hay como un acercamiento a la filosofía.

"El primer párrafo coherente que escribí sí fue, creo, a los 8 años y tenía que ver con frases que escuché de los mayores. La filosofía está y estuvo siempre", argumenta.