27.12.2018 ESTILO DE VIDA

El arte británico de ser primero

Que el Reino Unido es el país de la puntualidad nadie lo niega. Algunos incluso llegan a afirmar que los británicos llevan un reloj integrado en el estómago. Este tópico se podría extender también a sus tradiciones de fin de año, puesto que la prontitud es clave en la first footing.

Esta costumbre consiste en ser el primero en visitar a familiares o amigos después de que hayan dado las campanadas de las doce de la noche. La persona que llegue antes a la casa de la celebración será la portadora de la buena suerte durante el resto del año. Debe ir acompañado de algún tipo de regalo -la tradición popular destacaba entre ellos dinero, pan o carbón- para asegurar que la familia no tendrá carencia de estos productos.

En Londres, además se puede despedir el año en Trafalgar Square o Piccadilly Circus; otros prefieren acudir ante el Big Ben para entrar en el nuevo año al ritmo de sus campanadas y están los que eligen apreciar, desde una de las orillas del río Támesis, uno de los mejores espectáculos de fuegos artificiales de Europa, junto al London Eye.

Monstruos y luces en Escocia

Edimburgo no se conforma con una única fiesta. Esta ciudad escocesa ofrece una despedida única cada año en la que las calles se llenan de gente asombrada por el espectáculo al que asisten sus ojos. "Hogmanay" es el nombre de esta celebración plagada de costumbres ancestrales de la que no se conoce la procedencia exacta.

La fiesta engloba una cabalgata de luz, fuego y actores vestidos de vikingos -Torchlight Proccession- que enciende la hermosa Royal Mile, calle por excelencia de Edimburgo. La exhibición de danzas Off Kilter tampoco defrauda, que engloba desde baile contemporáneo hasta bailes antiguos con la tradicional "kilt" -falda escocesa-. Gaiteros, teatro callejero, fuegos artificiales... Un derroche de diversión.

Lunares filipinos

Un estampado tan andaluz como los lunares es el que usan en Filipinas. En este país se asocian los lunares con las monedas debido a su forma circular. También se vincula este tipo de telas a la buena suerte, por lo que las calles filipinas se visten de lunares durante el 31 de diciembre.

Da igual el tipo de prenda que sea -vestidos, faldas, camisas...-, pero es importante que, si es posible, la ropa lleve al menos un bolsillo. En él se meterán unas cuantas monedas que se harán sonar cuando el reloj anuncie la medianoche.

Campanas por 108

Nada de 12 campanadas. En Japón, las campanas de los templos budistas tañen hasta 108 veces para conmemorar la llegada del nuevo año. Esas 108 campanadas o el ritual del joya no kane simbolizan los 108 pecados terrenales y humanos (de pasiones y deseos) de la tradición budista de los que todo hombre debe deshacerse al comienzo del nuevo año para poder así avanzar en su ciclo de sufrimiento y reencarnación.

Las casas se decoran con hojas perennes y bambú, símbolos de vida eterna y honestidad. Dicen también que los japoneses empiezan el año riendo porque creen que eso trae buena suerte.

El beso de medianoche

La tradición más romántica la encabeza Estados Unidos, un país donde no puede faltar el beso de medianoche, bajo el riesgo de asegurarse los 365 días subsiguientes de soledad.

En Times Square, la celebración del Año Nuevo incluye el descenso de la famosa "gran bola" de más de 5.400 kilos. Cada año, más de un millón de personas se reúne en la calle 42 y avenida Broadway donde, a las 23.59 del 31, la gran bola inicia su descenso de 23 metros, que todos acompañan con la cuenta regresiva. La bola llega al final a las 12 en punto y se enciende un enorme cartel con el año nuevo. Todos aplauden, gritan y, lo más importante, cumplen con un rito indispensable: besar apasionadamente a su pareja de la noche.

Bonne Année

En Nochevieja, infinidad de parisinos salen a la calle para despedir el año. El lugar de encuentro por excelencia son los Campos Elíseos: desde el Arco de Triunfo a la plaza de la Concordia, la famosa avenida queda atestada de gente dispuesta a recibir el 1 de enero con una buena botella de champagne. Los que se quedan en casa lo tienen más fácil para seguir la tradición: a medianoche hay que besarse y abrazarse bajo una rama de muérdago para conseguir buena fortuna en el año que llega.

La diferencia la marca Strauss

Los austríacos despiden el año lanzando fuegos artificiales, bebiendo champán, tirando confetti o serpentinas, repartiendo besos... En definitiva, suelen hacer lo mismo que la mayoría de los humanos en Nochevieja. Si algo les hace diferentes, especialmente a los vieneses, son el típico Vals de Año Nuevo y el Concierto de Strauss que la Filarmónica de Viena ofrece puntualmente cada 1 de enero.