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28.12.2018 | Información General 

La historia del penitenciario que es Papá Noel

Se llama Jonathan Bohn y es oficial adjutor de la Unidad 38, desde hace tres años, minutos después del brindis de navidad se sube a su bicicleta disfrazado de Papá Noel para repartir por las calles de Sierra Chica regalitos y caramelos a los chicos y chicas de la zona.

Jonathan Bohn tiene 26 años y es oficial adjutor de la Unidad 38. Ddesde hace tres años, minutos después del brindis de navidad se sube a su bicicleta disfrazado de Papá Noel para repartir por las calles de Sierra Chica regalitos y caramelos a los chicos y chicas de la zona.

Apostado en el puesto 8, sin desentenderse en sus tareas, cuenta la infancia dura que le tocó vivir y el acompañamiento incondicional de su madre en todas sus decisiones.

"Un día estaba en mi casa y le dije a mi mamá que quería disfrazarme y darles a los niños algo para que tengan una sonrisa, enseguida mi mamá se las ingenió y me hizo el traje de Papá Noel", contó.

Apoyado por su familia, primos, amigos y su novia, Jonathan es esperado por los peques. El ha sabido construir una tradición que poco a poco va pintando las noches navideñas de la región de las cárceles y del granito rojo en momentos distintos dónde los deseos se pueden cumplir.

"Yo sé que todo llega" afirma "y lo que das lo recibís". Ahora con su otro trabajo de remisero puede ganar un peso más y ha aumentado la cantidad de bolsitas para repartir que se aproximan a las 200.

"Yo me subo en la bici con un cencerro y atrás en auto me siguen mis familiares tocando bocina y alcanzándome bolsitas con sorpresitas cuando me quedo sin provisiones" cuenta.

Sostiene y defiende esta idea suya, por lo que no acepta donaciones de ningún sector "esto es algo mío, una manera de retribuir, dar y por supuesto que no falte. Yo me llevo un abrazo, una sonrisa y cuando todo termina llego a casa y le digo a mi mamá: misión cumplida".