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30.12.2018 | Columnistas El 2018 deja una sociedad más pobre pero más reclamante

El feminismo resistente en un año de victorias y vaivenes contra el poder

El 2018 estuvo atravesado por la marea feminista. Un fenómeno transversal a las estructuras políticas. El tratamiento de la ley de aborto, las denuncias de abuso colectivas, el fallo por Lucía Pérez marcaron al país. Los concursos de belleza prohibidos, las violaciones, el triple crimen de género de abril y la desfinanciación del Programa de Salud Sexual y Reproductiva marcaron a Olavarría.

Silvana Melo
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Se acaba en estas horas un año raro, atravesado por la profundización de las crisis sociales, el aumento de la pobreza y marcado por una lucha sectorial y a la vez transversal de una inmensa riqueza: la reacción de las mujeres ante una opresión generalizada, ancestral y naturalizada por las dos expresiones genéricas aceptadas sin discusión en la historia de la humanidad. La Argentina -y Olavarría como célula dentro de ese cuerpo potente- termina el 2018 más pobre, con menos calidad de vida y con escasa rabia hacia estos datos concretos e incontestables. Pero también con más derechos conquistados en la calle, en la opinión, en la resistencia de quienes no se juntan por afinidad votante sino por necesidad de reaccionar ante el poder. Convencidas de que creer que ese poder se personifica en Macri o Cristina es una ingenuidad imperdonable.

Lo que para los observadores incrédulos parecía ser una movida en moda ocasional, generó un fin de año conmocionante con el movimiento de Actrices Argentinas -una de las muestras más firmes de la pluralidad- denunciando por violación a un actor símbolo de la telenovela y la facha argentinas. Un príncipe encantado con derecho y acceso a las mujeres por su sola calidad soberana. Pero las que hablaron y pusieron la cara esa noche fueron las actrices de las mismas telenovelas -y del cine y del teatro- que han soportado calladamente el ejercicio del poder desde esos representantes glamorosos del patriarcado. Ellas, tan famosas como él. O más.

Ellas generaron que centenares de miles de mujeres comenzaran a relatar en todo el país, en las redes sociales, en sus teléfonos, en las esquinas, en las colas para cualquier cosa, los propios atropellos vitales que en su momento fueron obligadas a naturalizar o a callar porque no les creyeron o a callar porque el poder ordenaba el silencio después del ultraje. Toda mujer tiene un historial de abusos más o menos numeroso. Más o menos sutil. Gran parte eligió comenzar a desempolvarlos. Ir con una linterna al desván e iluminar aquello escondido, enterrado. Y colgar la ropa en el tender para que el sol la ilumine. Otra parte, inusualmente violenta en sus prácticas verbales, elige el ataque, el insulto, la acusación inconducente. Y esta parte está compuesta por hombres y mujeres. El patriarcado como ideología, contra lo que los Olmedos y los foquistas anti Educación Sexual Integral llaman ideología de género.

Violaciones y triple crimen

Mayo de 2018 fue un mes convulsionado: se conocieron las denuncias de dos chicas adolescentes contra tres hombres. Los denunciaron por violación. Y la ciudad fue un hervidero en las calles y en las redes, que es por donde está pasando la realidad más a borbotones. El síndrome Thelma Fardín se dio en la ciudad siete meses antes. Fue en mayo cuando las mujeres decidieron recordar su propio inventario de abusos, que no por reprimidos y obligados a naturalizarse desaparecieron de la conciencia. Sólo necesitaban un disparador. Las chicas de Olavarría en mayo y Thelma Fardín en la televisión de diciembre.

Días antes, en un abril que, junto con ese mayo, está casi olvidado por las agendas públicas, un hombre asesinó a su esposa y a sus dos hijitos y luego prendió fuego la casa con todos dentro. Después murió él también, por su propia violencia. Un triple crimen de género, un triple crimen de poder, como lo define la antropóloga Rita Segato. En manos de quien se decide dueño de las vidas. De la suya propia, de la de su pareja y de la de sus hijos. Las concede y las quita cuando se le antoja.

Tanto en un caso como en el otro, se trata de la propiedad de los cuerpos. Y en el análisis de Segato, es también una demostración a sus pares. Una demostración de ese poder en una "jerarquía cruel que obliga a dar muestras de narcisismo y crueldad", una muestra de poder constante. Lo que los medios presentan como una "monstruosidad masculina", dice la antropóloga, "puede resultar tentadora para imitar" ese mojón de poder que va desde el maltrato a la violación y finalmente al feminicidio. El caso de Wanda Tadeii es un ejemplo que la misma Segato despliega en la entrevista con Mariana Carbajal en Página 12: luego de su muerte quemada en manos del baterista de Callejeros, centenares de mujeres fueron prendidas fuego por sus parejas en el país. Algo así como la tan frecuente y simbólica comparación de extensión fálica.

Belleza y Salud Sexual

El trabajo del Frente Ni Una Menos en Olavarría no es sencillo y ha sido, durante este año, continuo y territorial. Los logros de conciencia no se miden por los insultos que se reciben en las redes. Hay victorias y fracasos propios de un camino que va dejando huellas que nadie puede borrar. Un camino que están construyendo y que tendrá avances con más o menos velocidad. Pero ya no es posible el retroceso.

El 22 de noviembre el HCD votó algo parecido a la prohibición de los concursos de belleza. Ordenanza que, en sí misma, seguramente, no tuvo la profundidad que se hubiera deseado: hubo mucho que negociar para que fuera posible. Pero en el imaginario, como representación social, tiene una enorme importancia.

Sin embargo, en la misma sesión, el Concejo votó una partida presupuestaria del 0,3% (3 millones de pesos) destinados al Programa de Salud Sexual y Reproductiva. Ese artículo 4 fue rechazado por Cambiemos pero votado por el resto. El 10 de diciembre el intendente Ezequiel Galli vetó esa partida. Y desfinanció nuevamente el programa.

La marea verde

Si hubo un color que atravesó transversalmente a la sociedad fue el verde. El color de la marea pro aborto legal, seguro y gratuito. La emoción y el compromiso en Diputados de legisladores que en otras sesiones habían defendido la represión o el desfinanciamiento de la salud pública, marcó la condición apartidaria del debate. Este año se presentó por séptima vez el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo con la firma de 71 diputados, y por primera vez fue tratado en el Poder Legislativo.? El proyecto propuso el aborto como un derecho hasta la semana 14 (tercer mes de embarazo), y hasta el final del embarazo en tres causales (violación, peligro para la vida/salud física, psíquica y social de la madre, y malformaciones fetales graves), e incluye el aborto en el Programa Médico Obligatorio (PMO).

La histórica sesión fue el 13 de junio, con una vigilia multitudinaria hasta la madrugada y poca presencia de los flamantes pañuelos celestes que inauguraban la postura "salvemos las dos vidas". Fue una victoria inédita. Que a la hora de debatirse en el Senado, las viejas estructuras del poder cuidaron muy bien de que no se repitiera. Los celestes también aportaron una multitud y el conservadorismo histórico del Senado frenó a la historia. Pero con una conciencia inconfesada de que el freno es nada más que circunstancial. Si no fue 2018 será 2019. O 2020. Pero será.

El año terrible se acaba con Juan Darthés exiliado en Brasil y con Lucía Pérez re victimizada, esta vez por una justicia que no comprende las relaciones de poder que someten a una chica de 16 años ante hombres mayores que le proveen drogas. Que una chica que suele tener sexo con deseo no genera el derecho a abusarla. Que llevarle una cindor y dos facturas no anula la depredación de un cuerpo. El martirio de Lucía Pérez fue el origen de una de las más multitudinarias marchas de Ni Una Menos en 2016.

La estructura del poder todavía no lo registra. La Justicia sigue atravesada por ese poder. La Justicia tiene una impronta clasista y patriarcal a la que las calles no rozan todavía. Pero que deberá deconstruirse. Como se van descascarando los revoques de una soberanía inquebrantable que empieza a temblar.