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16.12.2018 | Columnistas ENTREVISTA. José María González Hueso, a 35 años del reestreno de la democracia

"Sentí una rara e ingenua sensación de ser protagonista de la historia"

Hace treinta y cinco años renacía la democracia. José María González Hueso veía caer al peronismo y, a la vez, estrenaba su banca en el Concejo Deliberante. Era periodista y sindicalista. Hoy, a punto de cumplir los 74, habla de los déficits de la democracia, de la gran distancia en la democratización "del poder, el ser y el tener" y de lo que fueron esos días tremendos en los que el futuro parecía estar en las manos para ser amasado.

Silvana Melo
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A los treinta y nueve años, ya con pelo en fuga y bigotes ad hoc, José María González Hueso estrenaba la democracia con toda la energía guardada durante la época oscura y feroz. Hace treinta y cinco asumía su banca en el Concejo Deliberante, del lado del peronismo. Pero además, era periodista y secretario general de la CGT. Un personaje de una potencia increíble que hoy, a días de cumplir 74, es parte de la memoria de una ciudad a veces amnésica, a veces compiladora de olvidos para zafar.

González Hueso arrancó en el periodismo en 1965 y el oficio le dio de comer con alternancias en la metalurgia, cuando las épocas se endurecían. Pasó por El Popular, salió y vino hasta que un día ya no pudo volver. En 1975 pasó por Radio Olavarría hasta que el 25 de marzo de 1976 eligió renunciar antes que la intervención militar le propinara el violento puntapié que se venía.

En 1987 fue el primer secretario de Gobierno de Juan Manuel García Blanco, el único suspiro peronista pos democracia. Regresó ocasionalmente al periodismo gráfico a fines del siglo XX para escribir, en fascículos, el libro de los Cien Años de EL POPULAR. Un ejercicio de la memoria sistemático y maravillosamente escrito que debería estar en todas las bibliotecas y/o casas de la ciudad.

Fue secretario de Redacción de este diario, presidente de la Asociación de Periodistas de Olavarría y secretario general de la CGT. Y al sindicalismo fastidioso desde la prensa, lo ejerció en plena dictadura. Cuando todo ponía en juego la vida.

-¿Cómo viviste el triunfo de Alfonsín, en un contexto donde el peronismo arrastraba y simbolizaba lo viejo, lo salpicado por los inicios de la dictadura?

-Para mí el peronismo no simbolizaba -ni simboliza- lo viejo sino lo distinto y no arrastraba más que una historia que había quedado inconclusa por los derrocamientos, las proscripciones y las persecuciones sufridas desde 1955. Con los años vi que era necesario ponernos al día y de hecho milité activamente en lo que se llamó la renovación peronista, aunque nunca compré la leyenda gorila de que somos el pasado, lo impresentable de la Argentina. Desde el "Civilización y barbarie" de Sarmiento para acá lo popular es malo y horrible para las clases ricas y supuestamente ilustradas. La única diferencia es que lo que antes fue "barbarie" después fue "peronismo" y ahora es "populismo". Eso sí que es viejo; pero no aprenden: lo siguen repitiendo. A la victoria de Alfonsín la viví con bastante naturalidad (o al menos resignación) porque se veía venir: nosotros no habíamos sabido construir una propuesta mejor. Lo dije unos días antes de las elecciones y casi me como una piña de un compañero que lo tomó como una traición...

- ¿Qué recordás de esas dos fechas fortísimas, 30 de octubre y 10 de diciembre en Olavarría, cuando esa propuesta peronista que no fue mejor sucumbió ante la oleada alfonsinista?

-Uffff... son muchos recuerdos porque tuve la suerte de estar en la primera fila de la platea olavarriense tanto por el trabajo como por la militancia política y sindical: era periodista, candidato a concejal y secretario general de la CGT. Me quedo con dos: la inmensa cola de votantes que había una hora antes de la apertura de las escuelas, que hablaba de las ganas de votar que había, hasta el saludo a Helios Eseverri luego de que nos ganara. Aunque parezca raro, tengo recuerdos muy difusos porque desde las elecciones hasta el 10 de diciembre vivíamos una vorágine de reuniones con los concejales electos por la UCR, con el PJ, con Eseverri y con dirigentes de entidades de todo tipo más el reacomodamiento de nuestras vidas privadas a las nuevas responsabilidades. Varios, además, estudiábamos como poseídos para llegar con la mayor capacitación posible y teníamos pocos conocimientos de derecho administrativo, que es lo mínimo que hay que saber entre tantas otras cosas. Y no había Google ni Wikipedia, era a libro limpio. Además, tuvimos que negociar la integración de las comisiones y mil detalles de funcionamiento. Creo que fueron dos momentos en los que sentí una rara (y muy ingenua) sensación de ser protagonista de la historia.

-Era volver a poner en marcha los engranajes oxidados de la democracia...

-Sentía como que me picaba un granito de historia... ¡y me rascaba a cuatro manos! Todos los concejales, de un modo u otro y sin importar si éramos radicales o peronistas, sentíamos que estábamos reconstruyendo la democracia y que debíamos hacerlo de la mejor manera. De ahí las extensísimas reuniones de en las que podíamos estar media hora discutiendo si una coma estaba bien o mal puesta, la desesperación por estudiar y las a veces casi interminables sesiones del Concejo Deliberante. Hicimos cosas bien y otras quizá no tanto, pero nadie podrá decirnos que fuimos irresponsables o que especulamos con algún mínimo rédito político. Para decirlo de otra manera: discutíamos desde la ideología, no desde la especulación electoralista. Y hay algo que merece destacarse por sobre todo: durante los dos primeros años hubo una decisión unánime de no trasladar las lógicas disidencias ideológicas a las relaciones interpersonales y mucho menos transmitirlas a la sociedad. Para decirlo con la jerga actual, éramos conscientes de que "la grieta" existe y por nada del mundo queríamos contribuir a profundizarla.

-¿Qué simboliza para vos la imagen de Helios Eseverri? ¿Es posible que haya rifado su carácter de hombre de la democracia en la defensa de (el condenado por delitos de lesa humanidad) Omar Ferreyra? ¿Y la figura de Carlos Portarrieu?

-Con Eseverri siempre tuve una relación algo pintoresca, porque le tenía un gran respeto personal pero a veces me exasperaba su ideología y creo que a él le pasaba lo mismo conmigo. Eso derivaba en que discutiéramos como perro y gato cuando cuadraba o que tuviéramos largas y muy amenas charlas cuando la cosa iba por ese lado. Como símbolo no sé, quizá lo más destacable fue su talento político -no exento de mañas, claro- y su visión estratégica de Olavarría, porque casi siempre miraba a futuro, más allá de la coyuntura. En la dictadura Eseverri no tuvo otro rol que seguir haciendo política donde y como podía, como actuamos muchos. Creo que su carácter de "hombre de la democracia", como lo definís, estuvo por encima de los cuestionamientos que se le pueden hacer. Con Portarrieu fue distinta la relación. Durante muchos años nos llevamos muy mal, cosa que creo que a él no le importaba nada porque jugaba en ligas mucho mayores. Recién pudimos dialogar, mucho y sin discutir, en sus últimos tiempos. Su práctica de estar en el poder sin importar si era por votos, por botas o por salto de un partido a otro nunca me gustó. Y su participación en la dictadura para mí fue absolutamente inaceptable.

-¿Por qué creés que el peronismo nunca pudo remontar en Olavarría, en una espiral contraria a la del país?

-Es una de las tantas dudas para las que no tengo respuesta... y cualquier cosa que diga tiene para mí la carga de ser parte del problema, porque en algún momento fui protagonista y tampoco tuve solución alguna. Tal vez habría que buscar por el lado de la falta de autocrítica para saber qué lugar puede ocupar (o no) cada uno, en reconocer el capital intelectual del otro y saber distinguir a quién tiene dotes de político y no se queda en la rosca o el amiguismo...

-¿Cuáles son las deudas más fuertes de la democracia, tanto en lo nacional como en lo local?

-Creo que cuando decimos desigualdad estamos englobando todos los problemas. La democracia restituyó el derecho a elegir y algunos derechos individuales o colectivos que están muy lejos del ideal de democratizar el poder, el saber y el tener. Si democratizás el poder no puede haber abusos ni policiales ni judiciales ni institucionales en general, si democratizás el saber no te van a caer los iluminados a decirte qué tenés que hacer, pensar y sentir y si democratizás el tener... bueno, si democratizás el tener ya sos maga. Cada año que pasa hay unos pocos ricos muchísimo más ricos y muchísimos pobres muchísimo más pobres. Esto lo dice, por ejemplo, el Banco Mundial, no un trasnochado peronista o populista. Con respecto a Olavarría cito (de memoria) a Borges cuando decía que "todos los pueblos son iguales hasta en aquello de creerse distintos". Y hoy se nota más, con funcionarios que repiten a escala nacional, provincial y municipal la misma política y la misma perorata del manual del neoliberalismo con trucos de iglesia electrónica y verso new age.

-¿Cómo has vivido, desde la política, el tránsito de las mujeres? ¿Se imaginaba como posible en aquel momento una Presidenta, una gobernadora y el #me too como salida a la luz de un sojuzgamiento naturalizado? Decía María Elena Walsh: quien no fue mujer ni trabajador piensa que el de ayer fue un tiempo mejor. ¿Lo fue?

-Lo he vivido muy intensamente por una cuestión muy personal, ya que mi esposa, Alicia Tabarés, fue casualmente la primera diputada provincial en la historia de la Séptima Sección y mi madre antes fue consejera escolar (radical, eso sí) en Bolívar cuando la presencia de mujeres en las listas era una curiosidad, así que ese fenómeno casi que lo silbo de memoria. Lo de mujer Presidenta ya lo habíamos vivido, mal o bien, con Isabel y tampoco me sorprendió. Antes el peronismo había abierto las puertas para el voto femenino y en Olavarría había dado la primera concejala de la historia (Dina Pontoni). Lo que sí fui aprendiendo sobre la marcha y lo sigo haciendo fue a ver de cuántas maneras y en cuántos ámbitos la mujer estaba relegada. Creo que es un fenómeno que todavía está en plena ebullición y falta bastante para conseguir un equilibrio. Lo de María Elena Walsh lo suscribo: los que son varones y patrones piensan que los tiempos pasados fueron mejores, porque no estaban los peronistas y las mujeres contaban poco y nada ¿O vos creés que Macri fantasea cuando dice que hace 70 años empezaron los problemas? ¡Claro que para ellos empezaron!

-¿Cómo analizás este momento en el que los ciclos espasmódicos colocan a la derecha como hegemónica y con pocas probabilidades de que eso cambie?

-Esto supera mi capacidad, pero creo que más que por los lados político y económico habría que buscar por el cultural. La escasez de posibilidades de cambio de la que hablás se debe a que justamente es un proceso muy profundo cuya modificación no puede ser rápida. Cambiemos no nació de la casualidad ni es exclusivamente un gobierno de los CEOs dispuestos a hacer negocios. Intenta perpetuarse, tal vez no como macrismo pero sí como un sistema de ideas donde la justicia social, la soberanía política, la independencia económica sean odiadas por la sociedad. Y lo está logrando a través de un aparato propagandístico de una dimensión nunca vista. Propone, y hasta ahora va logrando con bastante apoyo, un perverso cambio cultural que nos habla de meritocracia y de despreciar al pobre, a lo nacional, a lo solidario... Creo que esa disputa es la de fondo. Y no me parece que se vea muy claro.


Recuerdos mínimos

"-El presidente del cuerpo, Nelson di Giacomo, un caballero que honró el cargo, entendía que la vestimenta era parte de la seriedad con que debía encararse el trabajo y nos exigió--con sus proverbiales buenos modos- que fuésemos de saco y corbata. La mayoría de los concejales proveníamos del mundo del trabajo y no teníamos traje, así que optamos por el siempre práctico conjunto de pantalón gris y saco azul. Creo que de los 20 llegó un momento en que unos 12 o 13 estábamos vestidos iguales, sin distinción de bloque. Parecíamos estudiantes de la secundaria o de una orquesta de tango.

"-Algo que no tuvo difusión pero habla del modo como entendíamos la función de concejal: todos coincidimos en que la concejalía era una función militante, no un trabajo, y nos negamos a hacer aportes jubilatorios porque era inconcebible 'jubilarse de militante'. El Instituto de Previsión nos inició juicio y al fin una ley nos sacó del embrollo en que nos habíamos metido. Hoy los aportes hay que hacerlos sí o sí.

"-Durante los meses previos a la asunción habíamos trabado relaciones amistosas no so-lamente con los concejales de la UCR sino también con sus familiares. Cuando comenzaron las sesiones, y con ellas las discusiones a veces apasionadas, era enternecedor ver las caras de angustia de esos familiares en la barra creyendo que nos estábamos peleando en lo personal y no políticamente".


El Gallego

Hace más de treinta años entré a EL POPULAR sigilosamente. Me estrenaba como correctora de pruebas. El gallego González Hueso, así me lo presentaron, estaba en el cenit de su creatividad. Lo primero que vi fue una hoja escrita a máquina con dos columnas, colgada en la ventana: en la primera, lo que el periodista dice. En la segunda, lo que en realidad quiere decir. Me lo robé y lo guardo todavía. Era desopilante e impublicable.

Tuve que corregir sus notas breves donde Mafalda volvía a decir "y la primavera agarró y vino", en las que caían Maradona (el Diegol) o María de Nadie (la célebre telenovela con Grecia Colmenares) con una ironía y una acidez que me habían enamorado en la revista Humor y que reconocía en los artículos de José María, aun en los más serios. Aun en los más comprometidos.

El único libro que escribió -y pocos saben que lo escribió él- es Los Cien Años de El Popular. Pero basta con leer un par de páginas al azar para darse cuenta.

Hasta que se fue lo corregí. Después, pude ocupar yo una Lexicon 80 en la redacción. Donde hice lo que pude.

Confieso, más de treinta años después, que fue mi maestro. Que siempre quise escribir como él. Que le robé parte de la ironía y la acidez, como Prometeo el fuego a los dioses. Y que me moría de envidia cuando él publicaba en Humor, el espacio del que alguna vez soñé formar parte.