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21.01 | Información General FINDE

"Si no lo hacés, te morís por dentro"

Los mandatos o los deseos. El virtuosismo o la subjetividad. Los concursos o las paredes. Soledad Rolleri es artista plástica y estuvo vibrando entre estas dicotomías que muchas veces fuerza "lo formal". Entre líneas, horizontes o siluetas, su arte grita "memoria", provoca al observador y revive su niñez en Huanguelén.

Yanela Alves

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El arte se manifiesta desde algún lugar del cuerpo en algún momento determinado de la vida. Es desde lo inconsciente que muchas veces se expresa y, como Soledad Rolleri comentó en el programa Grita el Arte (sábados de 11 a 13 por 98POP), "uno no sabe que lo tiene y después de mucho tiempo algo te lo despierta". Puede ser un sonido, una imagen o, como en su caso, esos olores a óleo y pintura tan particulares.

"Siempre tuve un interés, un amor por el color, por ciertas cosas relacionadas con el arte. Me vinculo con la pintura a través del diseño", explicó. Es que antes de recibirse como licenciada en Comuncación Social, estudió Diseño Gráfico aunque dejó la carrera cuando le quedaban dos o tres finales. En esa experiencia "pasé por cátedras que estimulaban la experimentación con lo que fuera visual, texturas, grabados, improntas, siluetas, imágenes, lo que fuera con forma y color asociado al diseño grafico".

Todo eso que aprendió quedó latente y fue "con esa experiencia marcada en el cuerpo" que se volvió a Olavarría y culminó la carrera en la Facultad de Ciencias Sociales. Pero allí pudo asociar lo de su anterior formación, "nunca pude dejar de laburar con formas, colores, papeles, pinturas. Lo académico fue el disparador que me retrotrajo a vivencias de chica". Sus tías son pintoras, escultoras, "las veía poco pero cada vez que las visitaba era un viaje entrar a esos talleres, con olor a óleo, a pintura y todo lo que había en ese lugar".

Mandato vs deseo

Soledad terminó la carrera de Comunicación Social, "obedeciendo a mandaros externos, tenía que terminar esa carrera pero yo estaba en otro canal", aseguró en la entrevista con Lucas Borzi, conductor de Grita el Arte.

En todo lo que hacía aparecían los colores y la experimentación. Al día siguiente de recibirse se acercó al espacio Insurgente y allí se encontró con el artista Daniel Fitte a quien le pidió tomar clases. "Conectamos inmediatamente", explicó y desde ese momento comenzó la búsqueda e indagación de todo eso que estaba dentro suyo esperando a ser llamado y movilizado para mostrarse. Dicen los artistas que cuando se conoce el talento o potencialidad que tiene el cuerpo para alguna disciplina en particular, hay un "descubrimiento" muy movilizador y lo que le sucedió a Soledad es que desde ese momento, "nunca más deje de pintar".

Convivencia necesaria

Cuando comprendió que ahí, en los colores y las formas aparecía lo más esencial de su ser, se dio cuenta de que no podría dejar de hacerlo. "Si no lo hacés, no podés vivir, te morís por dentro. Y hacés los sacrificios que sean necesario para hacer lo que te hace vibrar", comentó.

Está convencida de que no se puede romper el camino de "lo formal" completamente pero sí se puede "armar una estrategia para sostener las dos cosas al mismo tiempo". Lo que atravesó fue un tiempo de adaptación, "en un primer momento los dos ámbitos están peleados, porque te enojas con las cuentas que hay que pagar, el trabajo formal, y después te vas reconciliando, y las unís y de a poco se acomodan las partes y puede pasar que puedas empezar a congeniar la cosa más amable entre esos dos polos".

Y todo lo que a uno le pasa en la vida "formal" se traduce, en definitiva, en el arte. "Tus mambos están ahí, en las obras", manifestó.

Horizontes de historia

Soledad, como tantos otros artistas, trabaja en series. Desde 2015 está trabajando en una que surge a partir de fotos que ve, "viejas" y aparece la pintura cuando se permite "nadar" en ellas. Muchas de sus obras son inspiradas por fotos de fines del siglo XIX, traídas a Argentina por un hombre de Nueva Zelanda. Y la historia es increíble, "el tipo las trajo porque eran del lugar que había construido su abuelo inglés y es donde crecí yo, un campo cerca de Huanguelén", relató envuelta en emoción. "En el año 2000 viene este señor a decir que quiere ver el lugar porque había encontrado el álbum y quería conocer quiénes habían vivido después de ellos. Es algo muy fuerte", expresó.

De allí que ella tuviese tanta necesidad y devoción por pintar horizontes. "Yo pintaba horizontes pero no sabía por qué", hasta que con las fotografías terminó de completarse su historia.

Pero la reinvención de las historias que salen de esas fotografías o los horizontes, no son lo único que hace. "Voy atravesando etapas marcadas por búsquedas puntuales. Todas motivadas por un interés. Hay una forma, color, fundamentalmente de corrimiento en la obra, de las formas y salir de la corrección estética", comentó Soledad. Y como amante del color y la forma, asumió que "siempre estoy trabajando cuestiones acerca de la memoria pero siempre hay una cosa de internar correrme de lo que estaría bien pintado, no me gusta se sepa de qué estoy hablando, no me gusta que estén las formas tan definidas, me gusta que genere incertidumbre". De hecho, cada uno de sus cuadros en blanco, negro y grises llaman al espectador a completar eso que está dicho de un modo confuso y provocador.

Memoria y calma

Al finalizar la entrevista con cada artista invitado, el conductor de Grita el Arte indaga en eso mismo, en lo que dice y expresa el arte de cada uno. Y es ahí cuando en casi todas las ocasiones se produce el silencio y aparece la emoción. Soledad aseguró que "mi arte grita memoria, todo el tiempo. Y dice `basta de todo, quiero calma, quiero silencio´ en este mundo tan esquizoide, enfermo".

Y, en esa misma reflexión invitó a los artistas latentes a animarse a probar y dejar que salga de su interior lo más profundo y subjetivo. "Mi arte quiere eso, quiere conectar eso que yo estoy segura que tenemos todos pero está muy tapado por tanto estímulo. Hay que saber conquistar el tiempo y el espacio para que surja".

Cada acción, por más grande o pequeña que sea, conlleva una decisión. En esa rutina decidimos ser felices, perdonar, actuar, quedarnos quietos o dejar que el arte fluya y podamos convertirnos en artistas.

Experiencia charrúa

Estuvo en Uruguay en seis oportunidades. Participó de encuentros de formación artística orientados a la reflexión y a la producción concreta de las obras. "Se piensa en el arte hoy en el sentido viajando a otros lugares, interactuando con otros artistas", de ese modo, en cada espacio que se comparte, se pueden compartir las problemáticas de todos los países e intercambiar sobre las cuestiones por las que están atravesados en sus lugares para hacer lo suyo. Soledad Rolleri vivió esa experiencia gracias a un programa internacional del que formó parte, coordinado por el arquitecto, curador y artista, Daniel Fischer.

Provocar

"Me gusta generar incertidumbre" aseguró Soledad Rolleri en Grita el Arte y eso es lo que sucede a cada observador de las obras de la serie en la que retrata momentos (muchos de ellos épicos) y los reproduce con el pincel. Es el caso de ésta. ¿Qué es? Un grupo de damas antiguas mirando una carrera de caballos. El arte provoca, y sí que puede llevar a volar.