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28.01 | Columnistas ESCENARIO POLITICO

Maduro, el grotesco progresismo argentino, el busto de un golpista y "el partido de José"

Venezuela, la grieta y el destino latinoamericano. El "progresismo" argentino, cada vez más conservador. Uriburu, el precursor de todos los golpes militares, ya no está más a la vista de la gente. José Eseverri ya tiene los avales de su propio partido y espera la resolución de Alternativa Federal.

Cacho Fernández

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Lo que está sucediendo en Venezuela es muy importante no sólo para los venezolanos sino que se transforma en un verdadero disparador para confirmar en qué modelo político e ideológico está situado cada espacio político y cada dirigente a nivel individual.

Quien conoce un poco de teoría histórica y no toca de oído, sabrá que este tipo de regímenes como el de Maduro y su antecesor se forman a partir de la elaboración de un enemigo cuyo único objeto es cohesionar de manera orgánica a quienes se le oponen. Dentro de ese bando se suelen conjugar ideologías diversas desde un inicio y luego se va decantando hasta quedar apenas un grupo de fanáticos y fundamentalistas. El odio al diferente, al que se concibe como enemigo, es el rector de la conformación que se va cohesionando a partir de un relato en donde las complejidades de la vida y de la política se simplifican grotescamente hasta transformarlas en eslóganes facilmente digeribles por quienes suponen que la realidad es así, binaria y simplista.

Así nacieron los fascismos europeos y el stalinismo soviético, entre otros. Los primeros, en su versión italiana y alemana (nazismo) utilizó como opuestos al capitalismo liberal o de autorregulación y el comunismo, y se propuso como una posición intermedia entre ambos pero con un régimen político singular sustentado en el poder de un líder incontrastable y un estado represivo para los opositores, sin Parlamento ni partidos políticos o éstos, absolutamente limitados y perseguidos. El segundo colocó al capitalismo en la vereda opuesta y con el verso de un socialismo nacional terminó invadiendo toda Europa del Este. Pero el odio al opositor y la misión de eliminarlo fue el rector de esos regímenes. Se suele utilizar mucho la simbología abstracta, el pasado "heroico" y también algunos enemigos míticos muy arraigados en la población como lo fueron los judíos en Alemania, para culparlos de todos los males del pueblo.

Y éste es el otro punto, el llamado "pueblo". ¿Cómo se lo concibe, quien lo integra, quienes están dentro y quienes fuera de esta categoría?. En general, es un concepto propio de la sociología orgánica que se emparenta con la idea de "comunidad", un todo muy complejo y diverso cuya integración es absolutamente arbitraria y muy vinculada al discurso dominante, esto es, el jefe político decide quien está dentro y quien afuera. Algunos movimientos autodenominados "revolucionarios" solían marcar la contradicción principal entre "pueblo vs. imperialismo", pero terminaban colocando por fuera de la primera categoría al kioskero de la esquina por el solo hecho de no comulgar con la ideología de ellos. ¿Era imperialista, entonces, el kioskero?. En fin, un absurdo.

Por lo tanto, son divisiones absolutamente arbitrarias y estos regímenes terminan dividiendo a la sociedad entre quienes obedecen y quienes cuestionan, sin atender a su extracción de clase.

Progresismo conservador

Asombrosamente, algunos espacios locales que se dicen "progresistas" adhieren a Nicolás Maduro, un exponente claro de un caudillo bananero, con un poder sustentado en la represión y el miedo, sin contar el sufrimiento económico que le hacen padecer a su propio pueblo.

No existe progresismo sin respeto a la libertad y a los derechos humanos. Es más, la idea de progreso nació históricamente con la ciencia y la salida del oscurantismo medieval, que en lo político trajo aparejada la Revolución Francesa y su ideario de libertad y su oposición al absolutismo monárquico. Entonces, ¿cómo se pueden autodenominar progresistas si desprecian la libertad?.

Platón enseñaba que no existe libertad sin justicia y también a la inversa. Es decir, todos los valores son concurrentes, lo que equivale a decir que si al faltar uno se destruyen los restantes.

Sin embargo, aquí, en donde la ignorancia y la miopía invade todas las ideologías, alguna militancia se empecina en apoyar un régimen injusto y antidemocrático como el de Nicolás Maduro, sin contemplar que hay miles de posibilidades de oponerse. En algún momento también respaldaron las monarquías teocráticas islámicas o las dictaduras autodenominadas de izquierda cuando resultaban ser regímenes totalitarios injustos, represivos y fundamentalistas. Solo hay que leer historia, análistas políticos, literatura y pensar, solo eso, pensar y deducir qué puede pasar en una sociedad cuando las instituciones republicanas dejan de existir.

Extrañas mixturas

Dentro de esa rara mixtura de fascistas, "socialistas nacionales" y autodenominados "antiimperialistas" se conformaron en este país y esta parte del continente movimientos, espacios políticos y gobiernos, los cuales, bajo esas consignas abusaron del poder o se terminaron robando los fondos públicos o vendiéndose al mejor postor, siempre y cuando tuviese dólares frescos para dar, así sean éstos de procedencia musulmana, cristiana o protestante o de cualquier color político.

Hoy apoyan a Maduro y rechazan a Juan Guaidó porque lo suponen amigo del gobierno estadounidense sólo por pedir instituciones, democracia y libertad. Se jactan esgrimiendo aquella desafortunada frase de Perón "para los enemigos, ni justicia", e hicieron y siguen haciendo de la política un escenario bélico, una guerra sin cuartel en la cual el diálogo y la búsqueda de consensos estén ausentes. La defensa de Maduro prefigura de alguna manera el modelo que pretenden aplicar en este país.

Régimen político

El cristinismo más cerrado, más dogmático y fundamentalista, intentó aplicar ese modelo. Por lo tanto, si bien la corrupción de aquellos tiempos fue grosera y detestable, aunque siempre nos queda el amargo consuelo de que "todos robaron...". Quizás lo peor fue el régimen político que intentaron consagrar. Tal vez el rechazo que hoy tenga la ex presidenta y que fue y es funcional a Macri, tenga mucho más que ver con esto último que con lo primero.

La grieta, entonces, no es garantía de democracia sino de beligerancia vana. Desde que existe la grieta, este país no pudo jamás hilvanar un plan a largo plazo. Se transitó de crisis en crisis. Ahora mismo, de la crisis que dejó Cristina, tendremos la que va a dejar Macri, que es algo peor por la deuda externa, y así sucesivamente. Lamentablemente, éste es un país que declina progresivamente y desde hace tiempo que los argentinos viven sumergidos en el desaliento.

El precursor del mal

La historia cumple la misión de decantar moralmente los hechos, por lo tanto, la decisión de quitar el busto de Uriburu de la esquina de Colón y Brown, tantas veces reclamada por esta columna, es un dato aleccionador.

Uriburu fue un monigote de la oligarquía conservadora de entonces. Emocionalmente prusiano como gran parte del ejército de aquellos tiempos, aunque hubiese triunfado posteriormente un ala anglófila. No en vano, Perón, quien había abrevado en las doctrinas fascistas vigentes en el viejo mundo, acompañó aquella asonada del 6 de septiembre de 1930, desalojando un gobierno que creyó que podía continuar con la inercia de su gestión anterior pero había quedado dislocado con una coyuntura mundial muy adversa por la crisis liberal del '29-'30.

José Félix Uriburu fue el primer presidente generado por un golpe militar y quien inició la seguidilla de golpes que asoló el país hasta 1983 y quien cimentó la denominada "década infame", un período nefasto para la Argentina que se extendió hasta el 4 de junio de 1943, cuando Ramón Castillo fue derrocado por otro golpe militar, esta vez considerado "bueno", liderado por el entonces Coronel Perón, Farrell y otros.

La paradoja fue que no sólo a Uriburu se le había levantado un busto sino que además la avenida Colón llevaba también su nombre cuando era boulevard. No en vano la historia es según quien la escribe.

El haber quitado el busto de Uriburu de la esquina de Colón y Brown debiera ser un hecho significativo por doble partida: por castigar a un golpista condenándolo al arrumbamiento y a la vez reivindicar la continuidad democrática, un mensaje que no solo les cabe a los militares sino también a todos aquellos, golpistas civiles, como los D'Elía y compañía, que alientan el derrocamiento de un presidente constitucional por el solo hecho de no ser de su preferencia.

El partido de José

El eseverrismo avanza con su propio partido local. Se llamará Encuentro Vecinal para el Desarrollo de Olavarría, o comunmente denominado "el partido de José".

Ya juntaron los 150 avales para registrarlo y necesitan un piso de 400 afiliados para ser aceptados por la Junta Electoral. "La gente ya se llevó 200 fichas para aportar. Hay mucho entusiasmo", dijo una fuente del nuevo espacio.

La idea es la de ir armando una herramienta para poder competir en las próximas elecciones aunque sin descartar una posible inserción en algún espacio nacional como sería seguramente Alternativa Federal, que integran los gobernadores e intendentes peronistas no kirchneristas fundamentalmente.

El proyecto es el articular con Alternativa Federal, pero también el de quedar a resguardo en lo local por si no se prospera algo nacional. Ya descuentan que sí y que la idea es la de una gran paso en la que participarían todos los candidateables como Juan Manuel Urtubey, Sergio Massa, Roberto Lavagna y quien quiera hacerlo.

Suponen que en esa "gran Paso", todos ellos sumarían al menos un 20 por ciento del electorado, lo que sería una buena base electoral para sumar luego en la general un número que les permita participar de una segunda vuelta.

La gente de Alternativa Federal conjetura que por lo menos existe un 40 ó 45 por ciento que está deseosa de una tercera vía, algo diferente al macrismo y al kirchnerismo, y que esta vez, luego de ambas experiencias, el votante preferirá algo alternativo.

De todas maneras, en lo local ya comenzaron a polarizar. En el transcurso de esta semana, Ezequiel Galli lo acusó a Eseverri de haberse gastado 1.400.000 pesos del Fondo Educativo en traer a Lali Espósito para que cante en vez de invertirlos en infraestructura escolar. La acusación fue durísima y cargada de pimienta electoral y el eseverrismo acusó el impacto.

Un par de días más tarde, el concejal Einar Iguerategui, mano derecha de José Eseverri le disparó a Galli munición gruesa al acusarlo de "estar mintiendo para ensuciar (o querer dañar)" al ex intendente. Lo argumentó con las cuentas contables y le enrostró al jefe comunal no haberse informado antes de hacer la imputación

Eseverri, entonces, eligió una respuesta institucional y no electoral al delegarla en su concejal y no hacerla él personalmente. En el fondo y más allá de la forma, se pareció demasiado a un inicio de campaña y al de un intento de polarización.