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03.03 | Columnistas Escenario político

Los discursos, las palabras y las cosas, la grieta que vuelve. Galli, entre la gran obra y los temas de la gente

El Presidente no habló de economía y volvió a subir a Cristina al ring electoral. El problema de cómo generar trabajo. El espejo alemán. El Intendente dio su discurso y su propia valoración de su gestión. opiniones encontradas y el dilema de gobernar, si dejar un testimonio de su paso por la Municipalidad o resolver los problemas cotidianos de la gente. 

Cacho Fernández

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Los discursos de los mandatarios en la apertura de las sesiones ordinarias de los órganos legislativos suelen ser los mojones para estructurar las gestiones de los presidentes, gobernadores e intendentes. Algo así como la arbitraria división de la historia en Edades.

Como si la caída del imperio romano de occidente hubiese marcado en fin de una parte de la vida y el comienzo de otra diferente, así drástica y mágicamente. O la toma de Constantinopla o cualquier otro hecho indicarían esas bisagras bruscas de cambios epocales cuando el tiempo transcurre paulatinamente y las modificaciones son la gran mayoría de las veces imperceptibles.

Al Presidente de la Nación se le coló la campaña electoral en su discurso, y la bisagra la colocó en 2015, cuando recibió el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. "Estamos mejor" dijo, pretendiendo potenciar la grieta que le dio tanta rentabilidad electoral.

Macri instó a desviar el análisis de su discurso hacia la comparación de una y otra gestión, y eso puede ser rentable para él pero también una trampa.

Porque al inducir a la gente a una comparación de ambos gobiernos tienta a un análisis general y no a los detalles, lo que podría ser también riesgoso para un Presidente que ganó las elecciones de 2015 y luego de 2017 precisamente por las "particularidades" del gobierno de Cristina como las interminables, sorpresivas y eternas cadenas nacionales, el falseamiento de los datos, las irregularidades institucionales y demás.

La generalidad, es decir, el clima general, incluido el consumo, las tarifas y otras seguramente a Macri le jugaría en contra. Solo bastarían las imágenes de comercios cerrados, las facturas de los servicios y todo lo que deviene de la recesión.

Seguramente, la institucionalidad macrista aventaja a la cristinista, los datos fueron sincerados y la vida política fue perdiendo afortunadamente ese cariz épico innecesario pero tan infructuoso como la normalidad macrista. La corrupción fue puesta en el banquillo pero aún resta mucho para ser condenada. ¿Habrá que esperar quince o veinte años para ver ese gran día? ¿y para recuperar lo robado, cuánto?.

La realidad no cambió mucho. Cristina dejó, siempre según los datos de la UCA y no los de Guillermo Moreno, un índice de pobreza del 30 por ciento, y Macri le subió tres puntos más. La desocupación y la subocupación sigue siendo similar, pero sí ha cambiado la inserción internacional, el perfil retórico-ideológico, y las reglas de juego institucionales.

Macri cambió la emisión cristinista con endeudamiento externo y eso lo condujo a un ajuste asfixiante para los sectores de ingresos fijos. Por ahí, las cuentas se transparentaron, pero ¿a qué costo?. El ilusorio bienestar de la mentira del último período K fue sustituida por una verdad deprimente y desalentadora. El macrismo no pudo o no supo o no quiso lo contrario, esto es, salir progresivamente de una realidad para entrar de la misma forma en la otra. De ese modo, el consumo, o esa felicidad ilusoria de la adquisición de un bien, cayó estrepitosamente y muchos puestos de trabajo fueron quedando en ese camino escarpado de una supuesta pero frustrada lucha contra la inflación.

Espejos donde mirarse

El país ya había probado esa receta de las tasas altas para secar el mercado con Alfonsín y no resultó. La inflación siguió creciendo cada vez más hasta llegar a la híper, y el dinero de los argentinos se fue licuando hasta llegar a ser la misma nada. En febrero de 1989, el dólar dijo "aquí estoy yo", aumentó doble de su valor y destruyó todas las esperanzas que generaban los plazos fijos.

La inflación, esa máquina de generar pobres sigue siendo un enigma indescifrable hasta para los economistas. Los precios, si bien están conformados por componentes objetivos, son en cierta medida producto de convenciones, y ese factor subjetivo se potencia en etapas inflacionarias. Entonces ¿cómo detener esa psicología tan destructiva como el incremento detenible de los precios? ¿por dónde se comienza? ¿por el circulante? ¿por la competencia genuina o la generada por la importación? ¿cómo se salvan los costos sociales derivados de estas políticas?. Menem no dudó, abrió las aduanas y los precios se derrumbaron, pero se cerraron muchas, demasiadas fuentes de trabajo. Macri parece ir en el mismo camino.

Lo más genuino es el aumento de la oferta, y eso es mayor producción. Así lo entendió Ludwing Erhard, un ministro de economía de la Alemania de la posguerra y autor del milagro económico alemán. Este señor estimó que para luchar contra la inflación había que aumentar la producción y la oferta para generar competencia, calidad y precio. Potenció todas las fuerzas productivas, propició la creación de muchas pymes, trabajo y todo esto trajo aparejado lo que se dio en llamar "la economía social de mercado", es decir, una sociedad de productores. Por lo tanto, y como pregona el diputado José Ignacio de Mendiguren, ¿no habrá que elegir un camino inverso al elegido por el Gobierno trocando el ajuste por desarrollo?.

La grieta eterna

Pero Macri intentará eludir el eje de la economía por el de la corrupción que no deja de ser un tema fundamental para el país pero que también requiere de resultados tangibles.

El Presidente ya eligió a Cristina como su oponente y a la ex presidenta le conviene esa grieta que termina siendo negocio para ambos. En el medio de lo que podrían ser dos fracasos, queda un pueblo postergado desde hace muchos años, que está solo y espera una alternativa superadora de las falsas antinomias.

Por primera vez quizás el Presidente se mostró pasional y se enfrentó a la barra de la oposición. El acto se apartó de lo meramente expositivo y se cubrió de un factor emocional desacostumbrado para estos tiempos. Hay quienes piensan que su actitud fue contraproducente, pero bueno, se está luchando por el poder y eso no es poca cosa.

Es una final y la derrota, para cualquiera de los polos de la grieta podría ser fatal e irreversible. No en vano el Presidente se dejó llevar por la épica y las emociones. También el kirchnerismo se juega su última carta porque una derrota lo condenaría a la extinción.

El discurso del Intendente

Aunque reducida, en lo local el discurso del Intendente Galli generó también sus reacciones. Para el edil del eseverrismo, Einar Iguerategui, "después de tres años de gestión sigue faltando un perfil de ciudad y el discurso no aludió a la cuestión económica. La omisión de la realidad nacional fue como una negación de lo que está pasando. Creo que aquí pretenden también polarizar con el kirchnerismo y yo creo que la alternativa a todo esto sigue siendo José Eseverri porque creo que es el candidato para sacar a Olavarría de esta crisis y de esta falta de identidad productiva que tiene con la gestión Galli".

De esa manera, Iguerategui se animó a decir lo que todavía Eseverri no dijo, que quiere ser candidato. El ex intendente estaría temiendo que el electorado se divida en tres tercios lo que sería favorable al oficialismo. De ahí que esté rumiando tanto su candidatura.

El eseverrismo insiste en que "Galli no deja una obra que identifique su gestión", y el Intendente, quien en un primer momento eligió las cloacas como la obra que lo haría trascender, hoy tendría el nuevo Matadero Municipal como factor identitario.

La edil de Cambiemos, Carolina Espinoza, tuvo una visión particular de su discurso al que lo despoja de todo interés electoral. Alega además que el Intendente tiene hoy "un equipo consolidado, y que en este tiempo ha adquirido solidez y experiencia. Encuentro en su discurso su impronta, su norte: todos y cada uno de los hechos y actos de gestión tuvieron un objetivo común: el de mejorar la calidad de vida de los vecinos. Veo ahí su sentido y rumbo permanente, el rasgo definitorio de su gestión".

Para la concejal, una de las militantes históricas de Cambiemos "la obra pública estuvo orientada a que todos tengamos cloacas, agua, escuelas en condiciones, mejor iluminación; salud más accesible, más cercana, mejor equipada; transporte público de mejor calidad, en fin, todo tendiente a lo mismo, que es mejorar la calidad de vida de los olavarrienses".

En tanto, Federico Aguilera, candidato a intendente por Unidad Ciudadana, dijo que fue "un discurso esperable" y si bien para Iguerategui hubo una omisión a la situación económica general, para Aguilera "se pudo observar una suerte de reconocimiento de la innegable crisis social que atraviesan los ciudadanos producto de las políticas económicas que aplica el gobierno del cuál el forma parte y defiende". Tras lo cual le cuestiona "la falta de autocrítica en ninguno de los ejes abordados como los de la seguridad, salud, falta de recursos para las localidades".

Le critica también que "no hubo grandes anuncios ni proyectos para generar empleo genuino ni proyecciones para un programa de viviendas municipal".

Tres recepciones de un mismo discurso, algunas de ellas con posiciones totalmente disímiles y encontradas. Pero lo cierto es que el discurso de Ezequiel Galli estuvo orientado, según su propia interpretación de los hechos a una administración que fue de menos a más, que suplió con cierto éxito la inexperiencia original cuando él mismo confesó que no sabía qué botón apretar. Pero, como dice el eseverrismo, por ahí es verdad que todavía le puede faltar esa impronta que lo perfile. ¿Será el Matadero, las cloacas o las obras escolares?. Otro aspecto sería el del mejoramiento del transporte público de pasajeros... De todos modos, esta valoración de un gobierno también puede tener una carga ideológica singular y por ahí equivocada y es la de medir una gestión por sus grandes realizaciones cuando en realidad, como subraya Carolina Espinoza, un gobierno bien se puede evaluar por su capacidad de resolver los problemas de la sociedad o las denominadas "cosas de la gente". Por ahí pasa la vida real, por las pequeñas cosas. Y, como decía Chesterton, posiblemente todo el universo sea sólo un conjunto de "enormes minucias".