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26.04 | Policiales 

Falleció el preso que estaba en la Unidad 2 tras hacerse pasar por Oyarbide

Se trata de Jorge Celentano Arce que unos 52 años de edad. En octubre de 2015, llamó desde el penal a la comisaría de Lincoln haciéndose pasar por el juez federal Norberto Oyarbide.

Jorge Celentano Arce de unos 52 años de edad estaba alojado en la Unidad Penal 2 de Sierra Chica luego de haber protagonizado un caso que tuvo repercusión nacional por sus características que incluso derivó en la violación de una agente policial.

El ahora fallecido, estaba acusado de extorsión, chantaje, abuso sexual gravemente ultrajante y explotación de la prostitución agravada, entre otros graves delitos.

El Popular Medios logró saber que el interno estaba internado desde el 20 de abril en el Hospital Municipal "Dr. Héctor Cura". Por estas horas se espera el resultado de la autopsia y por ahora la causa está caratulada como "averiguación causales de muerte" a cargo de la UFI Nº 19 del Dr. Lucas Moyano.

En 2015

El caso tuvo impacto nacional y provocó el desplazamiento del jefe de la seccional policial de Lincoln. Arce, logró que un grupo de agentes creyera que estaba recibiendo órdenes del mediático juez federal Norberto Mario Oyarbide. Tras eso detalló que siguiendo las directivas del supuesto magistrado, enviaron a una agente recién recibida a hacer "tareas de inteligencia" que derivaron en abusos sexuales varios.

Diario Clarín publicaba hace cuatro años atrás que todo se trataba de un engaño, aunque cuando se descubrió ya era demasiado tarde. Antes de ser trasladado a Sierra Chica como consecuencia de este caso estaba detenido en la cárcel de Junín y su habilidad para extorsionar alcanzaba niveles inimaginables.

El mismo diario aseguraba que el expediente del 11 de octubre de 2015, Celentano llamó desde el penal a la comisaría de Lincoln haciéndose pasar por el juez federal Norberto Oyarbide.

Dijo que necesitaba "personal femenino" para una investigación sobre narcotráfico. La agente actuaría de encubierto, indicó, y se reuniría con distintos "informantes" que le darían datos sobre una banda.

De acuerdo a las instrucciones del impostor, además de mantener estos encuentros la agente debía llevarle mercadería (ropa y otras cosas) a un hombre que estaba preso y que estaba colaborando en la investigación. El recluso, obviamente, no era otro que Celentano.

La oficial que pedía el falso juez debía tener determinadas características: sobre todo, ser joven y linda. Para reforzar la orden, el extorsionador volvió a llamar a la comisaría haciéndose pasar por un secretario del ministro de Seguridad Bonaerense, Alejandro Granados. Fue así como, insólitamente, logró que los policías le creyeran y designaran a una agente novata con poca experiencia para cumplir con las órdenes.

A partir de ese momento, el falso Oyarbide comenzó a instruir a la incipiente agente para interiorizarla en el caso. Antes que nada le pidió, por ejemplo, que le mandara fotos a su celular para conocerla. Y también le indicó cómo debía vestirse para encontrarse con cada uno de sus "informantes". La trampa estaba en marcha.

Pero surgió un problema: los datos que darían estos "informantes" o "buchones" requerían a cambio favores sexuales. La dinámica de estos encuentros implicaría una complejidad que todavía está siendo investigada y que aún tiene cabos sueltos. Lo que sí está claro es que el engaño fue posible gracias a cierta vulnerabilidad de la víctima y a la negligencia de sus jefes.

¿En qué constaba el engaño? El extorsionador, siempre desde la cárcel, coordinaba con agencias de remises para que pasaran a buscar a la mujer policía por algún punto. El auto también debía tener ciertas características, como por ejemplo, vidrios polarizados. A su vez, Celentano adoctrinaba a los choferes sobre qué decirle a la agente: esa era la presunta información encriptada que haría caer los narcos.

Al momento de concretarse la reunión con "el buchón", la policía tenía que dejar su teléfono abierto para que el preso pudiera escuchar del otro lado de la línea lo que estaba sucediendo. Lo que escuchaba eran esos favores sexuales que pedían los "informantes" a cambio de dar datos.

Así, según fuentes de la investigación, hubo al menos cinco encuentros entre la oficial y los falsos delatores. En tres, el sexo fue simulado. Uno llegó al abuso simple. Pero en un quinto episodio todo escaló hasta una violación. Fue entonces cuando la víctima le contó todo a su jefe y el caso llegó a la Justicia de Junín.

En paralelo, el verdadero juez Oyarbide había hecho ya una denuncia porque se había enterado de que alguien estaba haciéndose pasar por él. Y a partir de la causa por la violación de la oficial, también se involucró Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad, que pasó a disponibilidad al jefe de la comisaría de Lincoln.

Al preso le intervinieron los teléfonos y, cuando lo trasladaron al penal de Sierra Chica, requisaron su celda. Le secuestraron dos celulares y parte de la mercadería que la oficial y otras víctimas de extorsión le habían llevado al penal.

No es el primer caso adjudicado al preso. Celentano habría hecho engaños similares en Pergamino, Luján, Junín, San Martín y Caseros: llamaba a la Policía haciéndose pasar por juez o funcionario de Seguridad. Por eso, además del de Lincoln hay otros tres comisarios que ya fueron pasados a disponibilidad por haber caído en distintas trampas.

La causa de la oficial violada en Lincoln fue uno de los hechos más graves de los que tiene en carpeta Vanina Lisazo, titular de la Fiscalía de Trata y Delitos Conexos de Junín, a cargo del caso. (El Popular / Clarín)