01.06.2019 

La densidad de siembra limita al raigrás

Ensayos de la Chacra Experimental Integrada Barrow concluyeron que el incremento de semillas de trigo y cebada en manchones de la maleza limitó su crecimiento. 

"La densidad de los cultivos de trigo y cebada ha sido una variante trascendente para mejorar la habilidad competitiva de los mismos frente a raigrás. Al aumentar el número de plantas por unidad de superficie es posible favorecer al cultivo limitando el proceso de enmalezamiento.

Esta práctica cobra relevancia dentro de estrategias de manejo integrado de la maleza, donde junto a otras prácticas culturales como al control químico contribuirían a reducir la incidencia y perjuicios del raigrás resistente a herbicidas", indican los ingenieros Marcos Yannic cari y José Massigoge, técnicos de la Chacra Experimental Integrada Barrow, en la conclusión del trabajo denominado "Experimentación adaptativa: incremento de la densidad de siembra como estrategia de supresión de Lolium spp. en trigo y cebada".

En el área de influencia de la CEI Barrow (partidos de Tres Arroyos, Gonzales Chaves, San Cayetano y Coronel Dorrego), las poblaciones de raigrás resistentes a herbicidas son un problema frecuente en los lotes de producción de trigo y cebada. En ensayos llevados a cabo en Barrow desde 2016, se ha demostrado que duplicar la densidad de siembra normalmente empleada en trigo, conduce a un cultivo más agresivo frente a la maleza. Los ingenieros aplicaron este manejo en circunstancias de producción en sistemas reales.

Así fue que en dos campos de Coronel Dorrego se evaluó el efecto de la doble densidad de siembra sobre poblaciones de raigrás naturalizadas. "Los productores sembraron el cultivo a la densidad habitualmente empleada y seguidamente en doble densidad, generada por una re-siembra transversal (a 45° aproximadamente una de otra)", detallaron los ingenieros.

Resultados "En las experiencias del presente trabajo, el aumento de la densidad de siembra definió un número de plantas logradas cercano a 300 por metro cuadrado. Ese incremento no provocó diferencias significativas en el número de espigas de cebada ni de trigo obtenidas al final del ciclo. En promedio para ambas densidades, la cebada y el trigo produjeron 527 y 457 espigas por metro cuadrado, respectivamente.

Esto indica que el aumento de la densidad se compensó con una menor producción de macollos fértiles. Tales efectos no llegaron a repercutir en el rendimiento final de cebada ni de trigo cultivados bajo interferencia con raigrás", especificaron.

Sin embargo, la doble densidad de siembra junto al efecto de la distribución espacial de las plantas (generada por la re-siembra orientada a 45°), afectaron la producción de espigas de raigrás. "En ambos experimentos la maleza produjo la mitad de macollos fértiles", agregaron.

"El efecto del aumento de la densidad de siembra de trigo y cebada sobre raigrás se propone como una interesante alternativa de manejo basada en el ajuste de densidad de siembra por ambientes. En tal caso, el ambiente donde duplicar la densidad estaría definido por aquellos sitios (dentro de un mismo lote) de alta densidad de raigrás, 'parches' o 'manchones', que caracterizan el patrón de distribución de la maleza", concluyeron.