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09.06 | Columnistas 

"Mirar pornografía infantil fomenta una industria que viola y explota niños"

Fue preso político durante siete años. Nació en Azul y vivió en Olavarría. Una buena parte a la fuerza: dentro de la cárcel de Sierra Chica. En 1981 logró que Israel lo cobijara. Y desde 1984 vive en Suecia. Eduardo Grutzky va tras las huellas de los pedófilos desde la estructura nacional de la policía sueca. 

Claudia Rafael

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Eduardo Grutzky nació en Azul hace 62 años. Pero más de la mitad de su vida transcurrió en Suecia. En esa tierra que lo cobijó desde 1984, tras una estadía de tres años en Israel, destino al que se había autorizado su salida del país. Hasta el último instante de su vida sobre tierra argentina tuvo una pistola que lo apuntaba. A las 6 de la mañana de un día de final de julio de 1981 lo sacaron de su celda de la cárcel de Caseros. Le dijeron que se iba. Y -extrañas vueltas de la vida- a miles de kilómetros de distancia Lady Di y el príncipe Carlos se casaban. Grutzky pispeaba el aparato de televisión que le permitió ver con entusiasmo el aburrido momento de las dos celebridades en un altar. Hacía siete años -mientras entre torturas y todo tipo de crueldades deambulaba por los penales de Sierra Chica, Rawson, La Plata, Azul, Caseros- que no estaba ante las imágenes en movimiento de un televisor. Atrás quedaban sus días de militante montonero y los siete años como detenido político.

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