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03.11 

Capítulo 11: Quién hubiera dicho

"Al compás del corazón", una novela en entregas de la escritora local, Andrea Milano. Un nuevo capítulo cada domingo con tu diario El Popular.

Esa mañana en la estancia La Isolina, los tres integrantes de la familia Madariaga habían coincidido en el comedor a la hora del desayuno. Normalmente, don Cosme era el más madrugador y cuando sus hijos se levantaban, él ya estaba recorriendo los campos. Los constantes intentos de Estelita por mejorar la relación de los dos hombres más importantes de su vida caían en saco roto. La tensión entre Lautaro y su padre se hacía cada vez más evidente y era difícil que se respirase armonía alrededor de la mesa familiar.

Don Cosme tenía a mano el diario del anterior. Delante de su hijo, fingía darle poca importancia, pero la verdad era que Lautaro ni siquiera se imaginaba que lo primero que hacía su padre cuando El Popular llegaba a su casa, era leer la crónica negra en donde él se lucía. Le disgustaba que hubiese rechazado involucrarse con la administración de sus tierras porque era lo que siempre había esperado de él, aun así, y aunque le pesara, se sorprendía gratamente de su veta literaria y ese afán de investigar cada caso como si fuera el más aguerrido de los periodistas. Mantenía en secreto la admiración por su hijo con la fuerte esperanza de que algún día le hiciera caso y tomase las riendas del campo.

Ajeno a los pensamientos de su padre, Lautaro barruntaba sobre lo que había sucedido la noche anterior en la Confitería París tras el recital de Gardel. No le gustaba nada que el dueño de La Nuit se hubiese acercado a Victoria para proponerle cantar en su local. Una de sus muchachas había terminado brutalmente asesinada y temía que ella corriese con la misma suerte si frecuentaba su negocio. Confiaba en que Victoria no aceptase su oferta. Miró de soslayo a su hermana. Estelita era la única a quien podía acudir para obtener información. Apenas su padre abandonó el comedor para encerrarse en el despacho a hablar por teléfono, bebió el último sorbo de su café y se dispuso a interrogar a su hermana de la manera más sutil posible. Tampoco quería que ella sospechara el interés que tenía en su amiga.

-Por la expresión en tu rostro, deduzco que todavía estás soñando con lo que sucedió anoche -dijo, apartando la taza vacía hacia un costado. Se puso a jugar con unas migas de tostada para no parecer demasiado ansioso por una respuesta.

Estelita sonrió.

-¡Fue maravilloso, Lautaro! Vos estabas ahí y viste lo mismo que yo. Victoria cautivó a todos con su voz. ¡Hasta Carlitos Gardel la comparó con la gran Azucena Maizani! Es una pena que tenga que vivir su vocación a medias por culpa de sus tíos...

-¿Sus tíos no están de acuerdo? -la interrumpió. La inquietud de saber más, le hizo olvidar de la cautela a la hora de formular sus preguntas.

-Según ellos, el tango no es lo más apropiado para una señorita de su clase. Si se dedicase a la música clásica seguramente no se opondrían. Como Victoria se siente en deuda con sus tíos por haberla recibido en su casa cuando llegó de España, no quiere defraudarlos... aunque al hacerlo, se defrauda a sí misma y a su pasión por la melodía arrabalera.

-Entonces no va a aceptar la invitación que le hizo Santibáñez para cantar en su club nocturno -deslizó Lautaro como quien no quiere la cosa.

-¡Ah, no! ¡Por supuesto que va a aceptar! -exclamó Estelita haciendo un gesto con las manos-. Es la oportunidad que estaba esperando y si mi amiga es sensata, no la va a desaprovechar.

-Pero... ¿y sus tíos? No le darán permiso -adujo su hermano, preocupado.

-No importa. Ya hallaremos la manera de que pueda escabullirse de su casa por las noches sin que ellos se den cuenta. Lo hizo ayer y no pasó nada.

Lautaro asintió en silencio. Era evidente que Victoria contaba con el apoyo incondicional de Estelita y cuando a su hermana se le metía algo en la cabeza, nadie la detenía. Él lo sabía mejor que nadie. Necesitaba seguir indagando sobre Victoria sin ponerse en evidencia.

-Me pregunto si su novio estará de acuerdo. La Nuit tiene mala fama, Estelita. Dudo que sea el mejor sitio para que tu amiga cumpla su sueño de convertirse en cantante. Yo he estado allí en varias ocasiones debido a mi trabajo. Además, ese Santibáñez es un tipo de cuidado.

-En primer lugar, Victoria no tiene novio, ni pretendiente ni festejante alguno -le aclaró, poniéndose seria-. Y si lo tuviera, no debería oponerse a sus deseos. Bastante tiene la pobre ya con sus tíos, ¿no te parece? -Ni siquiera esperó la opinión de su hermano-. En cuanto a ese lugar, Dorita y yo la vamos a acompañar. Jamás la dejaríamos sola, mucho menos sabiendo que la joven que fue asesinada hace unos días trabajaba allí.

Aunque enterarse de que Victoria no tenía ningún compromiso le provocaba alegría, la idea de que estuviese cerca de un sujeto como Felipe Santibáñez lo inquietaba mucho. Intentaría mantenerse lo más cerca posible para cuidarla.

-Cuando quieran que vaya con ustedes, no tenés más que pedírmelo -sugirió.

A Estelita le sorprendió la buena disposición que mostraba su hermano, sobre todo porque solía refunfuñar cada vez que ella le pedía que la llevase a la ciudad en su auto. No quería ser mal pensada, pero intuía que ese repentino interés, se debía a Victoria. Se limpió los labios con una servilleta mientras lo escudriñaba con atención. Lautaro tenía un brillo diferente en la mirada, estaba algo nervioso y parecía demasiado interesado en lo que hacía o dejaba de hacer su amiga. Celebró con una sonrisa de oreja a oreja la posibilidad de que a su hermano le gustara Victoria. ¡Quién lo hubiera dicho! Después de andar en flor en flor sin posarse en ninguna, era hora de que el botarate de Lautaro sentara por fin la cabeza. Quizá sería una buena manera de hacer las paces con su padre. No le mencionaría nada de sus sospechas por el momento porque sabía que él se lo negaría. Fingiría mantenerse al margen de un posible romance entre ellos mientras se encargaba personalmente de tejer sus hilos de manera tan sutil que ninguno de los dos se daría cuenta. Si de Estelita Madariaga dependía, Lautaro y Victoria iban a terminar juntos.

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