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03.12 | Información General El cardiólogo Antonio "Coco" Marcone cuenta sus secretos para mantenerse activo

Ya son 50 años en la profesión y va por más

Más conocido como "Coco", el Dr. Guillermo Marcone dice no querer jubilarse, hizo base en la capacitación constante y analiza la incorporación de tecnología médica.

Le sugerimos hacer la foto sentado sobre la camilla. En un segundo apoyó sus manos y dio un pequeño salto y se acomodó. De la misma manera que cuando tenía veinte o treinta años. Con esa actitud y ese estado atlético, Guillermo "Coco" Marcone se puso para hacer la foto para la nota. Tiene 77 años y se lo ve impecable. Termina cada jornada a las 21 horas, pero tiene un secreto para mantenerse así y que luego develaría.

La Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires acaba de distinguirlo con el título de "Médico Emérito", junto con otros once colegas bonaerenses, entre ellos tres de Olavarría (Mara Gesualdo viuda de Gómez, Nélida Etchepare y Guillermo Marcone). Otra distinción para este reconocido médico olavarriense que para elegir la universidad hizo algo muy singular. "Yo me recibí en la Universidad de Córdoba el 3 de junio de 1968. Pero cuento cómo elegí la facultad. Yo era hijo de ferroviario y entonces cuando estaba en quinto año, de Nacional, me fui solo a Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba para ver dónde iba a estudiar. Y quedé maravillado por Córdoba, por la ciudad y las sierras, y me fui para allá" recuerda "Coco".

"Yo ya empecé a trabajar a los once años. Entré en una peluquería, después en la Foto de David Fridman, donde hacía copias, tenía 13 años; y con el pintor Ardanuy; también con Víctor Rao, en su gomería, y en Córdoba entré en un hotel 4 estrellas para llevar valijas y bultos. Así me pagué la carrera. Pero a los seis meses pasé a ser conserje y al año y pico era supervisor de la contabilidad. Y estudiaba, claro; me recibí a los 25 años y me volví a Olavarría" cuenta Marcone, quien dice que siempre vivió en el mismo barrio (9 de Julio y Del Valle) "y siempre en la misma manzana", dice este reconocido cardiólogo.

"Comencé como clínico cardiólogo y luego quedé absorbido por la cardiología. En 1978 hice el curso de especialista en medicina del trabajo, y estuve en Cementos Avellaneda durante 38 años, era el médico de la plata. ¿Si me canso de trabajar?, no, para nada. Me hice un planteo cuando 63 o 64 años, cuando se jubilan todos, y a veces te arrastra el entusiasmo del que se jubila. Lo estuve pensando y dije que iba a seguir hasta que pueda, y acá estoy. Francamente, estamos atendiendo seiscientos pacientes por mes, y más también. También cubro la terapia en el Instituto Médico y hago los prequirúrgicos. Llegan las 9 de la noche y no me siento cansado por el trabajo. Termino el día tranquilo" dice con la frescura de sus 77 pirulos, respaldado por un estado físico que tiene su "secreto".

"Siempre sigo haciendo pedestrismo. Salgo a correr todos los días al mediodía, entre 11.30 y 12, y complemento con gimnasio. Es que tengo un minigimnasio en la cochera de mi casa. Mi día es leer, gimnasio, atender pacientes y la familia" dice Antonio. "Cuando uno va a Córdoba, no se sale soltero de ahí -dice riéndose-, y me casé allá con Yolanda Beatriz Martinesi. Cuando era practicante en el hospital conocí a la jefa de servicio social del Hospital San Roque. Ella es licenciada en servicio social. Acá estaba (Enrique) Alfieri de intendente, y Pereda, y mi esposa fundó la Escuela de Asistentes Sociales de Olavarría; fue directora durante varios años y también jefa de servicio social en el Hospital" dice orgulloso sobre su esposa, con quien tuvo dos hijos: Gerardo Víctor (médico clínico) y Diego Aquiles (licenciado en administración de empresa).

"¿Hasta cuándo pienso seguir?. Por ahora no tengo pensado dejar. Me siento bien, siento que soy útil a la gente, y lo principal -para un médico- es lograr mejorar la calidad de vida de cada paciente, y cuando no se puede entonces hay que apoyarlo lo mejor posible para sobrellevar su enfermedad. Es que a veces no tenemos solución y la medicina tiene un límite. Aunque cambió mucho. Cuando yo empecé hacíamos electrocardiogramas, una placa de tórax y los análisis, es decir que no teníamos ecodopler, ergometrías, cateterismo, angioplastías, pero la tecnología apareció y fue un cambio impresionante. Así que tuve que adaptarme, leo lo más posible, voy a distintos cursos (tengo más de doscientos certificados de capacitaciones) para tratar de estar actualizado totalmente. Y hay que saber derivar a tiempo, se puede diagnosticar y luego hay que enviar al paciente adonde corresponde" terminó diciendo "Coco" Marcone.