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16.02 | Información General FINDE

"Familia, política y emociones", detrás de Cromañon

Durante más de tres años el antropólogo social Diego Zenobi acompañó a las familias y a los sobrevivientes de Cromañon. Primero como testigo del dolor y la tragedia, luego como una parte de todos aquellos que fueron víctimas de la desidia y falta de controles. Así fue cómo su tesis se convirtió en un libro que en diciembre fue reconocido por la Legislatura porteña y en este FINDE cuenta los detalles de tan movilizadora experiencia.  

Rodrigo Fernández

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Durante cerca de tres años el antrópologo social Diego Zenobi compartió reuniones, marchas y reclamos con sobrevivientes y familiares de los 194 fallecidos en Cromañon. En un primer momento lo que buscaba era "estudiar los movimientos de víctimas que se posicionaban como en contra de la política y con el discurso de la familia, y como muy central la cuestión de lo emocional, del dolor y del sufrimiento". La idea era que ese trabajo de campo se convirtiera en la tesis de su doctorado pero lo que ocurrió aquella fatídica noche del 30 de diciembre de 2004 en el local porteño ubicado en Bartolomé Mitre al 3000 se le fue metiendo en la piel y hoy reconoce que, como padre de dos niños, no podría encarar la investigación que llevó a cabo.

El movimiento Cromañon

"Vivía cerca de Cromañon, tocaba en una banda de rock entonces estaba vinculado a ese mundo. Para mí era un tema cercano. Además tenía conexión con algunos temas que ya venía investigando y estudiando como los movimientos de personas que se presentan como víctimas y que exigen derechos, que ponen en la escena el sufrimiento y que generan una movilización política", explica.

Gracias a la prima de uno de los chicos fallecidos se involucró con el movimiento Cromañon pero específicamente dentro de uno de los grupos que lo conforman.

Como producto de todo ese trabajo de campo, que realizó entre el 2006 y el 2008, Diego Zenobi generó "un vínculo personal de mucho afecto con las personas con las que a veces estaba de acuerdo y otras no con las consignas polítcas del movimiento. Entonces, el compromiso era sobre todo personal con la gente".

"De toda esa investigación salió mi tesis de doctorado, después la reescribí porque el lenguaje de la tesis es muy árido, complejo para un público más amplio. Entonces lo reescribí y salió el libro en el 2014", cuenta.

El movimiento de familiares y sobrevivientes estaba formado "por cuatro o cinco grupos y elegí uno porque era con el que tenía mas cercanía".

Luego comenzó a asistir "a todas las reuniones que tenían una finalidad informativa porque en ese grupo había presentado denuncias penales. Allí se contaba cómo iban las causa penal y tambien articulaban las acciones junto con los otros grupos del movimiento de lucha".

"Los antropólogos cuando hacemos trabajo de campo no nos basamos en entrevistas exclusivamente porque lo que las personas dicen no siempre se corresponde con lo que las personas hacen. Exploramos justamente a través del trabajo de campo esa tensión", explica y marca que "además de hacer entrevistas lo central fue estar con las personas en esas situaciones, escuchar sus palabras, su gestualidad, observar la ropa o las insignias que identificaban a su fallecidos. Todos pequeños gestos que te van mostrando cuáles son las ideas que hay detrás".

De esta forma "uno puede reconstruir lo que las personas piensan, sienten y expresan sin quedarse exclusivamente con las palabras sino viendo lo que hacen".

Transformación

"Me pasaban dos cosas: por un lado participaba, estaba entre las personas, observaba y tomaba notas. Al mismo tiempo, también me sentía externo porque no tenía una persona que había fallecido. Entonces estaba ahí para hacer una tesis, para producir información y eso a mí me generaba una distancia y hasta cierta culpa, que es una cuestión clásica que todos los antropólogos siempre hablan de esa culpa del que va y se mete en un lugar al que no lo llamaron" señala. Y agrega que "por un lado me sentía distante, extranjero, ajeno al movimiento, pero al mismo tiempo sentía empatía con esas personas, que eran personas sufrientes, que se interesaban por lo que yo hacía ahí, que daban una lucha política enorme, que además duró un montón de años.Yo los admiraba realmente y les tenía mucho afecto personal".

El trabajo de campo "lo hice antes de ser padre (hoy tiene un hijo de 10 años y una hija de 5) y cuando me encuentro en situaciones vinculadas a Cromañon, o similares, me emocionan profundamente y de una forma que ya no podría volver a hacer ese trabajo", explica Zenobi.

Ahora son situaciones que le generan llanto. "Cuando hice mi trabajo de campo me cuidaba de expresar mis sentimientos porque sentía que si estaba haciendo una investigación no tenía derecho a llorar o a mostrarme como ellos, que se mostraban como personas sufrientes por lo que les había pasado".

Actualmente, "a veces voy a reuniones que hacen o me junto con ellos por algún motivo y relamente me emociona tanto que ya no puedo sostener una investigación", declara.

Definido por las tensiones

"Familia, política y emociones" se publicó en 2014 y el título tiene que ver con las situaciones de tensión que se producían en el seno del movimiento Cromañon.

"Dentro de la idea de ser familiar de una víctima había dos líneas de unión y de división, las dos cosas al mismo tiempo. Una tenía que ver con qué papel iba a jugar la política en relación al movimiento. Había grupos más cercanos a la idea de ampliarlo al movimiento políticamente y otros más alejados de esa posición. Entonces la política era un tema central. El otro tema eran las emociones, cómo manejarse con lo emocional. Mientras que algunos proponían realizar invervenciones más desde el dolor, más directas, otros grupos tenían una posición si se quiere, así lo decían ellos, más racional. En esas tensiones entre cómo manejarse con lo político y lo emocional es que surgían las diferencias entre los grupos".

Diego Zenobi explica que "la emoción era algo que los calificaba como familiares de una víctima. Hay que expresar el dolor y el sufrimiento pero al mismo tiempo para algunos de ellos había que hacerlo de forma moderada. En un contexto atravesado por el trauma, el desborde y el sufrimiento, siempre era muy inestable la cuestión y había una posibilidad de que surgieran situaciones disruptivas que para muchos no eran buenas para la lucha".

Un libro que contribuyó a la lucha

En diciembre pasado "Familia, política y emociones" recibió un reconocimiento por parte de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y Diego Zenabi asegura que para él fue muy importante ya que "cuando uno realiza investigación en Ciencias Sociales hay un compromiso con las personas con las que uno trabaja pero al mismo tiempo hay una necesidad de producir cierto tipo de conocimiento que se valida después en las instancias académicas. Entonces hay una distancia con respecto a los mundos en los que trabajamos, hay una cercanía y una distancia".

"A mí me dio mucha satisfacción ver que ese libro no quedaba limitado al mundo académico sino que un grupo de sobrevivientes, llamado ´"Coordinadora Cromañon" presentaron el libro en la Legislatura a la comisión encargada de la cuestión de Comunicación para que sea declarada de interés para la comunicación social", cuenta.

Para el antropólogo "el hecho de que las propias personas se hayan apropiado de un producto que inicialmente estaba hecho para ser consumido en el mundo académico me dio mucha satisfacción. Fue muy gratificante ver que a ellos mismos les resultó un libro que contribuyó a esa lucha o entender mejor cómo funcionaba ese pequeño mundo que estudié como antropólogo".

Punto controversial

"No voy a juzgar a los que apuntan sobre Callejeros, sobre si fueron inocentes o no. Tengo mi propia opinión y me la reservo. Si bien fue un punto importante para entender algunas diferencias al interior del movimiento, que es lo que me interesa como cientista social, esa posición sobre Callejeros no evitó que las víctimas pudieran encontrar puntos de coincidencia", explica sobre una de las cuestiones mas controversiales y señala que "las personas encontraron puntos de coincidencia dejando en suspenso la discusión sobre si Callejeros era o no responsable".

"Más allá de un grupo de sobrevivientes que defendía explícitamente a Callejeros y que no aceptara formar parte del movimiento Cromañon, era un grupo aparte del movimiento. Pero adentro, familiares y sobrevivientes no eran personas que estaban en oposición sino que encontraban puntos de coincidencia. Lograron hacer eso que para mí fue mágico, maravilloso, que puedan poner en suspenso ese debate para poder construir algo mayor que trascienda sobre si Callejeros sí o Callejeros no", afirma.

Un lugar para la memoria

Hace pocos meses la Justicia le devolvió el edificio a su dueño y frente a esta situación familiares y sobrevivientes buscan que el espacio sea recuperado. "Hay grupos de sobrevivientes que tienen proyectos de expropiación o de patrimonialización que están trabajándolos con el gobierno de la Ciudad" cuenta Zenobi y opina que le parece "una locura que le haya entregado la llave al dueño del lugar sin considerar que Cromañon también es un lugar de memoria. Estaban las marcas de las manos en las paredes, las zapatillas de los hijos que ya no están, pertenencias de pibes que pudieron sobrevivir. No hablo de valor material sino de un valor afectivo muy grande".

Por ese motivo "devolverle la llave al dueño sin tomar ninguna intervención previa y que la Justicia habilite a que los dueños intervengan en el lugar, retirando estas pertenencias, pintando las paredes

o sea, lo que se hizo fue borrar las huellas de ese desastre que el Estado y los medios de comuncación dicen que fue una tragedia pero las personas que están involucradas y que lucharon tantos años dicen que fue una masacre"

"Había responsables que debían ser acusados por lo sucedido, que no fue un mero accidente sino que era algo evitable" afirma y agrega: "me parece que no se tomó en consideración al lugar como un lugar de memoria"