19.04.2020 El COVID-19 y el desafío de contener a residentes institucionalizados

No están solos ni aislados, nos están reclamando derechos

En el actual escenario que estamos viviendo, la pregunta es si ¿estamos garantizando el cumplimiento de los derechos de los adultos mayores institucionalizados con mayor vulnerabilidad? ¿Es un buen momento para diseñar estrategias y políticas públicas para este sector?

Belén Pacheco (*) / Especial para EL POPULAR

Las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia son especialmente vulnerables a recibir un trato que no respete su dignidad. Por eso creo que es un oportuno momento para incluir claves al momento de brindar servicios gerontológicos en residencias de larga estadía, en donde se pueda articular la institución con la red de contención brindada por las redes informales de apoyo con creatividad e ingenio.

Que esta situación de confinamiento y aislamiento físico no sea excusa para evadir el impulso de cambios necesarios que durante años fueron postergados, que se comprenda de una vez la necesidad de diagramar cuidados a largo plazo centrados en la persona desde un enfoque de derecho, no en el servicio.

¿Y qué quiere decir? Aplicar un modelo de atención centrado en la persona significa "la mejor manera de diseñar sistemas que logren satisfacer mejor las necesidades de las personas mayores es colocarlas en el centro del suministro del servicio. En la práctica, esto supone organizar la atención de salud en torno a sus necesidades y preferencias, y diseñarla para lograr la integración en los distintos niveles y tipos de servicio".

Necesitamos "resolver las desconexiones e ineficiencias de muchos sistemas de salud y garantizar que la atención se base en las necesidades cambiantes y diversas de las personas mayores, y no en la estructura del servicio" (OMS, 2015).

Para ello debemos de poner a disposición recursos humanos y aprender a integrar los servicios socio-sanitarios disponibles. Es por ello que los protocolos de actuación, manejo y prevención de casos sospechosos de COVID-19 en residencias de larga estadía, mal llamados geriátricos o asilos, deben incluir aspectos que garanticen mejorar y/o conservar la calidad de vida de los residentes, que puedan ser llevado a la práctica en el día a día (ver aparte).

Lograr empoderarlos

Las viñetas claves para guiar las prácticas deben centrarse en el bienestar físico y emocional, el respeto y apoyo a las propias decisiones y preferencias en relación con la vida cotidiana, la promoción de la independencia desde la creación de entornos físicos y sociales facilitadores, la protección y garantía de la intimidad y la privacidad, la protección de la propia identidad y el cuidado de la imagen personal y el fomento de la inclusión social, dejando a disposición el uso de las nuevas tecnologías u otras estrategias que les permitan seguir manteniendo la relación familiar.

Algunas de las estrategias son dejar a disposición el uso de las nuevas tecnologías u otras estrategias que les permitan seguir manteniendo la relación familiar. Armar un cronograma institucional, además de buscar contenidos que motiven y generen impacto positivo, tutoriales, música, elementos audiovisuales divertidos y que generen camaradería.

Llamar al residente por su nombre, mirarlo a los ojos, conocer su historia y biografía personal, trabajar con las familias y personas allegadas, facilitar actividades terapéuticas significativas y con sentido. No infantilizarlos ni ridiculizar sus miedos o inquietudes, llevar a cabo un plan de movilización según las posibilidades de cada persona.

Evitar la exposición excesiva a las noticias, ya que puede intensificar los sentimientos de preocupación y angustia. Brindar apoyo emocional a los adultos mayores, ayudarlos a comprender en forma clara y sencilla la información que reciben, estar atentos y detectar indicadores de sobrecargar del cuidador. Los cuidadores también pueden estar experimentando miedo, decaimiento, irritabilidad.

Colocar cartelería de fuentes oficiales, reforzar la limpieza, ventilar, promover una dieta variada para garantizar el óptimo estado nutricional de los residentes, vacunar, generar alternativas para operativizar y disminuir el riesgo de contagio en el pago de mensualidades.

La idea es poder poner a disposición elementos protectores que no anulen el empoderamiento y la esencia de sujetos de derechos, aun cuando las condiciones de salud no sean las mejores.

Intentemos hacer el mayor de nuestros esfuerzos porque no importa cuántos recursos se tengan; si no se sabe cómo usarlos nunca serán suficientes. Aspiremos a buscar reciprocidad, desmitificar mitos que configuran representaciones sociales negativas en torno de la vejez, desarrollar empatía pero respetando la edad. Ni abuelos ni abuelitos: sujetos de derechos, personas participativas, activas y dignas hasta el final de la vida.

(*) La licenciada Belén Pacheco es especialista en gerontología y columnista de EL POPULAR Medios de la sección "Palabras Mayores"