22.05 

Víctor Nieto: "Para mí ser auxiliar fue una felicidad"

Hoy Víctor no puede trabajar debido a que no hay clases por la pandemia de coronavirus. En la entrevista cuenta su experiencia.

El histórico auxiliar de la Escuela Primaria N° 7 se jubiló y recordó cómo fue su vida en la institución donde trabajó más de 30 años. "33 años de servicio y ahora jubilado", dice orgulloso Víctor Nieto, quien ayer recibió la notificación oficial de que ha concluido con su servicio en la educación lamatritense, más precisamente como en la Escuela N° 7, institución de la que conoce todos su secretos ya que toda su vida laboral como auxiliar la desarrolló allí.

"Para mí es algo único porque estuve todo el tiempo en la misma escuela. Nunca tuve un problema con nadie y los chicos me querían muchísimo", resume sobre cómo transcurrió su tiempo.

Víctor comenzó a trabajar a mediados de 1987. "Llegaron tres nombramientos y a mí me tocó ahí porque querían un varón; en ese entonces ya trabajaban Estelita (Betanzo) y Clide (Alcoba). Los primeros días andaba perdido porque en la cocina había dos tableros con todas las llaves y si te confundías tenías que probar todas en una puerta, un día le dije a la directora si podía hacer uno solo para ordenarlas y hasta hoy se usa y no se pierden las llaves", recuerda.

"Tengo muchas anécdotas de la Escuela porque yo estudié ahí también y estaban Randazzo y María Barceló... tengo los mejores recuerdos", apunta.

"Siempre que nos pedían que fuéramos en otro horario que no nos correspondía lo hacíamos: entregábamos sillas, mesas y lo que se necesitaran. Nunca tuvimos problemas", rememora el hombre.

Víctor Nieto pudo ser ordenanza en el banco pero rechazó el ofrecimiento. Autodidacta, se dedicaba a la pintura antes de ingresar como auxiliar a la EP N° 7 que hoy lo despide; allí tuvo que hacer de carpintero, cerrajero, responsable de ordenar los salones y ayudar a las docentes que necesitaran implementos pero muchos lo recordarán por los famosos sándwiches de mortadela.

"Renegaba un poco en el kiosco porque son muchos chicos y los recreos son cortos, por ahí una maestra los apuraba y estaban comprando... se van a extrañar los sandwichitos, no sé si seguirán estando cuando vuelvan las clases, porque el kiosquito es de la cooperadora y yo me hacía cargo...", señala con una sonrisa.

"El trabajo lo fui aprendiendo con los años. Lo más lindo son los chicos y llevarte bien con ellos no es para cualquiera; me cansé de entregar diplomas. Te tienen respeto, antes salían y por ahí se agarraban a trompadas hoy eso no se ve", indica.

"Para mí es toda una vida. La Escuela fue mi segunda casa. Con todos los docentes que pasaron por ahí tengo los mejores recuerdos y siempre los saludos para el cumpleaños, y ellos a mí. Con las directoras pasó lo mismo, de cada una tengo un lindo recuerdo. Gladys García (N. de R.: que también se acogió al beneficio de la jubilación al mismo tiempo que Nieto) sabía que si no me encontraba me tenía que ir al depósito porque estaba fumando ahí, ese era mi lugar", repasa.

"La Escuela creció muchísimo en este tiempo, es un monstruo. Yo la abría, ponía las banderas, prendía las luces, repartía los registros y las tizas, cuando se usaban, después colaboraba con las chicas y hacía los mandados. Tengo muy buenos recuerdos de mis compañeras, como yo era el que más años tenía le enseñaba algunas cosas que ellas no sabían... me dejaban todo porque yo sabía de eso", menciona.

Víctor Nieto tuvo el honor de tocar la campana del patio el día que se conmemoró el centenario de la Escuela Nº 7. "Tuve que hacerlo dos veces, porque no se sentía afuera porque habían dejado las puertas cerradas...", rememora con una sonrisa.

"Fue una gran felicidad porque era una fecha muy especial para mí y para toda la comunidad", agrega.

"Nosotros somos auxiliares no porteros, aunque nos digan así. En la Escuela hay mucho por hacer, todos los días, desde abrir el edificio y ésta en particular porque tiene una puerta de las antiguas, hasta hacer los mandados aunque no nos corresponda", menciona.

"Jamás me quise ir de la Escuela. Yo no iba cuando se hacían las actas de suplencia o para pasar a otro lado y un día Susana Cristóbal, que estaba como directora, me dijo que tenía que ir a ver y le respondí que no 'porque me gusta estar acá'... no fui nunca", indica.

"En la Escuela hay mucha amistad y compañerismo. Nunca tuve un problema con nadie; nunca fui alunado a trabajar ni me peleé con nadie, nunca tuve un problema y eso es lo principal después de tanto tiempo trabajando en un mismo lugar", apunta.

"Seguramente se van a acordar de mí, pero uno no es imprescindible", confiesa, y comienza a despedirse.

"De la Escuela me llevo lo mejor: el compañerismo... lo más lindo es cuando los maestros, los nenes o los padres te dicen 'buen día'. A mí me gusta que sean educados y algunos se fueron acostumbrando", sostiene Nieto.

  "Es un momento muy especial, igual me ayuda a no pensar en la escuela y el retiro si hubiese estado trabajando me hubiera emocionado muchísimo, pero cuando se pueda y vuelvan las clases voy a ir a despedirme porque dejo muchísimo de mi vida ahí", concluye.