06.06 | Información General 

Al borde del abandono y el cimbronazo más conocido

Escucharlo, leerlo, cruzarlo por ahí y conectar con la mirada de quien supo parar la pelota y no terminar hundido, siempre es un grato momento. Algo de eso hay acá, otro cacho importante de "Pacho".

Al borde del abandono

La motivación y el apoyo de Leandro fue la contrapartida de sus días en el Conservatorio, "que era una cosa muy impersonal, que me llevó a decir en algún momento chau, no estudio más. No puedo tocar todo esto que me quieren hacer tocar. Estudiaba cosas muy complejas, como Chopin, que me costaban un huevo y encima no me gustaban mucho. Y ahí tuve como un momento de cierto titubeo, producto también del sistema de los Conservatorios, que a veces es medio dramático".

Pero en el momento que estaba por dejarlo todo, "vender el piano, ponerme una ferretería y dejarme de joder con la música", un concierto gratuito en el teatro San Martín lo encarriló. "Me encontré con un pianista que me la voló completamente. Me mostró que todo lo que yo quería hacer, él lo estaba tocando ahí, a poquitos metros mío. Era Ernesto Jodos, un gran pianista de jazz que después fue mi maestro y amigo. Ahí me volvió a pasar lo mismo que me había pasado a los 9 años, de decir esto es para mi. Ahí volví y no aflojé más".

  • Nunca llegó a terminar los estudios en Avellaneda, el derrumbe del 2001 lo obligó a volver con sensación de fracaso y derrota. Le costó volver a hacer pie, pero empezó con un paso tras otro, ganó espacios, ganó respeto, ganó concursos y puestos de trabajo en el Conservatorio y hasta la dirección de la Escuela de Música. Su primer disco, sus primeros reconocimientos y un nombre sonado y con bastante prestigio en la ciudad y toda la zona.
El segundo disco, la versión de Mujeres Argentinas, el codearse con músicos que solo había visto en la TV. Era ya el 2012, "sin saber la que se venía, pero ya estábamos ahí, cerquita".

Entonces, el cimbronazo más conocido.

"La sensación que tuve fue que se me vino el mundo encima. Ya lo he dicho mil veces y lo vuelvo a repetir: yo nunca había tenido dudas, o nunca se me habían motorizado esas dudas como para preguntarme nada, más allá del no parecido físico y esas cosas". Una charla a la que llegó de casualidad: un nieto restituido en un ciclo de música por la identidad, tal vez el primer click. La charla de aquella noche en Buenos Aires con su novia Celeste, la primera vez que la duda se ponía en palabras.

"Eso fue en 2010, cuatro años después pasó todo esto: la revolución, el transformarme en personaje público nacional. Todo lo que vino para mi fue arrollador, devastador, un accidente muy difícil de superar", define.

"De golpe me encontré reunido con presidentes, con el Papa, subido a algo que me sobrepasaba completamente. Porque encima todas las búsquedas son importantes, pero había una que era como central, la del nieto de Estela. Había con ese personaje tan buscado una serie de expectativas. Que no tenían que ver con las que el personaje decidiera, eso no importaba. El nieto de Estela era como una entidad en si misma, que no tenía cara pero que cuando apareciera para muchos iba a significar toda una serie de cuestiones.

Mientras para el mundo eso era una fiesta, era el triunfo de una gran lucha, la película esa del nieto abrazándose con la abuela, para mi era una tragedia.

La música fue su refugio, su lugar donde meterse. "El hecho que yo haya tenido una profesión y el camino medio trazado me ayudó a no correrme de eso, porque tampoco lo creí necesario. El problema es que esos refugios a veces se transforman en una cárcel, estás tan guardado ahí... Por eso, después tuve que hacer como todo un proceso de volver a la vida. En un momento hay que dejar que los problemas lleguen y enfrentarlos y trabajarlos. Mientras para el mundo eso era una fiesta, era el triunfo de una gran lucha, la película esa del nieto abrazándose con la abuela, para mi era una tragedia. Si pudiera elegir lo volvería a transitar, porque tenía que hacerlo y no me podía hacer el boludo con eso. Pero sí era una tragedia. Todo el mundo de fiesta, vos destruido y encima sin poder decirlo. Porque era muy difícil comunicar eso en aquel momento. Hoy puedo hacerlo porque ya pasó el tiempo. Pero en ese momento no podía ni parar la pelota, ni nada".

Y marca las diferencias, con un tono sincero, claro. "Todo eso también con una abuela como Estela, que es tan particular... Divina, pero ella también se dejó llevar un poco por eso y hubo algunas cuestiones que yo siento que se podrían haber cuidado mejor, y que no se cuidaron tan bien. Pero nada de vida o muerte. En algún momento eso se terminó entendiendo y ahí fue como que las cosas se acomodaron de una manera un poco más sincera. Por ahí hay cosas que son irreparables, pero sí se pudo torcer el rumbo y decir 'bueno, chocamos pero no rompimos todo'. Yo siento que en algún momento la chocamos. Pero pudimos corregir y al menos no nos terminamos hundiendo. De haber seguido en esa tónica yo al menos hubiese terminado muy afectado, más todavía".