14.06.2020 TERCERA JUVENTUD

Emprender, más allá las canas y del calendario

"La edad no nos convierte en población de riesgo sino la actitud que le ponemos a la vida", analiza la Lic. Belén Pacheco. La especialista en envejecimiento asegura que la edad no es una limitante y propone pasar a archivo tanto ideas "viejistas" como estigmas. Y reivindica la capacidad de apuntalar y sostener nuevos proyectos entre quienes tienen +60.

Marta comprendió que después de los 60 y a pesar de los achaques y de los golpes de la vida es posible sentirse vital, productiva y creativa contrarrestando las etiquetas de la "pasividad". Vive en Olavarría, cuida de su esposo que padece una enfermedad neurodegerativa, y se da margen para confeccionar barbijos, delantales y otras prendas. El emprendimiento le significa un ingreso extra y la satisfacción de sentirse útil; lo que influye en su autoestima y reafirma su autonomía como sujeto de derecho. No es el único ejemplo. Muchas personas que hoy son parte del universo de adultos mayores están dispuestas a activar y no quedar entrampadas en la etiqueta de la tradicionalmente llamada clase pasiva.

"Es necesario dejar de lado ciertos estigmas e ideas viejistas que circulan en tono a los mayores de 60 años en nuestra sociedad para mostrar la vulnerabilidad pero también señalar las fortalezas de las personas que no conciben a la edad como una limitante para emprender sus proyectos, porque la edad no nos convierte en población de riesgo sino la actitud que le ponemos a la vida", explica la licenciada Belén Pacheco, especialista en envejecimiento y responsable del espacio Palabras Mayores de EL POPULAR Medios.

Hay mucha experiencia, historia de vidas, liderazgos, espíritu de equipo, nociones de mercado, lealtades, capacidad de resiliencia y habilidades básicas como para afrontar situaciones complejas y sobrellevar adversidades que llevan a potenciar su creatividad y seguir contribuyendo.


"Hay que encontrarle un sentido a esta etapa de la vida y ése es uno de los motores que debemos de encontrar" para "entender que dejaron hace décadas de ser una clase mal llamada pasiva. Por lo contrario, las personas mayores presentes y futuras son agentes activos del cambio que pueden articular la experiencia ganada por el camino recorrido", indica la profesional.

"El mundo actual hoy se tiñe de canas, el aumento de la longevidad nos invita a pensar como construir nuestro proceso de envejecer para vivir en plenitud los años adicionales que nos regala la vida, es por ello que las personas mayores hoy nos muestran su verdadero potencial", agrega la licenciada Pacheco.

Tiempo de reinvención

Ahora, ¿hay una edad límite para emprender? Según el informe de la Fundación Ewing Marion Kauffman, The Coming Entrepreneurship Boom, la tasa más alta de emprendimiento durante la última década se registra en personas cuyas edades oscilan entre los 55 a 64 años. "Emprender un negocio cuando en el imaginario social se concibe a los mayores de 65 como personas jubiladas y pasivas es un verdadero desafío. No obstante, hay ejemplos de que a pesar del miedo, temor e incluso la resistencias por determinadas entidades financieras que evitan otorgar créditos a este rango etario pueden emprender sus proyectos e incluso aquel postergado por muchos años cuando pertenecían al mercado laboral en situación de dependencia", analiza la especialista.

En Estados Unidos, por ejemplo, el 70% de quienes tienen mayor poder adquisitivo corresponde a este grupo etario y un estudio demuestra que se duplican las posibilidades de éxito después de los 60 respecto de aquellos que inician un negocio y están por debajo de los 30 años.

"En el imaginario social el emprendedoramente es una actividad vinculada a los jóvenes pero la realidad es que adultos ya experimentados incursionan cada vez más en la apertura de sus propios negocios, mientras otros esperan a jubilarse y sus ahorros son destinamos al ocio y nuevos aprendizajes", indica Pacheco.

En realidad, habla de adultos mayores que buscan reinventarse, que se redescubren en cada etapa de sus vidas con nuevos desafíos, responsabilidades y compromisos y por lo general "se ha demostrado que emprender después de los 60 significa involucrarse con aquello que apasiona y la madurez permite incluso sobreponerse ante el fracaso".

De hecho, "encontramos casos en donde después de haber tirado la toalla, a los 60 vuelven a insistir ya que comprendieron que sus ideas no caducaron y era momento de redefinir un nuevo concepto incluso diseñar sus marcas cargadas de arrugas".

Ser mentoring

Considerar a los +60 como potenciales mentores es clave ya que mediante "un diálogo intergeneracional pueden ayudar a los jóvenes a imaginar un futuro, compartir sus ganas y tiempo y en vez de criticar a las nuevas generaciones, acompañar en un armado de proyecto de vida con valores", observa Belén Pacheco.

La especialista explica que "ser mentor es ser un asesor de confianza, estar disponible para apoyar y aconsejar a alguien cuando lo necesite". Y se apoya en un artículo para Harvard Business Review, de Anthony Khan, que define tres tipos de mentores: de compañeros, de vida y de profesión.

"Anhelo reivindicar el rol de las personas que ya no forman parte de la población activa en el mercado laboral pero que por años brindaron sus servicios y trabajo y hoy acumulan años de experiencia y sabiduría que pueden poner al servicio de la construcción de un mejor país", apunta Pacheco.

En la misma línea, sostiene que "las personas mayores, eligiendo libremente, pueden transformar su tiempo libre en un tiempo para los demás, ayudando a los jóvenes en el desarrollo de sus capacidades con o sin ánimo de lucro.

La profesional habla del mentoring, que es la relación educativa de acompañamiento y guía que se desarrolla entre una persona con más experiencia y otra que desea adquirirla: "puede acelerar y hacer posible la generatividad como elemento vital que contribuya a seguir construyendo una narrativa en la vejez, reforzando la subjetividad del sujeto envejecimiento en la trama de su vida, ubicándose como protagonistas de la historia que los lleve a un buen envejecer".


Con marcha propia

No hay una edad para emprender ni para "arriesgarse a crear nuevos negocios y que estos se conviertan en un proyecto vital que de continuidad a la vitalidad por muchos otras décadas. Incluso lograr enseñarle a los más jóvenes en un dialogo intergeneracional constructivo comprendiendo las diferencias y similitudes entre generaciones", dice la licenciada Pacheco.

El escenario es alentador ya que "nuestra población cada vez va siendo más madura. Los seniors constituyen un grupo de población en crecimiento, las personas mayores son activas, se involucran en acciones que contribuyan a su autorrealización y desarrollo personal con mayor madurez y compromiso, saben lo que quieren y son capaces de diseñar sus propios caminos", concluye mientras piensa en Pablo Esperanza como ejemplo. Es fundador de Caleufu, marca dedicada a los productos gastronómicos mediante la innovación. "Una empresa que ha crecido este último año y gana visibilidad. Este productor se unió con Jorge Heredia, una alianza y estrategia, un verdadero trabajo en equipo unido por los mismos valores y la inquietud del trabajo", destaca finalmente la especialista en envejecimiento.