27.07.2020 

Adultos mayores: atender la salud mental para evitar una "nueva pandemia"

El bienestar emocional se alteró y es necesario idear estrategias que apunten a conservar la calidad de vida, la autonomía y la funcionalidad entre quienes tienen 60 años o más. La especialista en envejecimiento, Belén Pacheco, enciende las alertas dice que hay que actuar ya para minimizar los efectos adversos de lo que podría convertirse en una "nueva pandemia".

La especialista en envejecimiento, Belén Pacheco, enciende las alertas dice que hay que actuar ya para minimizar los efectos adversos de lo que podría convertirse en una "nueva pandemia".

Elvira vive sola desde hace años y siempre se las ha ingeniado para salir adelante, sobre todo a partir de situaciones muy dolorosas como la pérdida de su esposo. Sin embargo, admite que la pandemia la desprogramó. "Nunca imaginé atravesar una situación así", reconoce mientras cuenta que eso no la detuvo y optó por pintar, tejer y hacer manualidades desde el inicio de la cuarentena. "Mis hijos me hacen los mandados y no los veo desde hace cuatro meses", explica, con cierta resignación. Al principio pudo sobrellevar la situación hasta que, hace unos diez días, empezó con desgano y angustia. "Algo repercutió en mi estado general de salud, comencé a padecer de acidez y pérdida de apetito. Por eso, me vine a la casa de mi hija para encontrarme con seres queridos que me puedan brindar contención y apoyo en este momento tan difícil", confiesa. A los 88, "pienso apostar a la vida, tengo muchas ganas de vivir y en lo posible de la forma más juguetona que pueda", agrega.


Ahora, ¿qué pasa con el ánimo y la salud mental en los adultos mayores en medio de esta pandemia? "Espero que esta olla a presión no estalle porque los daños colaterales serán categóricos", advierte la licenciada Belén Pacheco al analizar que la crisis del COVID-19 ha exacerbado situaciones preexistentes con un aislamiento social forzado que altera la relación con el mundo y los seres queridos "alimentando sentimientos o percepciones subjetivas de soledad, afecciones y otras problemáticas que hemos dejado de atender".

La especialista en envejecimiento, a cargo del espacio Palabras Mayores de EL POPULAR, reconoce que el escenario de las personas mayores no es el mismo que hace un par de meses cuando se hizo un relevamiento bio-psico-social en nuestra ciudad con datos alentadores.

"El bienestar emocional ha fluctuado y esto se ve reflejado en situaciones que vienen aflorando este último tiempo donde sobreviene la depresión, angustia, pánico, incertidumbre y ansiedad con mayor intensidad dado el tiempo transcurrido desde el inicio de la cuarentena", compara la licenciada Pacheco.

Sin duda, el aislamiento impacta en toda la población pero quienes tienen 60 años o más se encuentran en "una real desventaja porque aun las medidas que se han tomado desde el Municipio contemplan la edad como único criterio epidemiológico al momento de determinar la carga de mortalidad y morbilidad", plantea Pacheco.

En la práctica, "quienes cumplen con los protocolos y asumen sus propios cuidados empiezan a sentir el impacto psicológico del encierro a pesar de que las familias están más presentes que nunca". Un escenario que lleva a "pensar en la salud mental como elemento vital a trabajar en las personas mayores para que puedan sobrellevar de la forma menos dolorosa".

Es que se extrañan los abrazos de los nietos, las risas de los sobrinos, la caricia de los hijos, las salidas con las amigas, los centros de jubilados, los talleres, los encuentros y las salidas recreativas. "En mes me he dado cuenta que se ha puesto a disposición mucha energía psíquica vital con el fin de crear y sostener nuevos proyectos que sostengan la cotidianidad y una trivial planificación a mediano plazo que nos permita seguir adelante con nuestras vidas en este contexto adverso prolongado", observa la profesional.

A su criterio, es necesario y urgente trabajar para proteger y aliviar el "padecimiento emocional y psicológico" de las personas mayores para "reducir los efectos adversos del aislamiento, el encierro y la soledad que aparece tímidamente en escena y podría desencadenar en múltiples enfermedades que tendrán la fuerza suficiente para constituir la nueva pandemia a la cual debemos de afrontar si no empezamos a tomar acción en este campo".

Diferentes estudios y profesionales aseguran que las personas mayores tienen múltiples estrategias para gestionar y reducir el estrés que produce el #QuedateEnCasa, no siempre estos mecanismos se pueden sostener por mucho tiempo. A eso se le suman "estereotipos negativos de la sociedad que se ven reflejados en las políticas públicas que no contemplan medidas saludables que faciliten el ocio, el esparcimiento y algo de movilidad por el mero hecho de la edad cronológica", remarca Pacheco.

Las personas mayores tienen la capacidad física, intelectual y moral de cumplir con reglas y disposiciones sujetas a los protocolos de bioseguridad y comprenden su situación de vulnerabilidad biológica, es por ello que Belén Pacheco sugiere "brindar oportunidades integrales que contemplen a esta población como personas potentes y portadora de sus plena capacidad, aun con sus achaques propios de la edad".


Los vaivenes anímicos son entendibles y "puede empezar a sobrevenir la nostalgia, la melancolía, incluso la desesperanza. No obstante, tengo la fuerte convicción de que las personas mayores pueden, con el mayor de sus esfuerzos y algo de ayuda, paliar esta adversidad con sus reservas psíquicas".

De todas maneras, se requiere además de solidaridad "dejar de lado la omnipotencia y trazar estrategias de forma coordinada e integrales con una mirada bio-psico y social de la salud mediante la conformación de equipos de trabajo interdisciplinarios. Necesitamos reforzar la atención en la salud mental de las personas mayores y esto requiere revisar incluso los prejuicios y estereotipos engañosos comprendiendo de una vez por toda la diversidad", observa Pacheco.

Desde la infancia "somos bombardeados por mensajes de estereotipos negativos creyendo que es normal que las personas mayores pasen el mayor tiempo en sus casas, solas y con una agenda reducida de actividad" cuando "la realidad muestra que no son los ´abuelos´ de los cuentos tradicionales infantiles sino personas vitales, activas, trasgresoras, ágiles y soñadoras que obedecen a sus deseos internos y no a los mandatos sociales que se impusieron con fuerza tiempo atrás".

Inmovilidad y sarcopenia

Lidia extraña sus clases de gimnasia. "Intenté hacerlo desde mi celular pero no es lo mismo. Necesito salir a caminar porque los dolores producto de mi artrosis me están pasando factura y no creo poder soportarlo mucho tiempo más. No quiero acudir a tomar más medicamentos, porque sé que con algo más de movilidad esto lo podría revertir, ojalá esto pase pronto y podamos encontrar la nueva normalidad que nos incluya", reconoce la mujer que ya pasó el umbral de los 60 y mantiene intactas las ganas de ser y hacer.

"La sarcopenia es el proceso de pérdida progresiva de la masa y fuerza muscular producto del paso del tiempo" y si a eso "le sumamos la inmovilidad por el aislamiento, los efectos la salud física pueden tener duras consecuencias", alerta la licenciada Belén Pacheco.

En la prepandemia, muchas rutinas incluían salir a caminar, andar en bicicleta o acudir algún centro para realizar actividad física. Hoy eso está en pausa y rebota en la funcionalidad, en la capacidad intrínseca e incluso en el peso corporal. "He visto este tiempo una de las máximas expresiones del sedentarismo en las personas mayores, largos periodos frente a las pantallas, restricción de la movilidad social y pocos trayectos recorridos durante el día, es por ello que considero que hay que pensar en estrategias que permitan conservar la calidad de vida, la autonomía y la funcionalidad de las personas mayores para que el efecto a largo plazo de este panorama no nos tome por sorpresa como profesionales de la salud y las ciencias sociales", expone la profesional.

"Si se mantiene la inactividad, la inmovilidad y la restricción, habrá mas fragilidad, mas deterioro, más factores de riesgos que generen comorbilidades, más caídas y más sarcopenia en las personas mayores. Será importante bajar directrices que aborden esta problemática en tiempos de pandemia con estrategias multicomponentes", indica Pacheco.

"Ojala este momento crítico nos lleve a un mejor diseño y planificación del país en el cual queremos envejecer y vivir dejando de atar todo con alambre y privilegiar un proyecto a largo plazo que deje de lado las mezquindades porque esta inminente catástrofe nos tiene que llevar a discutir sobre las profundas transformaciones que necesitamos realizar para vivir nuestra vejez en un territorio con la menor desigualdad posible".

La dignidad del riesgo

"El miedo afecta gravemente nuestra capacidad de tomar decisiones y puede organizar una verdadera coartada, si el miedo permanece sostenido por los medios de comunicación mediante noticias sensacionalistas y políticas públicas de sobreprotección", reflexiona Belén Pacheco.

La especialista en envejecimiento asegura que eso genera un "bucle de retroalimentación que conduce a un estrés crónico y aquella ventaja adaptativa de supervivencia se nos vuelve en contra. Estos últimos meses nos hemos centrado tanto en la enfermedad y el miedo que eso nos provoca que muchas personas mayores manifiestan un miedo desproporcionado que los vuelve más vulnerables".

Lejos de suberstimar el impacto de la pandemia, la profesional expone que "la edad en sí misma no constituye un factor de letalidad frente al Covid-19. No es el único criterio epidemiológico a tener en cuenta en la designación de recursos sanitarios en caso que fuera necesario".

En el plano cotidiano "escucho que las personas mayores se sienten molestas por el control por parte del Gobierno e incluso el excesivo cuidado de sus hijos o familiares. Es un momento oportuno para comenzar hablar de la dignidad de riesgo como elemento de discusión social", señala la licenciada Pacheco.

Habla de la sobreprotección y advierte que "puede parecer amable en la superficie pero puede asfixiar emocionalmente a la gente. Exprimir sus esperanzas y despojarlas de su dignidad". "La sobreprotección puede impedir que la gente se convierta en lo que debería ser", dice sobre el final, parafraseando al doctor en psicología Robert Perske, dedicado al estudio de la salud mental.