16.08 LIBROS

Una nostalgia luminosa

Un volumen de cuentos donde una vez más el autor de "Kafka en la orilla" o "Baila, baila, baila" coloca a sus personajes en situaciones que pueden ser inverosímiles, raras o trágicas, pero siempre originales. "El elefante desaparece", de Haruki Murakami

Rodrigo Fernández

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Con Haruki Murakami toda pequeña historia se vuelve una crónica de la soledad, la desesperación o la profundidad compleja de los sentimientos y las relaciones humanas. Uno nunca sale ileso de la lectura de cualquiera de los libros del escritor japonés, cuyo nombre resuena siempre para el Nobel, quizás porque en sus narraciones encara la titánica tarea de buscar aquello que vive dentro de los corazones. Una especie de nostalgia luminosa que invade lo cotidiano.

"Elecciones incorrectas producen a veces resultados correctos, y al contrario. Ante este tipo de absurdos he llegado a la convicción de que en realidad no elegimos nada. Esa es mi forma de entender la vida" dice el protagonista de "Nuevo ataque a la panadería", uno de los 17 relatos que componen "El elefante desaparece".

De alguna forma todos los relatos del libro están unidos por un hilo invisible de situaciones que se salen de lo normal. Una llamada telefónica con la voz de una extraña mujer, "El pájaro que da cuerda y las mujeres de los martes"; un reclamo por el mal funcionamiento de un producto, "El comunicado del canguro"; un largo insomnio que se vuelve una pesadilla, "Sueño"; la obsesión por una prenda tradicional alemana, "Lederhosen", o el encuentro con un pirómano, "Quemar graneros".

Pero para el lector de Murakami son cosas bien sabidas. El autor japonés, con influencia de escritores norteamericanos como Cheever, Salinger o Pynchon, suele construir un entramado de historias donde sumerge a sus personajes en el análisis filosófico o el divague reflexivo para mostrar el sinsentido.

De una sociedad que se esfuerza por tener cada vez más cosas que no necesita, de los que se aferran a alguien para no estar solos, de los que desean y de los que aborrecen la vida que llevan pero están demasiados cansados por salir de allí.

Hay algo que siempre sucede con los cuentos de Murakami y es que es posible leerlos no sólo como un conjunto de relatos, sino también como una novela. Porque tranquilamente, más allá de lo voz narradora, hay una coherencia, un concepto que viene arrastrando desde sus primeros libros.

Los personajes de Murakami son un punto aparte. Tienen un imán especial. Un poco por esa sensación de que están al límite o sencillamente desilusionados. O quizás porque comprenden que el mundo no es lo que se ve a simple vista. Hay algo detrás. Una misión, una respuesta, un sentido que a veces parece que pueden tocar con la punta de los dedos y que luego se escapa, efímera.

Y volvemos a lo que escribía al principio. Un lector nunca sale ileso de sus textos. Uno siempre termina teniendo la sensación de que acaba de acceder a un nuevo nivel de conocimiento interno. ¿Por qué?. No hay por qué, diría otra famosa oriental. O sí. Pero para eso hay leer y releer a Haruki Murakami.