27.08 

La lectura es clave para ejercitar el cerebro y conservar la memoria

El reciente ganador del Premio Fundación Bunge y Born, Jorge Medina,señaló que "comer sano, dormir bien, hacer ejercicio moderado y leer son fundamentales para ejercitar el cerebro "y si se ejercita el cerebro la memoria se sostiene mucho más". 

El reciente ganador del Premio Fundación Bunge y Born, Jorge Medina, reconocido por ser uno de los pioneros de la neurociencia en el país y por sus teorías sobre la formación, expresión y persistencia de la memoria señaló que "comer sano, dormir bien, hacer ejercicio moderado y leer son fundamentales para ejercitar el cerebro "y si se ejercita el cerebro la memoria se sostiene mucho más", afirmó.

El neurocientífico destacó también que los juegos de cartas, ajedrez y bridge, entre otros, son sumamente recomendables.

Medina -actualmente director del Laboratorio de la Memoria del Instituto de Biología Celular y Neurociencia "Profesor Eduardo de Robertis" UBA-Conicet- fue distinguido por el Premio Científico que la Fundación Bunge y Born entrega cada año para destacar la trayectoria y el trabajo de investigadores, este año especialmente enfocado en el campo de la neurociencia experimental.

"Considero que es un premio a mi trayectoria científica y al esfuerzo de poder hacer ciencia en nuestro país", dijo Medina, para explicar luego que "en los últimos 30 años, nos dedicamos a estudiar cómo las memorias se forman y en especial las memorias que son traumáticas o estresantes".

Y añadió que "dedicamos muchos años a estudiar cómo los animales hacen para evitar algo que tenga que ver con un peligro o una situación molesta, que puede ser aplicable a nosotros como por ejemplo "cómo evito meter los dedos en un enchufe o la mano en la hornalla una vez que la puse alguna vez".

"Qué partes del cerebro, que neuronas, que circuitos, que moléculas, qué química del cerebro tiene que ver con ese guardado de información", agregó.

Al respecto indicó que "lo que se sabe menos es cómo podemos traerlas del recuerdo, evocarlas. Y de cómo es que nosotros muchas veces comenzamos a olvidar, que es la otra cara de la moneda de la memoria".

Medina contó que con su equipo de investigación fueron los primeros en reconocer que los dos tipos de memorias, corta y larga duración, se producen debido a fenómenos moleculares y neuroquímicos diferentes.

"Queremos conocer los procesos biomoleculares -dijo- que expliquen por qué me acuerdo de algo que me pasó hace un año atrás y no de otros eventos que sucedieron en ese mismo período".

"Sabemos desde la psicología que la respuesta está en la importancia que uno le da a esa experiencia. Las cosas que más recordamos -afirmó Medina- son aquellas que tienen un color emocional y relevante para nosotros".

"Todo lo que tenga emocionalidad, experiencias -aunque sean positivas o negativas- son las que más recordamos", precisó.

Y explicó: "Las memorias de contenido negativo, estresantes, dolorosas son las que más se guardan. En cambio, las memorias de recompensa, positivas, se guardan un poquito menos y las memorias neutras que no tienen ningún componente emocional son las que menos se guardan".

Medina explicó que "esto es útil para que las memorias que gratifican perduren y, por el contrario, se atenúen aquellas dolorosas".

"Además, si uno conoce cuáles son los mecanismos para que una memoria dure más o menos, puede servir para hacer durar memorias que nos dan recompensa o nos gratifican. O, por el contrario, acortar o atenuar aquellas memorias dolorosas".

En este punto Medina contó que los otros dos jóvenes premiados por la Fundación Bunge y Born, con el Premio Estímulo, los doctores Pedro Bekinschtein, y la doctora Noelia Weisstaub, "se formaron directa e indirectamente en mi grupo de investigación".

"Bekinschtein -dijo- hizo su tesis doctoral conmigo y es co-fundador del estudio sobre los mecanismos moleculares y celulares que subyacen al olvido selectivo". Télam


Cuatro de cada diez
Apenas cuatro de cada duiez argentinos leyeron al menos un libro en un año. Así lo asegura la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales, realizada en 2017.

El informe revela -además de que solo uno de cada 10 fue a un museo- un descenso en los hábitos de lectura desde 2013, la última vez que el Sistema de Información Cultural de la Argentina relevó ciudades de todo el país. La cantidad de lectores se redujo el 22% y el consumo de libros per cápita pasó de 3 a 1,5.

Para posibilitar el análisis, se entrevistó a 2800 mayores de 13 años en ciudades argentinas de más de 30.000 habitantes; el universo de la muestra es, en total, de unos treinta millones.

La respuesta sobre por qué no lee esa significativa porción de los argentinos es sorprendente: la mitad dijo que no tenía interés; el 23% aludió a la falta de tiempo; el 9%, a cuestiones económicas y el alto costo de los libros; otro 9% dijo que porque ya no estudia, y un 7% adujo problemas de salud.

Un dato curioso es que la historia como género resulta más atractiva que la novela o la poesía a la hora de elegir un libro, y también cuando es tiempo de decidir qué museos visitar. Y que, en cuanto a los libros, los temas políticos son los últimos en orden de preferencias.

La tendencia a la baja en la lectura registrada en el país se replica en Chile, según muestra la encuesta nacional de participación cultural de 2017. Allí, el 47% de la población que en 2012 había dicho que había leído al menos un libro en 2017 se redujo al 38,9%. En Uruguay las últimas cifras de las que se disponen, de 2014, surgen del "Tercer informe nacional sobre consumo y comportamiento cultural", que registra que el 31,6% de la población leyó al menos un libro en el último año.