19.09 

La disponibilidad de agua marca el rumbo de la campaña agrícola

Comienza la primavera y la expectativa a cubrir el agua necesaria en función de la ocurrencia de lluvias mantiene en vilo a los productores agropecuarios. Desde el INTA indicaron que podría disminuir el impacto de la Niña en el verano. En la gestión del riesgo está la clave. 

En año muy particular, la disponibilidad de agua ajustada, los cambios bruscos, el incremento de los días consecutivos sin lluvias, las lluvias no regionalizadas, dispares e irregulares, y las heladas, marcan un contexto complejo para la campaña agrícola gruesa en el marco del desarrollo de un evento Niña, de acuerdo a los modelos internacionales.

"Convivimos con una alta variabilidad climática actual", afirmó Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN), en su charla sobre perspectivas agroclimáticas para la zona núcleo, organizada por el INTA Santa Fe, la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe (Carsfe) y el Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología de la provincia de Santa Fe. Jorge Torelli, secretario de Agroalimentos del Ministerio, participó de la disertación y aseguró que "es un tema para tener en cuenta por su importancia para los productores que necesitan para determinar sus estrategias".

De acuerdo con Mercuri, "estamos en un ciclo de años más secos y las condiciones actuales de océano y atmósfera indican que es probable que la primavera y el verano tengan algunos milímetros por debajo de los valores normales".

Los forzantes oceánicos están marcando una anomalía fría, tanto en el área del Pacífico 3.4 como también en el Océano Atlántico. "Esto impide una circulación atmosférica que favorezca que se generen precipitaciones", aclaró Mercuri. "Los modelos IRI Columbia muestran a la fecha una probabilidad mayor al 70 % de que se mantenga el enfriamiento durante toda la primavera, pero de intensidad moderada o leve". El dato destacado es que para el verano esta tendencia "comienza a decrecer y vuelve a valores neutrales".

"Este año si bien nevó muy fuerte en Patagonia, del Aconcagua hacia el norte seguimos en déficit en cuanto a nevadas en altas cumbres", dijo Mercuri, e hizo referencia a las áreas del norte argentino que vienen desde diciembre del año pasado deficitarias, "lo que degrada no solamente los sistemas productivos, sino también el acceso y la calidad del agua para la ruralidad".

Siguiendo al director del CIRN, "estamos ante una situación crítica en cuanto a la disponibilidad de agua, y esta alta frecuencia de situaciones deficitarias potencian esta crisis". La buena noticia en el corto plazo es que "la tendencia indica que hacia fin de septiembre va a haber inestabilidad climática en el centro del país, NOA y NEA, con altas chances de precipitaciones".

En cuanto a las heladas, Mercuri destacó que si bien la tendencia mostraba un acortamiento del período de heladas, con inviernos más breves, los dos últimos inviernos muestran un incremento en la frecuencia e intensidad de las mismas en el centro del país, con anomalías respecto a los valores medios.

El director del CIRN concluyó que "el desafío es definir el clima futuro por regiones precisas y con antelación, ante una alta incertidumbre en las predicciones". En ese sentido, se debe aprender a tomar decisiones con información probabilística y dinámica, y gestionar el agua: "amortiguar los impactos interanuales e intraestacionales, compensar agua esperada con agua disponible, es el desafío de la adaptación", puntualizó.

Disponer de poca agua al inicio de la campaña nos deja en una situación de alta vulnerabilidad. Agronómicamente al depender de las lluvias para satisfacer la necesidad de agua es importante diversificar las fechas de exposición, no concentrando las siembras y fechas de máxima necesidad de agua por los cultivos, siembras tempranas y tardías. Y llamó a la necesidad de hacer una "gestión del riesgo", generando instrumentos para minimizar el riesgo al que estamos expuestos. INTA Informa