27.09 | Información General Suplemento especial 75 años de la SRO

Roberto Pugnaloni, una trayectoria de tres décadas como dirigente de la Sociedad Rural

Llegó a Olavarría como productor y veterinario, para luego quedarse definitivamente. Con vívidos recuerdos de los primeros años en la comisión directiva y una evocación de sus miembros, expone el modo en que evolucionó el predio ubicado en avenida Ituzaingó Sur.

Roberto Pugnaloni está ligado al campo desde siempre, por tradición familiar y por su profesión. Si bien no es olavarriense, la ciudad lo terminó adoptando luego de los primeros contactos y finalmente aquí formaría su familia. Por su actividad como veterinario y también como productor, no pasó demasiado tiempo hasta que recibió una invitación para integrar la comisión directiva de la Sociedad Rural de Olavarría. A tal punto asumió ese compromiso que lo desempeñaría desde distintos lugares por más de tres décadas, cuando llegó el momento de darle paso a las nuevas generaciones.

Con mucha humildad, recuerda que como partícipe de la institución "estuve hasta 1990 y ya después no tuve mucha actuación, me dediqué a mi profesión, al campo muy de lleno. Estoy sumamente conforme porque me ha ido muy bien como profesional y también como ganadero", establece.

De todas maneras, no permaneció alejado de la entidad y a sus 92 años "en este momento soy amigo de todos los que integran la comisión directiva de la Sociedad Rural, los escucho, participo del Tribunal de Disciplina. Veo de la forma que trabajan los muchachos, que tienen mucho ánimo, ya integrando los grupos CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola), es algo muy importante porque se valora mucho la tecnificación. Y en general son todos muy jóvenes, algo que no pasaba antes, igual siempre hay que tener alguien arriba con autoridad para el freno de los más impetuosos", afirma entre risas.

El veterinario señala sin dudar que "empecé a relacionarme con la Sociedad Rural inmediatamente que vine a Olavarría. Vine de un pueblo cercano a Pehuajó, Mones Cazón, donde ejercía la profesión de veterinario. Cuando me casé vine para Olavarría porque conseguí un campo muy importante, La Catalina, de Guazzone, que estaba capitalizado. Cuando me casé quería también expandirme un poco en la parte de la profesión, tener más medios para hacer análisis".

Debido a las implicaciones de su profesión no tardaron en invitarlo "a unirme a la comisión directiva de la Sociedad Rural y siempre me mantuve en el grupo. A ser presidente de la Sociedad Rural me ofrecieron en una oportunidad pero nunca quise aceptar por una razón muy sencilla: trabajábamos con la casa J. Mendizábal sin tener fecha en la Sociedad Rural y vendíamos particular, pero al vender de esa forma no hacíamos partícipe a la Sociedad Rural, entonces para mí no era muy correcto".

De todas formas, "antes de venir a Olavarría ya conocía mucha gente acá porque a pesar de mi profesión compraba hacienda acá con un amigo que teníamos una sociedad y después la llevaba para venderla en Mones Cazón. Entonces cuando vine ya tenía muchos amigos, de la Casa Zubillaga, el señor Alfredo Villar, la Casa Sallíes y con Falabella Hermanos".

Como dirigente

"Como me gustaba el campo, me gustaban las cabañas, me gustaba todo, se me invitó a trabajar, que lo hice con muchísimo gusto y mucho cariño. Vine en 1958 y con la Sociedad Rural empecé a vincularme con todos alrededor de 1960, que empecé a integrar la comisión directiva en diferentes cargos y llegué a ser secretario", rememora Pugnaloni.

Con esa impronta de participar, fue testigo de la metamorfosis operada en el predio ubicado en Ituzaingó Sur, ya que "en esos primeros años nos dedicamos mucho a trabajar en la Sociedad Rural y hacer muchas cosas, como todos esos galpones que hay ahora porque prácticamente había muy poca edificación. Nos dedicábamos a tratar con todo el funcionamiento de la entidad pero sobre todo en la parte edilicia".

Un dejo de nostalgia lo invade al evocar el grupo de esa primera época. "Esa comisión era muy linda, éramos muy unidos, y éramos muchos que trabajábamos por la Sociedad Rural. Patricio Casey fue presidente y después también Héctor Eyheramendy, que estuvo muchos años. En la comisión también estaba Becker, Ismael Mattaini, Saúl Maquiavelo, Miguel Astiz, y muchos de los cuales los nombres se me escapan", lamenta.

Una de las actividades apuntaba a solventar los gastos de la entidad. "Como había muchos cabañeros, como Ismael Mattaini, que tenía una cabaña bastante importante, y ni hablar de Alfredo Fortabat, salíamos a recorrer los diferentes establecimientos y cabañas para pedirles colaboración para las exposiciones, que ya en aquel momento eran muy importantes del interior de la Provincia".

El ímpetu de los noveles dirigentes y el contexto de la época fueron propicios para la gestión de la Sociedad Rural. Así, "hasta se llegó a hacer acá la clásica exposición de Aberdeen Angus, que era nacional y se presentaban las principales cabañas del país, las que participan en Palermo. Después, no me acuerdo por qué razones, las empezaron a hacer en Azul".

Ese escenario se mantuvo por alrededor de dos décadas pero el cambio tecnológico comenzó a influir sobre la actividad agropecuaria en general. "Para la década del 80 venía evolucionando todo, sobre todo comenzó a mejorar la genética a imponerse, ya venían los grandes técnicos en la materia, que preparaban los animales. Se logró una genética extraordinaria y en la Argentina tenemos el orgullo de tener los mejores animales del mundo, con una calidad de primera: Aberdeen Angus, Hereford, y ni hablar de las razas índicas, como el Brangus, el Brahman o el Bradford", enumera el productor.

Un perfil

Si hay algo que distingue a Roberto Pugnaloni es su labor como criador de caballos criollos y la sola mención de esa faceta en su vida hace que sus ojos de repente adquieran otro brillo. "Los caballos siempre me gustaron. Vengo de origen de gente de campo, tengo parientes que tienen cabañas y haras de caballos criollos, y me invitaron a entrar, a relacionarme. Comencé con unos pocos animales que les compré a ellos y otros que me regalaron, y tuve bastantes satisfacciones", destaca con orgullo.

"Para ser un principiante tuve varios primeros y segundos premios; siempre anduve medio prendido. Ahora ya hace cuatro o cinco años que no presento porque se complicaron un poco las cosas y si el animal no está en condiciones de sacar un premio o salir ubicado en las calificaciones porque llevar un animal a Palermo cuesta mucha plata porque uno lo hace un poco por hobby y también para ver si se pueden salvar esos gastos: un padrillo tiene que ser muy importante para que tenga valor y lo mismo la hembra", define el veterinario.

Otra característica de su personalidad, relacionada con su gestión en la Sociedad Rural, es el reconocimiento logrado como benefactor en el interior del Partido, como una manera de evitar el éxodo obligado del campo a la ciudad, como lo atestigua el campo de juego del club Muñoz, que lleva su nombre. "Siempre trato de ayudar mucho a las instituciones de campaña porque gracias a esos clubes, donde se hacen fiestas, se hacen partidos y se hacen bailes, se forman familias de todos chicos de la zona, y gracias a eso tenemos gente que después nos atiende los campos. Al igual que las escuelas de campo, siempre brego por ayudarlas para que sigan funcionando porque así tenemos gente educada; eso es importante".