11.10 | Columnistas 

Los traumas de 1989: ese verano a oscuras

Además de la hiperinflación y la pobreza, el verano 88-89 trajo la dramática crisis energética de los finales del alfonsinismo. Cortes programados de seis horas y temperaturas altísimas. El 4 de febrero Olavarría sufrió un episodio singularísimo: una paloma voló en la subestación DEBA (hoy Transba) y provocó un desastre que dejó sin luz a la ciudad durante cinco días. Crónica de la oscuridad de un verano. 

Claudia Rafael

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Cuando supuestamente dios, medio aburrido en su soledad universal, dijo "fiat lux" y la luz se hizo, tal vez no fuera consciente de que miles de años después el hombre crearía, por pura ambición e ineficacia, la crisis energética. La luz se cayó muchas veces y saltaron las térmicas sociales violentamente. Los veranos feroces de 1988 - 1989 y de 2013 -2014 llegaron con la oscuridad en las espaldas. Para asumirse tortura en su totalidad, la luz que se derrumba viene acompañada por olas de calor. Se retroalimentan las desgracias. Enero de 1989 fue lo más parecido a un apocalipsis: el modelo alfonsinista se caía a pedazos, la hiperinflación era un leviatán que se levantaba de los mares y de los arroyos Tapalqués y la energía se acababa. El gobierno puso en marcha un plan de cortes programados de seis horas diarias en los horarios pico. Todo era un derrumbe programado. Cuando febrero arrancaba, con un sabor acre en la memoria, una paloma abrió sus alas sobre el cableado de DEBA (todavía no había llegado Menem para privatizarlo todo), en lo que hoy es Transba. Y dejó a Olavarría viviendo como en la edad media.

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