26.10 | Columnistas 

La nueva guerra con el campo, alistamientos locales, candidaturas y terceras posiciones

El país se debate entre la anomia y el arrebato. El virus avanza y no hay quien lo detenga. Una Argentina que se ha resignado a una especie de fatalismo sanitario y económico y no se hace nada para evitarlo.

Cacho Fernández
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Este es un país fragmentado, insolidario. Muchos formoseños deben sobrevivir a las orillas del Río Bermejo, como trashumantes que todavía no han superado la revolución del Neolítico, viendo de la caza y de la pesca, alimentando a su familia de lo que les brinda la Naturaleza, lavando la ropa en las sucias aguas del río, arriesgando sus vida con yacarés, víboras y demás alimañas con las que conviven a diario.

Mientras tanto, el intendente de El Colorado conjetura que los medios que cubren esta arbitrariedad y este inhumanismo están guiados por un interés político y solo eso. Pero la gente es real, sus necesidades son reales, sus sufrimientos también.

Formosa es y sigue siendo un feudo manejado por Gildo Insfrán. Amuralló su provincia, aprovechó el río para obstaculizar la entrada, el foso con cocodrilos se los da la Naturaleza, y si eso no basta, les colocó la polícía para detener a los pobladores que solo quieren volver a su casa.

Sin embargo, la ministra de Seguridad nacional asegura que el gobernador está haciendo una muy buena política sanitaria. La antropóloga cree que está haciendo una tesis de alguna maestría o doctorado, y se aparta de su rol de funcionaria. Ella es el Estado y debe velar por la salud de esos pobladores.

Un poco más al sur, en Entre Ríos, chacareros y supuestos usurpadores están a punto de enfrentarse en una batalla que puede llegar a ser interminable y sangrienta solo porque la Justicia no resuelve el problema. Por esas extrañas casualidades, el juez se tomó una licencia justo cuando la resolución del conflicto estaba en sus manos, y le dejó el problema a un juez subrogante que tampoco tiene muchas ganas de resolver nada.

El problema se habría disparado por una cesión de una integrante de la familia Etchevehere devenida en una suerte de Pasionaria del Litoral o una Patty Hearst entrerriana (la famosa y stockolmeada actriz yanqui), y un monaguillo papal que con su grupo político apoyado por una funcionaria nacional buscan alimentar a todo el pueblo argentino con una huerta orgánica que puede correr la misma suerte que la de Piero.

Los medios no pueden entrar al campo que han cerrado con candado mientras el movimiento social sí puede hacer un trabajo mediático o documental dentro del establecimiento. Esta es la Argentina de hoy, ni más ni menos que un país sin ley, y el caso vale como metáfora.

Más al Sur todavía, gente que se dice representantes del pueblo mapuche, también decidieron ocupar tierras que reclaman como propiedad de sus ancestros.

El Estado ha privatizado todos los conflictos, solo contuvo una parte de los costos sociales de la cuarentena eterna con los ATP y los IFE, lo que está muy bien, y, como el gobierno anterior, no puede manejar el dólar que se les escurre entre los dedos. Mientras tanto avanza indeteniblemente el desastre sanitario y eso que se pudo mirar la pandemia con el diario del lunes puesto que se pudo recoger previamente la experiencia europea. El ministro de Salud, Ginés González García apareció en Misiones luego de un largo ostracismo, y el virus podría decirse que aprovechó su larga ausencia para hacer turismo por todo el territorio nacional.

Como dijo con ironía un dirigente político, "ni siquiera podemos rajarnos a Uruguay porque hasta ahí han cerrado las fronteras". Es más, agregó, "seguramente vamos a estar más seguros en Wuhan que en cualquier provincia argentina".

La nota completa en diario El Popular