02.11 | Información General La cruda historia de una mujer que derivó en la investigación por trata de personas en La Madrid

"A partir de ese momento nadie supo más de mí en Paraguay"

La hicieron venir a nuestro país bajo engaños. Le prometieron un trabajo como empleada doméstica, pero rápidamente descubiría que en realidad fue víctima de una red de trata de personas. Y la llevaron a un cabaret en General La Madrid, donde conocería al hombre que la ayudó a salir de allí. Hoy es su esposo, con quien formó una familia..

Un programa de televisión desarrollado a través de la red social Facebook por un grupo de jóvenes estudiantes de Comunicación Social de La Madrid derivó en una investigación por trata de personas en esa ciudad, al conocerse la dura historia de una mujer que hoy reside allí tras haber sido traída al país desde Paraguay, bajo engaños, y obligada a prostuirse.

Vivió situaciones terribles desde niña en Paraguay. Quedó embarazada siendo adolescente. La trajeron engañada a nuestro país, donde soñaba con trabajar y casarse con un argentino porque le habían dicho que son "cariñosos" y "buenos". Terminó en un cabaret de La Madrid, forzada a prostituirse. Un hombre la "compró" y la liberó de ese padecimiento. Hoy es su esposo, con quien tuvo hijos. Volvió a suelo guaraní y se reencontró con su familia y su primer hijo, que vive con ella actualmente en la ciudad lamatritense.

"Unoxuno" fue el programa creado por un grupo de jóvenes estudiantes de Comunicación Social de General La Madrid y que, divido en capítulos, fue emitido a través del Facebook de Prensa La Madrid en forma semanal. Fue parte del proyecto "Acceso Joven" de la Dirección de Juventudes municipal y el grupo fue el ideólogo y productor de la serie.

Allí, en el último capítulo, expusieron públicamente el testimonio de una mujer que abrió una investigación que podría desentrañar cómo se tejió y desarrolló en las sombras una red de prostitución en General La Madrid, con aristas similares a las que se han develado a través de los años tanto en Olavarría como en distintos puntos del país.

Si bien no es su nombre real, adoptó aquel que tuvo que usar cuando estuvo secuestrada en el cabaret adónde la llevaron.

Luz cuenta que llegó al país en 2002: "Hace 17 ó 18 años, más o menos. Tengo 40 años, soy oriunda de Paraguay, de un pueblo que se llama San Juan de Ñeembucú. Nací en una familia normal". Y aclara que "somos en parte indígena, digamos".

En aquella época "conocí a una chica, la primera vez que me hice una amiga, porque nunca salí, no conozco la ciudad de Asunción. Ella me pidió que la acompañara a la agencia de trabajo. Le dije que sí. Le mentí a mí patrona, le dije 'voy al médico'. La acompañé a la agencia y yo escuché que el nombre del dueño decía 'necesitamos tres chicas para ello la Argentina, que se gana bien'. Yo siempre soñaba con Argentina: trabajar en la Argentina y casarme con un argentino, porque escuchaba de chiquita que decía que los argentinos eran cariñosos, eran buenos", recuerda la mujer.

A partir de ese momento nadie supo más de mí en Paraguay

El dueño de esa agencia le preguntó si le "gustaría" viajar a la Argentina y ella se dijo que era "la oportunidad para ir".

El hombre le mintió: "Me dijo que era para mucama, niñera y ayudante de moza. Mi amiga me dijo que no aceptara, que no sabía para qué era. Pero yo confíé que era una agencia de trabajo que le brindaba a las chicas trabajo digno normalmente. Después les ofreció lo misma a otras dos chicas, aceptaron y nos quedamos las tres contentas".

Cuando Luz pidió que le permitiera buscar su ropa el dueño de la agencia le dijo que no era necesario: "No, no. No hace falta porque ahí la señora les da todo. La gente que va a trabajar en la Argentina en un mes viene, hace su casa y levanta almacenes, compra un terreno, progresa, porque se gana bien".

En ese entonces ya había sido mamá por primera vez. El niño estaba bajo el cuidado de su familia: "Yo lo que quería era ganar bien para mi hijo. A partir de ese momento nadie supo más de mí en Paraguay".

Llegada a la Argentina

Así vendría a nuestro país: "Llegamos un 4 de julio. Veníamos con una camperita nomás. Acá hacia un frío frío tremendo. En Retiro estaban dos hombres y nos piden los documentos, nosotras se los dimos. Ahí dicen bueno sígueme y subimos al auto".

Si bien "a nosotras nos habían dicho que era cerca de Retiro", tras un largo trayecto y "varias horas paramos en General La Madrid, ni sabíamos ni conocíamos lugar".

Luz rememora que el lugar adónde la llevaron en la ciudad lamatritense "quedaba detrás de la Rural. Llegamos ahí, nos mirábamos las tres y coincidíamos".

Todavía no sospechaban porque "coincidió todo como lo que nos dijo el dueño (de la agencia de trabajo en Paraguay)" ya que "adelante había un saloncito. Nosotros pensamos que era el restaurante eso".

Las recibió una mujer que "estaba con un bebé" y rápidamente descubrirían la verdad: "Yo le pregunté a una chica que también estuvo ahí para qué era el trabajo y ella se me cag.. de risa en la cara. Y dice 'ya se van a dar cuenta para qué'. Le volví a preguntar y ahí nos dijo era para prostitución".

'no, ustedes son mi propiedad y yo las compré'"

Entonces habló con la mujer que regenteaba el cabaret: "Le dije a ella que quería regresar a mi país porque yo no estaba acostumbrada a este trabajo. Ahí empieza la dueña a contarnos la realidad. Y cuando yo le dije nosotras queremos regresar a nuestro país porque no estamos acostumbradas a este trabajo y, además, el dueño de la agencia en Paraguay dijo otras cosas, la dueña nos dijo 'no, ustedes son mi propiedad y yo las compré'". Y aseguró haber pagado en aquel entonces 1.500 pesos: "Nosotras ni siquiera sabíamos lo que era un peso".

Luz recuerda claramente a la responsable del cabaret, cara visible para las víctimas de esa red de trata de personas. Sabe que es de La Madrid y para confirmarlo explica que "más de una vez me cruzó con ella y hoy en día trato de ignorarla". No da su nombre, pero está segura de que en la ciudad "muchas personas lo saben".

Tras haber permanecido unos cuatro meses siendo obligada a prostituirse, cuenta que las llevaban al centro lamatritense para hacer un certificado: "Decía el nombre y profesión prostituta". La sede de ese trámite podría ser un predio conocido como el ex mercado municipal, aunque Luz no lo sabe claramente: "En ese tiempo no conocíamos la calle ni a la persona. No teníamos contacto tampoco con nadie, sólo se manejaba en un remís y nos llevaba allá encerradas otra vez".

"Teníamos que cambiar nuestros nombres, no nos permitía usar nuestros nombres verdaderos. Cuando me dijo tenés que cambiar tu nombre, yo miré las luces y dije 'Señor, protégeme acá'. Y elegí Luz, como para sentir de alguna manera iluminada, para sentirme protegida por Dios y mis dos hermanitas que tengo en el cielo", relata.

Pensó en escapar, pero no había manera: "Estaba todo cerrado y además no nos dejaban tener contacto con nadie y nos amenazaban. Nos decía que si hablábamos con otra persona, nos mataban y nos tiraban al basurero, como hacían antes con las chicas. No conocíamos (a nadie), salíamos de una pieza y del bar en una parte sin conocer a nadie".

Su vida en Paraguay y sus primeros traumas

Luz vivió con sus padres hasta los 7 años, cuando tuvo que mudarse a casa de sus abuelos "por el tema de la escuela, porque era muy lejos y en la escuela teníamos que salir a las 12 para llegara a Cambacuá. Mi mamá pensó que lo mejor para mi era irme con mis abuelos, porque en ese tiempo tenía una tía casi de la edad mía e íbamos juntas a la escuela".

En esos primeros años había pasado ya por un hecho traumático, un trueque por su vida que no se concretó entre su padre y otra persona.

Luego vendrían los abusos a mano de su abuelo. "Era muy chiquitita, tenía siete años y le comentaba a mi abuela, pero ella nunca me creyó... Hasta incluso un día me pegó porque era una mentirosa, que inventaba cosas, que mi abuelo no haría estas cosas".

"A partir de ahí seguí estando con ellos un año. Después le comenté a mi tía lo que me había sucedido y me entendió. Le escribió una carta a mi mamá y la mandó. Mi tía había pasado por lo mismo que yo", recuerda. Y agrega: "Me fue buscar mi papá a la casa de mi abuelo y seguí con mi mamá".

Tenía ocho años y así dejaría de estudiar para trabajar en "las chacras con mi papá y mi mamá", donde "carpíamos algodón y cosechábamos".

A los 15 años se decidió a independizarse, pero sólo para poder ayudar económicamente a sus padres. Con la aprobación de su mamá viajó a Asunción: "Cuidaba a un abuelito inválido y dos chiquitos. Me levantaba a las cuatro de la mañana para poder hacer todas las cosas. Pero vivía como esclava, en ese tiempo me pagaban 150 pesos guaraníes".

A los 17 años "decidí escaparme... me escapé. No sé cómo hice para llegar a la casa de mi tía mí que vive en Capiatá a iniciar una nueva vida. No quería regresar a San Juan porque no había progreso. En la casa de mi tía ellos me recogieron y ahí empecé a trabajar, me buscaron otro trabajo en Asunción y yo siempre le seguía mandando algo a mi mamá para que no le faltara nada".

Y llegaría su primer hijo: "A los 18 o 19 años me quedé embarazada, ese fue otro golpe. Yo quería conocer lo que significaba el amor (...) Cuando una se crió en un mundo aparte es como que es tonta, inocente, yo me quedé embarazada y no le contaba a nadie. Por ahí mi tía se dio cuenta que yo estaba embarazada y me dijo la tenés que contar a tu mamá".

Pero no se animaba a hacerlo. Así que sólo le contó a su hermano mayor: "Regresé a San Juan estando embarazada de cuatro meses, pero no le conté a mi mamá lo que me había sucedido porque tenía miedo de mi papá".

Sin embargo sus padres advertirían lo que ocurría y al confrontarla conocieron la verdad: "Les cayó mal, como si le derramaba un balde con agua fría. No lo aceptan. Pero no tenía otra opción".

A los seis meses de embarazo los dueños de la casa donde Luz trabajaba se enteraron también: "Estaban felices. Después me pidieron que les regalara el bebé "¿por qué no me lo regalás al bebé?, vos tenés 19 años, sos muy joven, ¿qué vas a hacer con un bebé?'. Pensé dos veces y entre mí dije 'está bien, se lo regalo'. Después pensé otra vez y dije 'no, no puedo hacer esto, voy a trabajar, lo voy a mantener'. Porque cuántas mujeres hay que salen adelante con un hijo. (...) Ellos me ayudaron muchísimo. Más allá de todo lo que hemos pasado con mi papá y mi mamá, yo volví junto a ellos para tener el bebé y ahí fue que nació, cuando tuvo los 11 meses le dije a mi mamá quiero ir a trabajar para poder mantenerlo, para hacerle un futuro a él. Quería comprarle ropita quería comprar un juguetito".

En ese momento "decidí volver a Asunción y trabajé en una casa de familia con una odontóloga, estuve hasta los 21 ó 22 (...) Estuve con ellos casi dos años", cuenta Luz, sobre su último trabajo en Paraguay, previo al viaje en que la hicieron venir engañada a nuestro país.