22.11 | Columnistas 

Ella 13; él, 16: un intento de femicidio como pintura de la condición humana

Una historia que obliga a debatir y a modificar seriamente construcciones sociales que siguen ubicando a la mujer en la categoría de objeto.

Claudia Rafael
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A los 13 la vida planta infinitas disyuntivas. Se está en el punto exacto en el que se es niña aún y se empieza, a la vez, a asomar al universo de mujer. A los 13, una nena está internada como ella en la Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica del Hospital Zonal Materno Infantil "Argentina Diego", sobreviviente de varias puñaladas que le perforaron los dos pulmones y se pregunta -horrorizada, ante las noticias televisivas- si realmente la quisieron asesinar. A los 16 la vida planta también infinitas disyuntivas. Se puede amar libre y amorosamente como se ama en la adolescencia, con la convicción de que será para siempre y se puede también creer que se ama cuando, en verdad, se toma como objeto inanimado, propio, personalísimo, a la otra persona que, en este caso, tiene apenas 13. Se puede negar el abandono y estar convencido de que nadie tiene ni tendrá jamás el derecho de abandonarnos y creer que las otras personas están en el mundo para ser colonizadas, con la imposición de la muerte, cuando simplemente dijeron no, dijeron basta. Mientras ahora, se consume sabiendo que el futuro depende totalmente de otros dentro de una celda del Instituto de menores de máxima seguridad Leopoldo Lugones. Y que la espada de Damocles penderá sobre su cabeza por al menos 180 días, como se definió en el otorgamiento de prisión preventiva el viernes pasado por intento de femicidio, ocurrido el martes poco después de las 19 en San Martín entre Leyría y Castellar, de la ciudad de Azul. Y esa espada penderá con mayor fuerza aún a la hora del juicio en el que la pena -por tratarse de una tentativa de homicidio calificado por femicidio- oscilaría, al ser menor de 18, entre los 5 y los 10 años. Es decir, que saldría en libertad recién a los 21 -con la pena mínima- o a los 26, si le otorgaran la máxima. Y cabe preguntarse cómo se sale a los 26 de ámbitos concentracionarios, en gran medida hacinados, olvidados de la vida misma, insertos en otras pujas de poder en las que probablemente sea muchas veces, él mismo, victimizado.

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